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La historia "La razón de mi existencia" está siendo modificada. Estoy corriguiendo faltas ortográficas y argumento. Hay 19 capítulos corregidos. Disculpen las molestias :)

domingo, 24 de enero de 2016

Capítulo 14.



Capítulo 14


—Quiero hacerte una pregunta —dijo Edward.
—Dime.
—¿Qué harías si te dijera que estoy más cerca de ti de lo que crees?
—¡¿Qué?!
—Date la vuelta, por favor.
Bella se enderezó en un segundo, y giró con lentitud, no sabiendo si él le estaba tomando el pelo. El móvil que ocupaba sus manos cayó al suelo con un fuerte crujido y sus ojos se abrieron como platos al encontrarse de frente con la preciosa sonrisa de Edward a tan solo unos pocos metros de distancia.

—No me puedo creer que estés aquí —Bella se aferró a Edward por más tiempo en un apretado abrazo que se hizo infinito.
—¿Ha valido la pena?
—Eres un tonto, tenías que haberme avisado.
—Pagaría lo que sea por volver a ver tu cara iluminarse ante la sorpresa.
—Te extrañé —le susurró Bella a pocos centímetros de su boca. Edward acortó la distancia y se envolvieron en un beso que los condujo a un vórtice de desesperación y anhelo.
—Nunca podré tener suficiente de ti.
—¿Cuánto llevas planeando esto?
—Estuve dándole un par de vueltas desde mediados de febrero. Quería verte y sabía que las vacaciones de pascua serían mi única oportunidad.
—¿Pero no tienes que estudiar?
—Terminé con mis exámenes finales y no tengo nada pendiente por el momento, puedo tomarme unos días.
Bella se abalanzó hacia él, presa de la emoción. Edward la sujetó con fuerza.

—Será mejor que regresemos ya, se hace tarde y pronto empezará a oscurecer.
—He venido en coche. Está aquí cerca.
Sujetó su mano y la condujo por entre los árboles.
—¿Cómo han ido tus notas?
—Increíblemente bien —Bella apretó su mano con fuerza, presa de la emoción—. Todas las horas que pasé pegada a los libros han merecido la pena.
—Estoy muy orgulloso de ti.
—Tuve un poco de problema con psicolingüística. Es un temario muy extenso, con muchísimas hipótesis. Fue un verdadero dolor de cabeza aprenderlo todo.
—Pero tú eres una chica muy lista.
Edward sonrió y Bella se sonrojó.
—¿Has decidido ya que especialidad harás?
—Me gusta mucho psicología infantil, pero también la clínica o neurológica. Aun no lo tengo del todo claro.
—Sabrás decidirte cuando te gradúes.
—Aún me quedan dos años, tengo tiempo —él asintió—. ¿Qué hay de ti?
—Está siendo complicado, pero los números son lo mío. Física y matemáticas son más sencillas si aprendes a quererlas.

Bella se estremeció.
—Prefiero las letras. Tantos números juntos me dan alergia.
—No será para tanto.
—Tuve un serio problema con las matemáticas en el último curso de preparatoria. Estuve al nada de suspender todo el curso.
—¿Y cómo lo sacaste?
—Haciendo miles de ejercicios de lo mismo y lo mismo —Bella rodó los ojos. —Al menos ahora sólo las veo para análisis de datos y son mucho más sencillas.
—Bueno, ¿qué te parece si dejamos de lado los estudios durante las vacaciones y nos dedicamos más a nosotros?
Bella temió que él volviera a la carga y le preguntase si ya tenía una respuesta. Cosa que era negativa.

—¿Qué me dices de esta noche?
—¿Sobre qué?
—Tú, yo y un bonito restaurante.
—¿Una cita?
—Una cita muy romántica.
—Por supuesto que sí —Bella se emocionó.
Edward la cargó por la cintura y giró con ella mientras la elevaba del suelo.
Estuvieron girando, riendo y besándose por mucho tiempo. Ajenos por completo a lo que los rodeaba.

—Ya estoy en casa.
—Hola cariño, ¿dónde has estado? —La madre de Bella le dio un beso en la mejilla.
—Por el bosque, he salido a correr.
—Hemos pensando que podríamos salir todos a cenar en familia —se le cayó el alma a los pies. —¿Qué te parece?
—Esta noche no podré.
—¿Qué tienes qué hacer? —su madre frunció el ceño.
—Yo… emm… bueno —Bella titubeó en si contarle o no la verdad—. Solamente estoy cansada —se acobardó en el último segundo.
—¿Cansada?, ¿no puedes hacer una excepción? Hace mucho que no salimos todos juntos. Venga cariño.
—¿Qué os parece si lo dejamos para el sábado?
—Aún quedan tres días.
—El sábado es mejor. Saldremos a cenar y luego podemos ir a ver una película. Hay buena cartelera ahora mismo.
—Está bien, cómo quieras. El sábado entonces.
—El sábado sin falta.

Su madre se dirigió hacia la cocina y Bella corrió escaleras arriba, con la culpa cargada a la espalda. Aun así el remordimiento no era lo suficientemente grande como para cancelar su cena con Edward. Lo único que ahora necesitaba era una excusa para poder salir de casa.
Después de ducharse se tiró en la cama para meditar su plan. Su madre no la dejaría salir por nada del mundo. Si se había negado a salir con ellos estaba más que seguro que se opondría a que se fuera a la calle. Sólo le quedaban dos opciones. Cancelarlo —cosa que no pensaba hacer—, o escaparse.
Meditó sus argumentos y no llegó a ninguna conclusión. Nunca fue la típica adolescente rebelde que se escapa de casa por la ventana. Demasiado solitaria para ello. Salía cuando quería porque sus padres confiaban en ella y no le negaban nada. De todas formas nunca salía más tarde de la hora de cenar a menos que tuviera que hacer deberes en casa de Ángela y se quedaran hasta tarde con algún proyecto.

—Hola preciosa, ¿qué sucede? —Edward respondió al primer toque, como si tuviera el móvil en la mano todo el tiempo esperando su llamada.
—Creo que tendremos que cancelar nuestra cena de hoy.
—Oh no, ¿por qué?
—Mi madre quería que saliéramos hoy todos a cenar y yo le he dicho que no podía. Lo hemos pospuesto para el sábado, pero no me dejará salir.
—Puedes inventar alguna excusa.
—¿Cómo cuál?
—Ir a visitar a alguna amiga o algo así.
—Mi única amiga es Ángela y ella ahora vive en California.
Edward se negaba a cancelarlo, quería verla y estar con ella todo el tiempo que fuese posible.
—Tengo una idea.
—¿Cuál?
—Tendrá que ser un poco más tarde. Asómate a tu ventana a las diez. Yo me encargo del resto.
Edward colgó la llamada y Bella se temió lo peor.

Se decidió por un bonito vestido de lana fina que la protegería del fresco de la noche pero que no le daría mucho calor además de que el cuello vuelto la aportaría calidez. Colocó un cinturón ancho de color marrón alrededor de su cintura y un par de botas altas del mismo color más arriba de las rodillas para tapar sus piernas, ya que el vestido le llegaba hasta la mitad del muslo.
Insinuaba pero no enseñaba. Iba formal y sexy al mismo tiempo. No demasiado arreglada, lo suficiente para llamar su atención y sentirse cómoda.
Se maquilló tenuemente, un poco de sombra de ojos color tierra, delineador negro en la línea de agua, tenue rubor y gloss en los labios. Perfecta.
A las diez menos diez se colocó su abrigo negro y su bufanda de punto. 
Antes de comenzar a arreglarse le había dicho a su madre que se sentía mal y que se acostaría temprano. Sólo esperaba que su madre no subiese a su habitación. Colocó el cerrojo por si acaso.

Justo a las diez se asomó por la ventana de su habitación, la cual dio las gracias porque se encontraba en la parte trasera de la casa. Edward estaba atravesando el jardín y alzó la mano en cuanto la vio.
—¿Qué vas a hacer? —le preguntó con voz moderada.
—Ayudarte a bajar.
—¿Qué?
—Vamos no está tan alto.
—Estás loco, no pienso bajar por aquí.
—Sólo tienes que apoyarte en el alfeizar de la ventana y bajar por las ramas del árbol.
—Me caeré —a pesar de todo Bella sintió la adrenalina del momento.
—Claro que no. Yo te atraparé. Vamos.
—Oh Dios, no puedo creer que esté haciendo esto.
Atravesó la ventana y colocó con cuidado los pies en el alfeizar. Cerró la ventaba con cuidado y se balanceó levemente hasta que atrapó la rama más cercana.

—Vamos, pon el pie en la que está debajo.
—Oh Jesús…
—Así muy bien. Agárrate a la que tienes a la izquierda.
—Me estoy arrepintiendo de llevar vestido.
—Umm, eso sería una vista interesante.
—¡Ed! —le chilló cuando se colocó justo debajo de ella.
—Sólo bromeaba —se rio con malicia—. Vamos, ya casi está.
Edward estiró los brazos todo lo alto que era y la agarró por la cintura. La jaló hacia su cuerpo y la atrapó en el aire. Acalló su grito con su propia boca.
—Dios mío, toca mi corazón va a salirse de mi pecho.
—Lo has logrado.
Se quedó colgada de su cuello mientras lo besaba por mucho tiempo.

—Es la primera vez que hago esto.
—Soy una mala influencia para ti.
—Muy, muy mala.
Siguieron pegados el uno al otro como si fueran uno solo.
—¿A dónde iremos?
—He tenido que cambiar un poco los planes debido al horario…
—Lo siento.
—No importa, esto lo hará mucho más divertido.
—Desde luego que sí.
—Ven, demos un paseo y dejemos que Forks nos sorprenda.
—Le estás pidiendo mucho —Bella se rio.
—Nunca se sabe lo que se puede encontrar de noche.
—Es cierto.
Cogidos de la mano empezaron a recorrer las calles oscuras —y desiertas— de Forks.

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—Me hubiese gustado que esto fuese más romántico.
—No hace falta que sea un restaurante lujoso para que sea romántico. Para mí es perfecto.
Bella estornudó quitándole total credibilidad a sus palabras.
—¿Tienes frío?
—Un poquito. Este vestido no hace mucho por mí esta noche.
Bella señaló sus piernas, las cuales estaban apoyadas sobre el frío banco de madera sobre el que estaban sentados sin ninguna barrera más allá que las finas medias pantys que usaba.
—Hubiéramos estado más cómodos en un restaurante.
—No hay ninguno abierto ahora.
Ambos habían estado tan embotados en el otro que no cayeron en cuenta que a esas horas todos los restaurantes ya estarían cerrados. Tuvieron que conformarse con cenar un perrito caliente —o pizza en el caso de Edward— de un pequeño kiosco de comida rápida que abría toda la noche.

—Tenemos que volver a repetir esta salida pero en condiciones normales.
—A mí esta me gusta. Es diferente.
Bella sonrió pero no pudo evitar que sus dientes castañeasen.
Se llevaría un buen resfriado de recuerdo.
Edward apoyó las palmas de sus manos en la cima de sus muslos y dio rápidas fricciones para intentar trasmitirle algo de calor. Cosa que consiguió pero no en el sentido que él esperaba.
—Al menos la comida ha sido buena.
—Para ser un kiosco nocturno sí.
—He pensado que mañana podríamos ir de nuevo al bosque.
—Me parece genial, pero tendrá que ser por la tarde.
—Bien, por mí no hay problema. ¿A las cuatro?
Bella sólo pudo asentir demasiado absorta en los movimientos de Edward. Cometería una locura si él no dejaba de hacer eso.

Sabía que no podían ir más allá de los simples besos. Tanto su casa como la de él estaban ocupadas por sus padres y no tenían otro lugar al que ir donde estuvieran más resguardados del incesante frío.
—Hay un cine en Port Angeles que tienen sesiones hasta tarde, ¿te apetece ir?
Edward apretujó uno de sus muslos y Bella perdió la razón por completo.
—Por mí estupendo.
Antes de que pudiera moverse se abalanzó hacia él, buscando su boca con desesperación. Lo besó con toda la urgencia que sentía.
—Podríamos ir al cine… aunque yo tengo otros planes en mente.
Edward la miró como si le faltara un ojo y ella casi se arrepintió de dejarse llevar de esa manera. Casi, porque el deseo le nubló la razón.
—Bella espera… —la separó ligeramente de su cuerpo—, no tenemos a donde ir.
—Los coches se inventaron para algo más que conducir —lo miró con ojitos de cachorrito y pudo ver el momento exacto en el que su autocontrol se hizo pedazos. Cosa que no le llevó mucho esfuerzo.
—Oh Jesús… He ganado la lotería contigo.

Jaló su mano y la condujo hacia su casa donde tenía aparcado su Volvo. Montaron con presura intentando hacer el mínimo ruido posible para no despertar a los padres de Edward.
—Conozco un sitio. Yo te guiaré.
—¿Tengo que alarmarme por eso?
—No bobo, pero conozco muy bien este pueblo.
Bella lo direccionó hacia una pequeña entrada que había cerca del bosque, en la zona norte. Ahí podrían aparcar tranquilamente y no ser vistos por nadie.
Llegaron quince minutos después con la adrenalina empezando a desarrollarse en sus cuerpos. 
Ella se abalanzó hacia él nada más quitó la llave de la ignición. Edward logró echar el asiento hacia atrás para que Bella se colocase en su regazo. Pronto la ropa voló por los aires, la temperatura aumentó al igual que las respiraciones, las cuales empañaron los cristales, y los jadeos de placer resonaron en todo el interior del vehículo.
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—Debería regresar ya a casa.
—Quédate un poquito más.
Edward mordisqueó su cuello y la apretujó contra sí. Estaba completamente saciado de ella pero tenía la sensación de que no podría cansarse de su presencia nunca. Eso era el amor. No había duda.
Bella se sentía tan bien que no le importó estar completamente desnuda frente a Edward. Se sentía cómoda a su lado, en confianza. El deseo tenía sus neuronas flotando en una nube de placer que le impedía pensar con coherencia.
—Esto ha sido lo más loco que he hecho nunca.
—Y yo. No he podido dejar de pensar que en cualquier momento vendría un agente a golpear nuestro cristal.
—¿Primera vez en un auto?
—Primera vez.
—Me siento tan halagada. —Bella abanicó su rostro con exageración, provocándolo.

—No se ría de mí señorita Swan.
—Déjame divertirme un poquito. Ahora estamos a mano.
—Está bien. Disfruta de tu momento de gloria.
Bella elevó los brazos y emitió un gritito de victoria.
—Te voy ganando por una de todas maneras —Edward la miró con arrogancia.
—¿Ha terminado mi tiempo de gloria?
—Te concedo cinco minutos más.
—Celebraré contigo —dijo Bella juguetona cuando lo sintió alegrarse nuevamente bajo sus piernas.
—Ni siquiera puedo controlar mi propio cuerpo.
—Ese pequeñín de allí abajo me ama.
—¿Cómo que pequeñín? —Bella se rio a carcajada abierta.
—¿Te he ofendido? —batió sus pestañas con exageración.
—Pagarás muy caro esas palabras.

La ayudó a impulsarse hacia el asiento trasero, dispuesto a enseñarle quien mandaba. Lo que Edward no sabía, o no quería admitir, era que pendía de la mano de Bella.
Ella no se daba tanta cuenta como él, pero lo tenía completamente dominado. Edward nunca se había enamorado con totalidad pero amar a Isabella Swan era un regalo que no tenía precio.
Ella lo ayudó a centrarse y a mejorar incluso cuando la misma Isabella no se daba cuenta. Sus actos bondadosos le hacían querer ser siempre una mejor persona con ella para poder redimir todos los errores que cargaba en la espalda.
Él era el único que se sentía halagado.
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—¿Subir será más fácil que bajar? —preguntó Bella en susurros mirando el árbol frente a su ventana.
—Claro que sí. Ya sabes dónde tienes que apoyarte.
—Espero no romperme un hueso.
—Amo tu optimismo.
Bella le dio un empujón juguetón.
—Ven aquí —Edward la atrajo hacia sí por la cintura y Bella no dudó en corresponder a su beso.
—Te veo mañana en el bosque —él asintió.
Continuaron pegados el uno al otro por diez minutos.
—Envíame un mensaje cuando llegues a casa.
Edward asintió y Bella se dirigió hacia el árbol. No le dio tiempo a colocar el pie en la primera rama cuando él la jaló hacia atrás y con la cara enterrada en su cuello le susurro que la quería. Fue algo tan romántico que a Bella se le cortó la respiración.

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Su móvil vibró sobre la mesilla de noche cuando ella estaba metiéndose debajo de las cobijas.
<<Cuando te he visto asomada a la ventana lo único que quería gritar es “Te quiero”. No tengo palabras para agradecerte por todas las oportunidades que me has dado. Dulces sueños.
Atte: Un idiota enamorado>>.
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—Hola cosita —Bella rodó los ojos.
—¿Otra vez con eso?
—¿Estás de mal humor?
—Para nada —emitió un liguero gritito de felicidad—. Estoy muy feliz.
—¿Has encontrado por fin a tu chico ideal en Forks?
—Edward está aquí.
—No dijiste que tenía que estudiar.
—Sí, pero vino de sorpresa. ¿No es romántico? Tuvimos una cita espectacular anoche.
—Ahora comprendo tu entusiasmo. El primo Eddy ya cumplió sus deberes.
—Ni siquiera tus comentarios lograrán sacarme de quicio hoy.
—Él ha tenido que hacértelo muy bien.
—¡Félix! —él se rio por lo bajo.

—Bueno, ¿no me vas a contar tu maravillosa cita?
Bella le contó cada detalle y cómo se sintió en cada momento. Contar con la amistad de Félix era lo mejor que tenía. Era un poco extraño dadas las circunstancias que lo envolvían con Edward y con Marie, pero adoraba a su amigo y no le importaba lo que hizo en el pasado. Él y Ángela era su apoyo más grande y en quienes confiaba sin dudarlo.
Hablar con él le dejaba una sensación de frescor en el alma que no lograba con nadie. La apoyaba —aunque muchas veces le recriminaba por perdonar las estupideces de Edward—, pero comprendía por qué lo hacía y le daba ideas. Ella sabía que si su romance con Edward no funcionaba o él volvía a cometer alguna falta imperdonable contaría con su hombro para llorar.

—¿Cómo está Melanie?
—Mejor que nunca. Esta casa rural es un paraíso. Tiene hasta un jacuzzi con agua termal. Deberías venir.
—Puede que vaya. Suena bien.
Félix se dedicó a contarle todo lo que habían hecho y conocido en esos días de escapada romántica. Bella se emocionó tanto por él que hasta pensó que acabaría llorando.
—Hija, baja a comer.
La voz de su madre sonó fuerte desde la primera planta.
—Enseguida bajo —contestó tapando el auricular—. Tengo que colgar. Hablamos después.
—Vale y no olvides mi consejo. Si Edward hace alguna de las suyas dale una patada en sus amigos de mi parte.
—Lo haré sin dudarlo.
—Esa es mi chica.

La comida con sus padres fue amena. Incluso Marie participó en la conversación. Ambos les dijeron que no volverían a viajar en unos cuantos meses y que la fábrica de productos de limpieza que dirigían iba viento en popa. Todos los eslóganes que distribuyeron por los diferentes estados de América habían tenido una buena acogida en colegios, restaurantes y hoteles. No tenían que preocuparse por hacer llegar su producto a diferentes lugares en un tiempo.
—Saldré al bosque esta tarde.
—Ten cuidado hija —le dijo su padre—, el bosque es más peligroso de lo que parece. Hay lobos y osos que no son nada sociables.
—No me adentraré tanto. Sólo daré un paseo.
—Está bien. Tú madre y yo iremos al supermercado hoy.
—Yo tengo que estudiar —dijo Marie y tanto sus padres como Bella parecieron asombrados, aunque no se lo hicieron saber.

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Bella tenía una sensación rara en el cuerpo durante toda la tarde. Ni siquiera encontrarse con Edward y disfrutar del bosque la calmó.
Se sentía algo decaída, como si de un momento a otro todo fuera a venirse abajo.
No pudo ocultar su intranquilidad y en varias ocasiones Edward le preguntó qué le sucedía, pero ella no tenía una respuesta clara. Simplemente pasaba.

Caminaron tomados de la mano por entre los árboles por unos veinte minutos hasta que llegaron a la orilla del río Calawah. Se sentaron en el tronco de un árbol caído y hablaron por un largo tiempo.
Empezaron a conocerse mejor. A conocer más sobre los gustos del otro. Las aficiones. Lo que odiaban. Anécdotas de la infancia. Ambos estaban fascinados por cada palabra que salía de la boca del otro.
Bella se sintió mucho mejor cuando percibió que ya no los envolvía un tenso silencio o que no tenían temas de conversación. Por el contrario, parecía que les faltarían horas en el día.
Edward se sintió mejor al ver feliz y relajada a Bella. No dijo nada que pudiese estropear el momento y ninguna idea absurda le rondaba por la cabeza.
Todo parecía ir a la perfección.

—Te acercaré a tu casa. Tengo que comprar unas cosas en la ferretería y me pilla más cerca por tu calle.
—Bien, no hay problema.
Edward aparcó frente a su casa, la cual parecía estar vacía, y se despidió de ella por mucho tiempo, negándose a dejarla marchar. Acordaron encontrarse el fin de semana para poder ir a Port Angeles. Esta vez de verdad.
La sensación de malestar regreso, trasmitiéndole un escalofrío mientras se acercaba a la puerta de casa. Esta se abrió antes de que ella pudiera meter la llave en la cerradura.
—Pasa Isabella. Tenemos que hablar.
La voz de su padre fue de todo menos amable.
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—¿Qué está pasando Charlie?
La madre de Bella apareció en la sala y se sorprendió al ver a su marido tan enfadado y a Bella encogida en el sofá.
—Díselo Isabella.
Bella se encogió mucho más en el sofá cuando su padre volvió a levantar la voz.
—¿Qué ha pasado hija?
—Na-nada…
—No le mientas a tu madre.
Bella se mordió el labio inferior para evitar llorar. Cosa que empeoraría mucho más la situación.
—¿Va a explicarme alguno de los dos qué está pasando?
—Nuestra hija tiene novio —su madre casi sintió alivio.
—Eso no es tan grave. Tiene edad suficiente para tenerlo.
—El problema no es ese, el problema está en quién es.
Reneé miró interrogante a Bella.

—Papá por favor…
—Aun no puedo creerlo. ¿En qué estabas pensando Isabella?
—Charlie por favor, explícame todo esto.
—El novio de Isabella es Edward —Reneé se llevó una mano a la boca mostrando sorpresa.
—¿El Edward con el que salía Marie?
—Ese mismo Edward.
—Pero… Bella… ¿es cierto eso?
—No es mi novio mamá —al menos no estaba mintiendo.
—No me pareció ver eso —dijo Charlie aún muy enfadado—. Me he asomado por la ventana y la he visto con él, en su coche. Han tenido el descaro de venir hasta casa.
—Papá por favor, déjame explicarlo.
—Por supuesto que lo harás, pero quiero que tu hermana esté presente.
—Ella la yo sabe —contestó Bella con rebeldía. Palabras que enfurecieron más a su padre.

—¿A qué estáis jugando las dos? —preguntó Reneé.
—A nada mamá. No es un juego.
—Ve a llamar a tu hermana. Bajad las dos ahora mismo.
La voz de Charlie no admitía réplica alguna. Bella se fue con el corazón en un puño.
—¿Quién? —preguntó Marie al otro lado de la puerta cuando Bella golpeó con los nudillos.
—Marie soy Bella. Papá y mamá quieren hablar con nosotras en la sala.
—¿Qué ha pasado? —preguntó en cuanto abrió.
—Me han visto con Edward.
Las dos hermanas habían estado tan inmiscuidas en sus propios problemas que no habían caído en esa posibilidad. En qué pensarían sus padres al respecto.
—Sentaros ahí niñas —su madre señaló el sofá que tenían frente a ellos.
—¿Quién de las dos quiere explicarse primero?
Ambas se miraron con temor.

—Empezaré yo —dijo Marie. Su padre asintió solemnemente.
—Papá han pasado cosas mientras vosotros no estabais aquí.
—Puedo verlo —Reneé acarició su rodilla para que se tranquilizase.
—Ambos sabéis que tenía un noviazgo con Edward que empezó hace dos años. Pero cortamos hace unos meses. Ya no sentimos nada el uno por el otro.
—Ese no es motivo para que tu hermana esté ahora con él.
—Bella ha estado enamorada de él por mucho tiempo, más incluso que el que yo llevo con él.
—¿Y por qué estaba de novio contigo?
Ambas hermanas se miraron sin saber si decirles la verdad completa. Sabían que no podían contarles todo. Sus padres no lo entenderían. Contarles todo lo que había pasado sería entrar en detalles muy íntimos que tanto Isabella como Marie estaban intentando olvidar y superar. Ellos no podían conocer todo o perderían total credibilidad ante sus ojos.

—Cuando Edward me conoció —continuó Marie— me confundió con Bella. Él la había visto en el instituto el día anterior y pensó que yo era ella. Al principio yo no sabía nada de eso y tampoco que Bella estuviese enamorada de él desde antes. Me gustó, comenzamos a salir y lo demás es historia. Edward ni siquiera sabía que Bella y yo éramos gemelas. Nunca nos había visto juntas.
—¿Y tú de qué lo conocías? —le preguntó Charlie a Bella.
—Del instituto —susurró—, pero nunca tuve un acercamiento con él.
—¿Y dices que estabas enamorada?
—Sí… Me gustó desde la primera vez que lo vi. Pero ya sabes como soy papá, demasiado tímida como para acercarme a él. Cuando supe que estaba saliendo con Marie decidí olvidarlo todo.
—Edward tuvo una confusión con Bella cuando vino a verme a casa. Ellos bueno… se besaron y eso —Bella y Charlie abrieron los ojos como platos.
—¿Qué significa “y eso”? —Charlie atravesó a su hija con la mirada.
—Nada papá —corrigió Marie—. Sólo se besaron y yo los vi al llegar a casa.
Por un segundo Bella pensó que Marie la vendería.

—Edward y yo nos dimos cuenta de que nuestra relación no iba a ningún sitio y decidimos terminarla. Además yo hace unos meses conocí a otro chico que me gustaba mucho más. Lo mío con Edward no iba a ningún sitio.
Marie pensó que con eso sus padres se quedarían más que satisfechos. No pensaba hablarles de Félix.
—¿Y cómo llegó Edward a involucrarse contigo?
—Él bueno… cuando supo que éramos dos personas se interesó en conocerme…
—¿Y ya está?, ¿así de simple?
—Papá… yo lo quiero.
—¿Y qué me dices de esos dos años Isabella?, ¿dónde quedó tu moral?
Charlie se levantó del sofá aún más enfadado que antes.
—Sé que es un poco escabroso pero…
—Hay miles de chicos es Forks cariño… Edward no es la mejor opción —le dijo su madre intentando apaciguar las cosas.
Bella negó con la cabeza.

—Pero yo… estamos enamorados.
—¿Él te ha dicho eso?, ¿te ha dicho que te ama? —Bella asintió—. No puedo creer que sea tan sinvergüenza.
—Papá él no…
—Me da igual lo que te haya dicho Isabella. No puedes estar con el mismo chico con el que ha estado tu hermana. Espero que no hayáis llegado demasiado lejos.
Bella se sonrojó y Charlie también, pero de furia.
—No me lo puedo creer Isabella, ¿qué pasa contigo?
—Esa es una decisión únicamente mía —protestó.
—Con el mismo hombre que ha estado tu hermana —Charlie prácticamente escupió las palabras.
—Charlie ya está bien. Es verdad que esa decisión sólo le corresponde a Bella.
—No hay decisiones que valgan. Las hemos educado mejor como para que estén jugando a compartir novio.

Bella ya no pudo contener más las lágrimas.
—Mamá por favor…
—Habéis actuado mal hijas. Vuestro padre tiene razón. Esto es muy inmoral.
—Pero yo lo quiero…
—Conocerás a alguien más cariño. Edward no es el indicado.
—Ni siquiera le conocéis.
—Pero le vamos a conocer y tendremos una charla muy seria con él y con sus padres.
—¡No podéis hacer eso! —chilló Bella levantándose. Era un desastre lloroso.
—Nosotros somos los padres y nosotros decidimos. Iros a vuestra habitación. Estáis castigas. Espero que os sirva para reflexionar.

Marie se fue sin decir nada más, no sabiendo qué aportar para suavizar más las cosas.
—Dame tu móvil Isabella —Charlie tendió su mano.
—No.
—Isabella el móvil —Bella finalmente cedió mientras continuaba llorando. Todos se interponían en su felicidad.
—Mamá…
—Sube a tu habitación hija. Hablaremos más tarde.
—Creo que queda más que sobreentendido que tienes prohibido volver a ver a Edward —Bella emitió una honda exhalación de sorpresa—. No quiero que hables con él ni en persona ni por teléfono.
—No puedes prohibirme que lo vea —Bella se negaba en rotundo.
—Soy tu padre y puedo hacerlo. No me decepciones más hija o me veré obligado a tomar decisiones más drásticas.
Bella se fue corriendo, presa de un desasosiego tan grande que le oprimía el alma.

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Bella estaba tan furiosa con su padre que decidió no bajar a cenar esa noche. No hubiera podido comer nada de todas maneras. Estaba tan triste que lo único que quería era llorar y compadecerse de sí misma.
Se maldijo por no haber sido más cuidadosa. Justo cuando las cosas iban mejor con Edward tuvieron que ser descubiertos.
No se le había pasado por la cabeza que algo así pudiese suceder. Estaba tan enfrascada en él y en qué hacer con respecto a su romance que no pensó en nada más. Craso error.
No tenía manera alguna de ponerse en contacto con él y avisarle de cómo estaban las cosas en su casa. Hasta le habían quitado el ordenador, como si fuera una adolescente de quince años. Quiso rebelarse pero su padre jugó un papel muy sucio y la amenazó con quitarla de la universidad. Ella no era capaz de renunciar a su sueño en Chicago.
Estaba contra la pared.

Pasaron dos días más y ella hacía todo lo posible por evitar a sus padres. No comía con ellos, permanecía encerrada en su dormitorio y sólo salía para usar el baño. Su madre nunca subió a hablar con ella y supo que estaba del lado de Charlie. Los odio a los dos.
—Bella, hija, vamos a salir a cenar fuera y quiero que vengas con nosotros.
Su madre se sentó a su lado en la cama.
—No tengo hambre mamá, ir vosotros.
—No pongas las cosas más difíciles por favor.
—No las pongo difíciles. Ahora mismo lo último que me apetece es una cena familiar.
—Tu padre ya está lo suficientemente enfadado. Venga, ven a cenar con nosotros.
—No quiero mamá, de verdad.
—Tu madre no te está pidiendo tu opinión. Baja. Salimos en diez minutos.
Tanto Bella como Reneé se sobresaltaron cuando Charlie apareció de la nada, habló en gritos y volvió a desaparecer.
—Venga hija, pon un poco de tu parte —Bella frunció los labios.

—Me ha prohibido ponerme en contacto con la persona que más quiero. No puedo fingir que me apetece estar a su lado.
—¿Tanto te gusta?
—No sólo me gusta mamá. Va mucho más allá de eso.
—Pero fue el novio de tu hermana… —Bella rodó los ojos.
—¿Y qué importa?, ¿quién ha establecido que por ese motivo yo no pueda estar con él?
—No será bien visto Bella. Todos en el pueblo conocen a la familia Cullen y saben que su hijo estuvo con Marie.
—A mí no me importa la opinión del pueblo mamá. Sólo me importa lo que yo siento.
—No puedo darte mi visto bueno Bella, no lo veo bien. Lo mejor será que te centres en los estudios cuando regreses a la universidad. Allí hay muchos chicos. Puedes conocer gente nueva.
—No voy a ir en contra de mis sentimientos.
—Se te pasará. Ya lo verás. Sólo es algo del momento. Vamos baja, te esperamos.

Bella ahogó un grito contra su cojín y después lo lanzó con rabia contra la puerta. Al final decidió bajar porque sabía que dependía de sus padres y no quería que Charlie cumpliera su palabra de cancelar su inscripción en Chicago. Ella sola no sería capaz de pagarse los estudios.
La cena fue como se esperaba. Rodeada de un sepulcral silencio únicamente interrumpido por el sonido de los platos, vasos y cubiertos además de las conversaciones de los otros comensales.
Bella pensó que si su padre arrugaba más el ceño acabaría por hacérsele crónico.
Reneé y Marie hablaban de vez en cuando sobre algún tema banal como el color de los manteles o lo rico que estaba el salmón. Charlie asentía en ocasiones para hacerse presente y Bella se dedicaba a masticar y contar los minutos para que aquello se acabase.

—¿Vas a seguir en ese plan?
—¿Qué plan? —gruñó Bella.
—No te pases de lista conmigo hija. Merezco respeto.
—No cuando me tienes encerrada como una criminal.
—Espero que al menos estos días te hayan servido para rectificar.
—No voy a dejar de amar a Edward papá. Le pese a quien le pese.
—Harás que todo el mundo se entere.
—Me parece alucinante que te importe más la opinión pública que mis sentimientos —Bella quiso llorar.
—Sólo es algo pasajero. No te comportes como una chiquilla.
—Amo a Edward Cullen. Eso no es pasajero. No me importa que se entere todo Forks.
—¡Cállate ya! —gritó Charlie—. Ve olvidándote de él porque no volverás a verlo nunca —golpeó la mesa con sus puños de manera estridente y todo el restaurante pareció quedarse en silencio.
¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬

—Haz lo que te parezca correcto —le susurró Marie a Bella mientras pasaba a su lado por la puerta de la entrada. Sintió que algo se removía a su lado y supo que Marie le había escondido su móvil en el bolsillo de la chaqueta.
Acababan de llegar del restaurante y ambas hermanas se adelantaron. Bella para no volver a cruzarse con su padre y Marie para poder llevar a cabo su plan. No le gustaba ver a Bella en ese estado. Sabía que ya bastante mal lo había pasado como para que ahora su padre le complicara más las cosas. Sólo esperaba que no se diese cuenta de lo que tenían entre manos.
Era decisión de Bella estar o no con Edward. Marie sabía que ambos se querían de verdad y no podía permitir que continuasen siendo infelices.
Bella le dio un rápido beso en la mejilla y subió a su habitación. Le escribió a Edward un mensaje lo más rápido que pudo sin atreverse a llamarlo por si la escuchaban hablar.


DE: Marie Swan.
FECHA: 23-03-2010 8:17 pm.
PARA: Edward Cullen.
ASUNTO: Soy Bella.
Hola Ed, estoy usando el móvil de Marie y no tengo mucho tiempo.
No sé si estás al tanto de la situación pero mi padre nos vio el otro día en la puerta de casa y me ha castigado. No puedo salir ni ponerme en contacto contigo. Me siento desesperada. Charlie no quiere que estemos juntos y me ha prohibido que sigamos viéndonos.
Necesito verte.
Respóndeme por favor.
Besos.
B.S.



DE:
Edward Cullen.
FECHA: 23-03-2010 8:25 pm.
PARA: Marie Swan.
ASUNTO: Acabo de enterarme.
¡Amor, al fin sé algo sobre ti!
Tu ausencia me tenía muy preocupado. He bombardeado tu móvil con mensajes y llamadas. Mi madre me comentó algo de que Charlie Swan se puso en contacto con ella y han quedado en cenar en casa en un par de días. No tenía ni idea de lo que estaba pasando.
Necesito verte

E.C.


DE: Marie Swan.
FECHA: 23-03-2010 8:30 pm.
PARA: Edward Cullen.
ASUNTO: No sé qué podemos hacer.
Te extraño demasiado.
Mi padre me tiene encarcelada en casa, parece que he vuelto a los dieciséis años. No puedo creerme lo estricto que está siendo.
Siento que involucre a tus padres también.
Te quiero

B.S.




DE: Edward Cullen.
FECHA: 23-03-2010 8:41 pm.
PARA: Marie Swan.
ASUNTO: Todo saldrán bien.
Tengo una idea, es muy sencillo.
Esta noche asómate por la ventana a las doce en punto. A esa hora todos estarán durmiendo ya. Estaré esperando en el árbol que hay frente a tu ventana como la vez pasada.
Te quiero.
E.C.


DE: Marie Swan.
FECHA: 23-03-2010 8:43 pm.
PARA: Edward Cullen.
ASUNTO: Ahí estaré.
Estoy contando los minutos.
Besos.
B.S.



Bella guardó el móvil detrás de uno de sus tantos libros después de borrar todos los mensajes. No iba a perder la única arma que tenía para estar en contacto con Edward. Rogó porque Marie no se lo pidiese demasiado pronto.
Continuó encerrada en su habitación y decidió leer hasta que llegara la media noche.
Su madre pasó por su habitación a darle las buenas noches y a insistirle en que no continuase enfada con ellos.
Su padre pasó también, la miró complacido mientras leía por un par de minutos y le dio las buenas noches. Salió de su habitación no sin antes repetirle que todo lo que hacía era por su bien.
Bella sabía que su padre era un hombre estricto con una fuerte moral pero nunca imaginó que fuera tan cerrado de mente. No estaba dándole la mínima oportunidad y ni siquiera quiso pensar en lo que le diría a los padres de Edward.
Se temió lo peor.

Sobre las diez y media decidió darse una ducha para eliminar el estrés que sentía sobre su cuerpo.
Intentó no hacer ruido, pensando en que sus padres ya estarían durmiendo. Tardó más de media hora en el cuarto de baño y casi grita de terror cuando abrió la puerta y se encontró a Charlie frente a ella.
—¿Qué haces aquí papá? —se llevó la palma de la mano al corazón—. Me has dado un susto de muerte.
—Sólo iba al baño. Has tardado mucho.
—Mi pelo necesitaba una mascarilla. No hace efecto si no la dejas actuar por veinte minutos —inventó la primera escusa que se le ocurrió.
—Intenta no hacer mucho ruido, tu madre ya está durmiendo.
—¿Y tú no?
La miró con la ceja levantada.
—No por el momento.
Bella asintió rápidamente y se escabulló a su habitación.

Aún tenía una hora por delante. Después de cambiarse de ropa se puso el pijama por encima. Algo le decía que su padre sospechaba de ella y que esta vez no lograría escaparse con tanta facilidad. Ya sabía ella que le faltaba mucha experiencia en ser una adolescente rebelde.
Sobre las doce menos veinte decidió salir a ojear la casa para asegurarse de que nadie estuviese despierto aún. Bajó las escaleras con cautela y maldijo cuando vio el reflejo de la televisión encendida. Se acercó con mucho sigilo al salón y se encontró a su padre dormido en el sofá, con el mando de la tele entre las manos y un partido de béisbol en la pantalla.
Maldijo por lo bajo y casi salió corriendo cuando su padre se removió.
Hizo tiempo mientras bebía agua en la cocina y se quedó petrificada cuando escuchó pasos. Se agachó con velocidad para esconderse detrás de la encima y rogó para que su padre no entrase a la cocina.

No más de cinco minutos después escuchó sus pasos subir por las escaleras y soltó el aire que no sabía que estaba conteniendo.
Ahora sabía a ciencia cierta que Charlie sospechaba algo.
Subió nuevamente a su habitación y se metió en la cama. Se tapó hasta el cuello y apagó todas las luces. Enseguida escuchó el sonido de su puerta abrirse. Se imaginó a su padre parado en el quicio, mirándola e intentando descubrir si estaba dormida de verdad. Hizo su mejor interpretación y contó los minutos.
Charlie cerró la puerta con sigilo y se fue a su dormitorio, convencido de que su hija dormía y de que se estaba imaginando cosas.
Bella pegó la oreja a la pared que colindaba con la habitación de sus padres y sonrió victoriosa cuando escuchó los ronquidos de Charlie.
Se quitó el pijama rápidamente, repartió perfume por su cuerpo, un toque de brillo de labios en su boca y esperó tras la ventana los escasos tres minutos que faltaban para las doce.



Hello people! :)
Sé que llevaba una eternidad sin actualizar, espero no estén demasiado enfadadas.
Aquí les dejo el nuevo capítulo. Pronto estará el siguiente porque tengo la inspiración cargada al 100% y mis ganas de escribir han regresado con fuerza.
Les estoy muy agradecida por la paciencia y por leerme, sobre todo por la paciencia.
Saludos.
K. Crazy Cullen. 

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