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La historia "La razón de mi existencia" está siendo modificada. Estoy corriguiendo faltas ortográficas y argumento. Hay 19 capítulos corregidos. Disculpen las molestias :)

martes, 6 de marzo de 2012

Capítulo 19: Nunca es tarde para comenzar.


Capítulo 19: Nunca es tarde para comenzar



Pov Bella:


—Bella… —Susurraron cerca de mi espalda. Pegué un pequeño salto, sobresaltada por el tono de voz que yo muy bien conocía. Giré lentamente, como si de una película de terror se tratara, y quedé prendada de su rostro, el cual no demostraba alegría precisamente.
—Edward… —Pronuncié antes de sentir mis ojos aguarse sin razón aparente.

No sabía como sentirme en ese mismo momento. Al verlo ahí, tan cerca de mí, me puse frenéticamente nerviosa. Los sentimientos que sentía me atacaban todos a la vez, asfixiándome. El dolor se mezclaba con el rencor, el amor, la necesidad, la angustia… Mi cabeza y mi corazón eran un hervidero de sentimientos. No sabía cual elegir o cual era el que mejor describía la situación en la que me encontraba.

Su belleza me encandilaba, hacía que los latidos de mi corazón se dispararan y quisieran enloquecer a mi músculo de la vida. Pareciese que mi corazón estaba tan inquieto que de un momento a otro saldría disparado de mi pecho.
No comprendía porque, pero la necesidad de acercarme a él y abrazarlo para fundirme en su calor fue tan grande que tuve que apretar fuertemente mis puños. Lo había extrañado, muchísimo, y solo ahora me daba cuenta de la gran dependencia que mi alma tenía de él.

Noté varios cambios en su aspecto físico, pero, egoístamente, no me quería dar cuenta del martirio que vivía su alma.
Su rostro estaba más opacado, como lúgubre. Una sombra tenebrosa eliminaba la luminosidad de su rostro, de su sonrisa, la cual había desaparecido. Notables ojeras enmarcaban sus preciosos orbes verdes, las cuales no podían ocultar todo lo que sentía, pues a pesar de las circunstancias aún era capaz de leer a través de su mirada, como en el pasado.

No sabía si era mi imaginación o el paso del tiempo pero me pareció ver su ropa más holgada, había adelgazado y ese cambio era perfectamente visible ante mis ojos.
Lo sentí removerse incómodo a unos centímetros de mí y fue ahí cuando reaccioné. Me había quedado totalmente absorta mirándolo de arriba abajo sin disimulo alguno.
Parpadeé varias veces y volví en mí, volví al presente. Centré mi mirada en sus ojos y por unas milésimas de segundo sentí como si me hubiera perdido en ellos. Nuestros ojos hicieron una conexión mágica y por inercia nuestros cuerpos se acercaron, reconociéndose.

—¿Qué… Qué quieres Edward? —Tartamudeé nerviosa.
—Hablar contigo. —Su voz fue firme, para nada dulce.
—No… No tenemos nada de que hablar. —No podía controlar el nerviosismo de mis palabras.
—Tenemos mucho de que hablar. Vas a escucharme quieras o no.
No pude ser lo suficientemente rápida como para moverme ni para predecir sus movimientos. Cuando menos lo esperé estaba prácticamente a mi lado, alejado de mi cuerpo por tan solo unos centímetros y con su mano sujetando firmemente mi muñeca. Me estremecí.

—Ed… Edward… —Susurré con la mirada fija en sus ojos.
—No puedo seguir así Bella, no puedo… —Negó con su cabeza totalmente abatido.
—Yo… Yo…
—Tienes que escucharme, por favor, tienes que escucharme…
—No puedo Edward… Lo siento… —Lo miré con los ojos aguados. Era una completa egoísta, pero no me sentía preparada en estos momentos.
—No… Bella… Por favor… No tiene por qué ser así. —Acarició con su pulgar el dorso de mi mano. Me sentí muy bien con esa simple y pequeña caricia.

—Edward… No podemos seguir así. No sé qué hacer, qué decir o cómo actuar. Estoy desesperada.
—Podemos intentar solucionar esta catástrofe. —Me paralicé ante sus palabras.
—No Edward, no podemos. —Vi la clara decepción y dolor en su rostro. —Yo no sé tú, pero yo no puedo. No me siento capaz de solucionar algo tan grande, tan irreparable. Necesitamos sanar por separado primero… —Luché contra las lágrimas. Quise ocultarlo, pero lo que más deseaba era volver a empezar de nuevo con él desde cero, pero mi egoísmo propio y mi moral me decían que no, que no eran lo correcto.

—¿Es por él cierto? —Sonrió amargamente.
—¿Qué?
—El chico con el que venías, es mi remplazo. —Solté en un fuerte movimiento mi muñeca de su mano.
—¿Quién te crees que eres para decir eso? Ethan no es tu remplazo, es mi amigo. —Sentí la furia recorrer mis venas.
—Así que Ethan… —Dijo con sorna. Este no era el Edward que yo conocía, él no era así.
—Sí Ethan y se merece respeto. —Sentencié.


—No dejaré que nada ni nadie empeore esto Bella. —Su voz fue más calmada.
—No creo que pueda empeorar más. —Le contesté con los dientes apretados, aún sentía la rabia bullir dentro de mí.
—Bella… —Susurró intentado acercarse más a mí.
—No Edward, las cosas no serán como tú quieras. No puedes venir aquí, insultar a una de las personas más importantes para mí ahora e intentar que todo esté bien. No puedes.  —Casi grité lo último.
—¿Por qué demonios te importa tanto él? —Se enfureció. Decidí parar esto, antes de que la ira nos cegara a ambos e hiciéramos cosas de las que después no arrepentiríamos.


—Es mi amigo y lo aprecio. —Intenté serenarme a la vez que buscaba las palabras correctas.
—¿Es solo tú amigo?
—¡Edward! —Cerré los ojos para tranquilizarme. —Déjalo estar, deja que las cosas sucedan como deban de suceder. El destino ya está escrito y nada se puede hacer.
—Te equivocas. —Me interrumpió. —Podemos intentarlo. —Se acercó de nuevo a mí y esta vez no me alejé.
—No he dicho que no podamos pero yo… Yo te-tengo miedo… —Finalmente pude decirlo.
—Amor… —Ambos nos miramos fijamente cuando esa palabra escapó de sus labios de manera involuntaria.
Nuestras miradas se conectaron, haciendo una perfecta mezcla de verde y chocolate. Me perdí en sus ojos, como tantas veces había hecho antes.

—Edward… Por favor… —Mis ojos volvieron a aguarse.
—Bella... Podemos con esto, podemos intentarlo de nuevo, intentar empezar de cero. —Quise decir que sí, que sí que podíamos intentarlo, que era una de las cosas que más deseaba, de hecho, tuve que apretar mis labios para que ese sí no los abandonara pero a pesar de todo algo dentro de mí me decía que no podíamos, que antes teníamos que sanar.
—No me siento preparada… Lo siento. —Quise irme pero su fuerte mano me detuvo.

—Olvidemos todo lo malo que sucedió, todo lo que nos ata a ese pasado doloroso. Empecemos de cero, como si nos acabáramos de conocer.
Una corriente de aire fresco nos envolvió, sacudiendo mis cabellos y provocando un escalofrío por todo mi cuerpo. Metí las manos en los bolsillos de mi chaqueta y fue cuando las sentí que me di cuenta de que ella era la que me ataba a esa negación.

—No podemos olvidarlo, no es tan fácil como parece.
—Lo sé.
—¡No!, tú no sabes nada, ¡nada! —Chillé llenar de ira al recordar a Nathalie.
—Bella… —Su mirada era atónita.
—Pretendes venir aquí y pedirme que olvide todo, como si nunca hubiera sucedido, como si nunca hubiera pasado nada. Eres un cínico.
—Bella cálmate. —Sujetó más fuerte mi muñeca.
—¡Suéltame! —Chillé. Lo hizo. —No sé tú pero yo no pienso olvidarla, no lo haré, ¡jamás! —Frías lágrimas recorrieron mi rostro. Mi respiración era dificultosa.

—Bella de qué hablas. —Preguntó cauteloso.
Sentía mi pecho subir y bajar violentamente, intenté controlarme porque las cosas acabarían demasiado mal.
—Lo sabes perfectamente.
—No sé de…
—No intentes negarlo, lo sé todo, ¡todo! —Mi tono de voz volvió a ser alto.
—Bella yo no…
—De ella, hablo de ella, de Nathalie. —Prácticamente le estampé las fotos que guardaba en mi bolsillo contra su pecho. Lo sentí tensarse.

Algo hizo clic dentro de mi cabeza y me di cuenta de lo que había hecho. Lo había dicho todo fuera de mí, sin ser consciente del grado de maldad al que había llegado.
Mi respiración era acelerada, más de lo que podía soportar, por lo que salían pequeños jadeos de mis labios. Mi corazón latía exageradamente acelerado, retumbando en mis tímpanos. El cuerpo me temblaba entero y finas gotas de sudor recorrían mi nuca. Poco les faltó a mis nervios para por poco estallar.
Elevé la mirada y me encontré con los ojos ausentes de Edward, los cuales estaban fijos en el vacío. Me asusté.

No sabía que hacer y opté por quedarme callada pues nada coherente atravesaba mi mente. Me había dejado llevar por la rabia que se acumuló dentro de mí y el dolor que sentía por la pérdida de Nathalie. Esta era la situación que desde un principio quise evitar, porque ahora, como bien dije, me arrepentía de lo que había dicho. Ya era demasiado tarde.
Vi que sus manos aún continuaban apretando las fotos que había estampando contra su pecho. Su mirada seguía ausente y su respiración se aceleraba a cada momento que pasaba. Quise moverme e intentar hacer que volviera en sí, pero me quedé estática en mi sitio cuando parpadeó rápidamente y me miró con atención, analizando mi rostro.

—¿Cómo es que tú… Cómo es que lo sabes? —Su voz era apenas un leve murmullo.
No sabía como explicárselo exactamente, lo medité por unos largos segundos. Edward interpretó mi silencio como que me negaría a hablar.
—Yo… Yo quise decírtelo, de verdad que lo intenté pero… —Tartamudeó claramente nervioso.
—No lo intentaste lo suficiente. —Dije frívolamente dejándome llevar de nuevo por la ira y el dolor.
—No sabía como hacerlo. —Enfocó su vista en el suelo.
—Tenía derecho de saberlo, no podías ocultarme esa información. —Quise serenarme.
—Lo sé Bella pero no sabía como hacerlo… Con lo de la pérdida de memoria yo… Yo no sabía si sería el mejor momento.

—Debí saberlo antes Edward.
—Pero…
—Es un tema muy importante, debería haberlo sabido de tu parte no por otra persona.
—¿Quién te lo dijo?
—Eso no importa.
—Sí importa, claro que importa.
—No es lo más importante no te das cuenta que esto es demasiado para mí, que me impide poder continuar.
—Bella, yo también lo pasé mal.
—Lo sé, lo sé… —Admití rendida de la situación. Mis lágrimas no tardarían en aparecer, me sentía sola, demasiado sola. Quería a Nathalie a mi lado.

Escuché leves movimientos y pronto sentí los brazos de Edward alrededor de mi cuerpo.
—Bella.
—No soporto esto Edward.
—Sé que es difícil y que duele demasiado pero no podemos hacer nada.
—Yo la quiero a mi lado, junto a mí. —Sollocé fuertemente.
—Y yo Bella y yo. —Me apretó fuertemente contra su pecho y dejé que mis lágrimas se derramaran sobre su camisa.
—Era nuestra nenita Ed, nuestra pequeña… Es tan injusto. —Mis palabras eran entrecortadas por las lágrimas.

—Era demasiado pequeña como para soportar el accidente. —Informó.
—Podría haber sobrevivido ella y yo…
—No Bella no, intenta ser positiva.
—No hay nada positivo en esto.
—Tienes que intentar ver el lado bueno por más mínimo que sea para poder avanzar. —Me apretó más contra su pecho y un calor interno recorrió mi cuerpo.
—No puedo avanzar Edward, no puedo. No la conocí y recuerdo muy poco de ella pero siento que algo me falta, que un pedazo de mí se fue con ella. No Edward… No… —Lloré amargamente contra su pecho.

—Tienes que intentarlo, será difícil, lo sé. Pero tienes que hacerlo por ella. Por Nathalie. No le gustará verte así.
—Yo la quiero junto a mí Ed… —No podía hablar.
—Daría lo que fuera por tenerla a nuestro lado Bella… Pero nada se pudo hacer.
—¿Por qué demonios estás tan tranquilo? —Grité separándome bruscamente de él. El dolor y la furia se mezclaban en mi cuerpo, sentía mis miembros débiles, me sentía agotada. Fui conocedora del momento exacto en el que mis nervios colapsaron haciendo que dijera cosas sin sentido y que me fuera imposible controlarme.

—No estoy tranquilo, simplemente intento seguir adelante.
—No puedo Edward, yo no puedo. Quiero a mí bebé, a nuestro bebé.
Sentí como me volvió a apretar contra su pecho y una sensación reconfortante me envolvió. Sabía que compartíamos el mismo dolor, la pérdida de Nathy no era sencilla para ninguno de los dos, pero por alguna extraña y sobretodo egoísta razón me convencí de que yo, por las malditas lagunas mentales, sufría más ante la situación. Me sentía desesperada, porque intentaba de todo para poder recordarla y no podía, ella no era más que una mancha blanca en mi mente y yo no quería que se quedara así, porque tenía miedo de no recordarla jamás.

—Debería estar a nuestro lado, siendo una hermosa bebé con mejillas sonrosadas y angelical rostro. Debería estar aquí para que podamos sentirnos completos. —Seguí torturándome.
—Bella… Por favor… —Sabía que intentaba detener mis palabras porque me estaba lastimando yo misma, pero no podía detenerme, me sentía incapaz.
—La quiero Edward, la quiero aquí. —Dije exaltada golpeando su pecho con mis débiles puños. Las lágrimas no cesaban de caer, inundando mi rostro a cada tramo que avanzaban.
Me estaba martirizando yo sola y no sabía como detenerme. Solo sentí su agarre intentado detener mis movimientos y como mi cuerpo se debilitaba más a cada momento hasta que ya no sentí nada, absolutamente nada. El dolor había ganado la batalla contra mi cordura, que trataba de traerme al mundo real.



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Desperté con una extraña sensación atravesando mi cuerpo. Me sentí desorientada por unos segundos, parpadeé rápidamente cuando la luz dio contra mis ojos. Me levanté de golpe y sentí un mareo atacar mi cuerpo, volví a caer hacia atrás.
—¿Estás mejor? —No pude evitar gritar por la sorpresa al escuchar su voz.
—¿Edward?
—Sí.
—Ummm… —Susurré sentándome de nuevo. Identifiqué la sala en la que estaba como mi salón, recorrí la estancia con ojos veloces hasta dar con su cuerpo. Estaba sentando enfrente de mí mirándome con preocupación.
Restregué mi rostro para despejar mi mente y estiré levemente mis brazos.

—¿Cómo te sientes?
—Bi-bien…
—Pensaba llevarte al hospital para que…
—¡No! —Le interrumpí, le había cogido un “poco” de fastidio a los hospitales. —Estoy bien, solo me duele un poco la cabeza, nada grave.
Asintió con un imperceptible movimiento y me miró fijamente.
—Edward… Yo… Lo si-siento, por lo de antes… Perdón. —Hablé mirándole con atención.
—No hay nada que perdonar.
—Perdí los estribos y no sabía lo que hacía, solo… Lo de Nathalie… Me supera. —Terminé de hablar vencida, apretando una mano con la otra y mirando hacia el suelo.

—Es una situación complicada.
—Tenemos que hablar de ello… Emm… Civilizadamente. —Me sentía avergonzada por lo de antes, había perdido el control de mi propio cuerpo.
—No es el momento.
—Sí lo es. —Rebatí. —Por favor.
—Está bien. —Dijo resignado. —Solo no quiero que vuelvas a colapsar.
—Emm… ¿Qué me pasó?
—Tuviste un ataque de nervios y un pequeño desmayo por la presión que sentías, no es muy grave pero nunca se sabe. Colapsaste en mis brazos y te traje hasta aquí.

Mordí mi labio. —Pero cómo…
—Aún guardo una copia. —Contestó levemente, con pesadumbre.
—Ahh, está bien. —No supe que decir.
—Puedo deshacerme de ella si lo deseas.
—No, no pasa nada. —Sonreí. —No hay problema.
—De acuerdo…
Se acercó un poco más a mí. Me sentía rara al admirar su belleza a pesar de las circunstancias en las que estábamos. Nunca podría olvidarlo.

—¿Puedes decirme algo sobre Nathalie? —Lo vi removerse incómodo. —¿Qué sucede?
—Nada.
—¿Entonces…?
—No sé mucho.
—¿Ehh…?
—No supe de su existencia hasta el día en que Carlisle me lo dijo, cuando estabas en el hospital y ya no había solución.
—Pero cómo…
—Te lo explicaré. —Se acercó un poco más. —Echando cuentas y haciendo suposiciones imagino que te enteraste del embarazo después de que tú y yo… Bueno de que ya no estáramos juntos.  —Asentí. —Según lo que Carlisle me dijo al igual que Alice y Rosalie no me lo quisiste decir por todo este embrollo y bueno yo no te volví a ver, por lo que me enteré de que estabas embarazada cuando fui al hospital y Carlisle me dijo que no habían podido hacer nada por Nathalie.

Medité bien sus palabras, cada frase que me había dicho y las analicé atentamente.
—¿Y Alice y Rosalie no te han dicho nada?
—Muy poco, solo que no me lo querías decir porque tenías miedo de que te acusara de que el bebé fuera de otro y que el haberte enterado de ese embarazo te devolvió la vida. —Desvió la mirada.
—¿No estábamos juntos por del de video?
—S-sí.
Agaché la mirada sin saber qué más decir.


—Carlisle me ayudó con todo el trámite del entierro. —Habló minutos después del silencio que nos envolvió.
—¿Pero por qué no se pudo hacer nada por ella?
—Estabas tan solo de cinco meses y debido al gran golpe… Perdiste mucha sangre. Cuando llegaste al hospital atendieron primero la herida de tu cabeza, la más grave. Tarde se dieron cuenta de que no solo sangrabas por ahí y aunque intentaron hacer lo posible por el bebé no lo consiguieron…
—¿Cre-crees que si lo hubieran visto antes hubieran podido salvarla? —Tenía un asfixiante nudo en la garganta.

—No lo sé, había pocas posibilidades pero tal vez… La verdad no tengo idea. —Él se veía tan afectado como yo.
—¿Llegaste a verla?
—No, Carlisle no lo quiso. Ahora pienso que es lo mejor, no hubiera podido soportarlo. —Bajó la mirada cuando su voz se quebró.
—Es horrible. —Susurré a la nada.
—Él se encargó prácticamente de todo, dejándome a mí la elección de lo más importante.
—¿Decidiste su nombre?
—Sí, habíamos hablado poco de ello, pero recordaba perfectamente que me dijiste que cuando tuvieras una hija la llamarías Nathalie, a mí me parece hermoso.
—Lo es, aunque no logre recordar eso.

—¿Cómo lo supiste? —Preguntó mirándome atentamente. No sabía que decirle.
—Em… Bueno…
—Dime la verdad por favor, solo te pido eso.
—¿Prometes escuchar todo?
—Sí.
—Fue… Fue Tanya.
—¿Qué? —Gritó poniéndose de pie violentamente.
—Ed-Edward… —Agarré su mano, la cual temblaba. —Lo prometiste.
Me miró bruscamente y no me gustó nada lo que vi en sus ojos. Se habían tornado más negros, su ceño estaba fruncido y su respiración era irregular.

Apreté más fuertemente su mano derecha y me quedé mirando fijamente en sus ojos, su mirada no se apartó de la mía.
Suspiró llevándose los dedos pulgar e índice al puente de su nariz. Cerró los ojos con fuerza. Estaba intentando tranquilizarse.
—Edward. —Lo llamé.
—Tienes que decirme que hizo exactamente Bella, no me ocultes nada. —Se sentó bruscamente en el sofá en el que yo estaba y agarró mis hombros con poca delicadeza.
—Te lo diré pero tranquilízate por favor… —Susurré.
—Esta bien. —Respiró varias veces y al cabo de cortos minutos me miró de nuevo. —Dímelo. —Asentí.

Empecé a narrarte todo lo que había hecho Tanya, desde que me abordó por sorpresa hasta que me enseñó la tumba de Nathalie.
Intenté que mi voz fuera pausada aunque tuve que respirar varias veces para no dejarme vencer por el dolor.
Su mano apretaba la mía con delicadeza aunque su agarre se hacía más fuerte, como sobreprotector, según avanzaba mi relato.
Terminé con un largo suspiro, el cual me ayudó más de lo que pensé para desahogarme. Me sentía mucho mejor o tal vez era por haberlo compartido con alguien, sobre todo con él, ya que me sentía mucho más liviana y sin esa horrible sensación en el pecho.

—Dios Bella… Eso es… —Volvió a ponerse de pie y empezó a dar vueltas como león enjaulado.
—No fue la mejor manera pero bueno… Ya no hay nada que hacer.
—La mataré. —Dijo con una voz tenebrosa dirigiéndose hacia la puerta.
—¡No Edward! —Grité poniéndome rápidamente de pie. Agarré su mano.
—No ganas nada por favor… —Lo jalé hacia el sofá.
—No puedo dejarlo pasar.
—No solucionarás nada así por favor no hagas nada… Por favor… —Agarré su rostro por las mejillas con ambas manos y las acaricié levemente. —Por favor… —Le imploré.
No quería más peleas, solo quería estar en paz e intentar seguir adelante olvidándome de todo lo que hizo Tanya.

Edward colocó sus manos sobre las mías y las agarró dulcemente, poco después las besó con devoción.
—Esta bien. —Aceptó derrotado. —No haré nada.
—Gracias. —Le sonreí levemente.
—Prométeme que si te hace algo más me lo dirás. Prométemelo.
—Esta bien Edward, lo prometo.
Ambos nos miramos fijamente por un interminable tiempo. Una invisible burbuja nos envolvió cuando nuestras miradas se conectaron. Estábamos bien ahora, no hacía falta nada más. Sentía que de esta manera los dos comenzábamos a cerrar nuestras heridas.
Sentía que podíamos estar así interminablemente, perdiéndonos en los ojos del otro y sintiendo como todo volvía a la normalidad, o casi todo.

“Hola Bella soy Ethan, qué tal estás. Solo quería saber si te gustaría cenar conmigo esta noche. Espero tu respuesta, besos.”
La voz de Ethan a través del contestador rompió la burbuja. Edward se alejó “sutilmente” de mí y yo fruncí el ceño.
—Es hora de que me marche. —Habló no muy convencido.
—No Edward, aún no hemos terminado de hablar.
—Tienes una cena pendiente. —Sonrió con amargura.
—Puede esperar. —Dije precipitadamente. Quería, antes que nada, aclararlo todo.
—Podemos hablar en otro momento. —Se puso de pie.
—Edward… —Protesté.
—Adiós. —No pude hacer nada porque en cuestión de segundos ya había atravesado la puerta.

Bufé cabreada y tiré, infantilmente, un cojín contra la puerta que acaba de ser cerrada. Era tan cabezota.
Me quedé pensativa en el sofá, meditando sobre todo lo que habíamos hablado. Aún faltaban muchas cosas por aclarar, yo necesitaba saber lo que había echo todo el tiempo que estuvo desaparecido.
Me sentía bien a su lado, a pesar de todo lo que había pasado, no podía negar que una sensación de tranquilidad y bienestar me atravesaba. Podíamos discutir, gritar y oponernos muchas veces, pero eso no quitaba que me sentía a gusto a su lado y por una extraña sensación y aunque ahora no nos emparentara más que una leve relación de amistad quería explicaciones aunque sabía que no tenía derecho de exigirlas.
Me preocupaba enormemente que él hubiera encontrado a otra persona y que por eso no quisiera decírmelo.
Sabía que era libre de hacer y estar con cualquiera, pero era demasiado egoísta y podía admitirlo libremente. No sabía que haría si él encontrara otra mujer.

Al poco tiempo llamé a Ethan y le confirmé que sí iría a cenar con él. Necesitaba aire fresco y respirar un poco fuera de las cuatro paredes de mi casa.
Quedamos en que pasaría por mí a las nueve de la noche y yo aproveché las casi dos horas que tenía para darme un baño reparador y vestirme con ropa cómoda y sencilla.

La cena fue amena y tranquila. Siempre lo pasaba bien con Ethan, él conseguía hacerme reír muy a menudo y me sentía muy cómoda a su lado, por lo que me ayudó mucho pasar esa cena con él.
Regresé tarde a casa, sobre las doce de la noche. Caí rendida en la cama en cuanto llegué a ella. El cansancio mental que me envolvía era tan pesado que me dormí a los pocos minutos y, suponiendo que por el encuentro, soñé prácticamente toda la noche con Edward.

Desperté relajada, me sentía totalmente nueva y ligera. Hablar con Edward había sido definitivamente la mejor solución. Aún nos quedaba una larga charla pendiente, la cual no demoraría mucho, pues lo llamaría lo antes posible. Me sentía desesperada por saberlo todo y todavía no conseguía entender el por qué.
Después de ducharme y desayunar, me arreglé con ropa cómoda y sobre las once de la mañana decidí llamarlo, haber si tenía suerte.
Busqué su número en la agenda del teléfono fijo y esperé intranquila el avance de los pitidos que me ponían nerviosa.

—Hola. —El saludo que iba a decir se quedó en mi garganta al escuchar una voz femenina.
Miré el número de teléfono en la pantalla del teléfono. Era el de Edward.
—Emm… ¿Está Edward? —Pregunté temerosa.
—Sí, ¿quién lo busca?
—Isabella.
—De acuerdo, espera un poco ahora lo llamo.
—¡Ed! —Gritó. —¡Te llaman!
—Espera un poco, iré a buscarlo, no me escucha. —No dije nada y esperé con el teléfono fuertemente agarrado.
Pasaron unos segundos, en los cuales me vi tentada de colgar, porque nadie aparecía. Iba a hacerlo pero unas risas hicieron que me concentrara en la llamada.

—¿Sí? —Preguntó Edward.
—¿Molesto? —Pregunté idiotamente.
—No claro que no, estaba vistiéndome. —Aclaró a lo que yo tuve que cerrar los ojos fuertemente.
—So-solo quería decirte que…
—Me marcho Ed, luego pasaré a por la ropa. —La misma voz femenina de antes me interrumpió.
—Está bien, nos vemos. —Escuché el claro sonido de dos besos y unas leves risas. Colgué con un fuerte golpe. Sentí la rabia bullir dentro de mí. ¿Qué demonios me pasaba?

No mucho después el repiqueteo del teléfono inundó mis oídos. Contesté de mala gana.
—¿Bella? —Preguntó Edward dudoso.
—Sí. —Dije firme.
—¿Qué pasó?
—Se fue la línea. —Mentí malamente.
—Ahh, dime qué sucede.
—No sé si sea buen momento, pero en fin… Te llamaba para ver si querías que continuáramos con nuestra charla de ayer.
—Emm… Vale sí, está bien.
—¿Seguro?
—Sí. —Dijo firme.

—De acuerdo, luego quería que hiciéramos algo, espero que no te moleste.
—¿El qué?
—Lo sabrás luego, te espero, adiós. —Corté antes de que replicara nada.
La idea de que fuéramos juntos me parecía bien, solo esperaba que él no se negara porque necesitaba hacer eso junto a él. Sería mucho mejor que ir sola o incluso con Ethan, este tema nos pertenecía a los dos.
Esperé impaciente por su llegada sentada en el sofá del salón, el tiempo pasaba más lento de lo físicamente posible. Estaba nerviosa y enfadada y no sabía por qué. La voz de esa mujer me había puesto de los nervios, pues no sabía quién era y que la emparentaba con él. Sentía rabia y un sentimiento que no sabía distinguir, solo sabía que apretujaba mi pecho y me desesperaba.

Dentro de no más de quince minutos el sonido del timbre inundó la sala. Me puse de pie rápidamente y desarrugué mi ropa. Con movimientos decididos, y dejando de lado el enfado y felicidad de verlo que se mezclaban en mi cuerpo, abrí la blanca puerta.
—Hola. —Saludó animadamente.
—Hola, pasa. —Contesté apartándome de la puerta.
Se dirigió hacia el salón y yo lo seguí rápidamente, me senté enfrente de él.
—¿Qué tal has estado? —Preguntó con cautela.
—Bastante bien dentro de lo que cabe. He meditado lo que hablamos. Solo tenemos que intentar sobrellevar lo de Nathalie, he comprendido que encerrarme a padecer no solucionará nada, por lo tanto intentaré avanzar todo lo que pueda.
—Me parece genial Bella, es lo que mejor se puede hacer. No se puede vivir a base de recuerdos dolorosos. Tienes que enfocarte en recuperar bien tu memoria, sobretodo recordar lo que te haga feliz. —Sonrió.

—He logrado recordar varias cosas. —Le informé.
—Eso es fabuloso.
—Sí, ya no me siento toda una extraña. Ahora recuerdo más sobre las calles que atravieso, pues aunque no perdí del todo la memoria tenía ciertas lagunas. Puedo saber a qué personas conozco desde antes con precisión.
—Es increíble. Tal y como dijo mi padre tu memoria se recuperará por sí sola.
—Sí, él acertó completamente.
Nos enfrascamos en otra charla larga y amena sobre mi estado actual, entre ella fui hacia la cocina para preparar café y cuando después continuamos hablando sobre mis procesos caí en cuenta de que este era el mejor momento para preguntarle por su ausencia.

—¿Qué ha pasado todo este tiempo que no has estado aquí? —Fui directa.
—Tuve que irme inmediatamente a Los Ángeles. Fue algo repentino y que me tomó de sorpresa.
—¿Puedo saber el motivo? —Me mataba la curiosidad.
—Claro que sí. —Sonrió. —Mi madre siempre ha tenido problemas cardiacos, y al parecer han empeorado, tuvo una recaída, nada peligroso pero nunca se sabe. Decidí ir inmediatamente, hace mucho que no iba a visitarla.
—¿Los Ángeles?
—Debes haberlo olvidado. Mis padres están separados desde hace muchos años, desde que yo tenía trece, poco después de eso mi madre decidió cambiar de aires y se fue a vivir a Los Ángeles.
—Ohh, es  verdad, no recuerdo eso. —Fruncí el ceño.

—Estuve con ella todo el tiempo. —Aclaró.
—¿Pero ella está bien?
—Sí, solo fue un susto. Se sentía débil pero está fuera de peligro. La extrañaba mucho y tenía miedo de que tuviera otro recaída más grave, por ese me quedé con ella.
—Yo pensaba… Pensaba que… —Me callé.
—¿Qué creíste?
—Es igual.
—Bella…
—No tiene importancia. ¿Has acabado? —Pregunté señalando la taza de café. Asintió y rápidamente me dirigí a la cocina.

Me senté un poco nerviosa en cuanto regresé. No quería que volviera a preguntar nada sobre mis ideas paranoicas.
Gracias a no sé que santo no volvió a insistir en el asunto. Volvimos a hablar de temas banales, un poco sobre el día a día y sobre la salud de su madre, la cual no recordaba, que estaba en un estado muy favorable.
Nos enfrascamos en temas más personales pero el sonido de su móvil nos interrumpió, tenía una llamada.

—Hola. —Saludó por el aparato. Desvié la mirada no queriendo meterme en su conversación privada.
—Ahora no estoy en casa. […] Sí, supongo que en la noche sí, yo te aviso. […] La ropa está ahí, no haré nada con ella. —Río. —Lo prometo.
Tuve que levantarme apresuradamente e ir al baño. Me sentía enfada al escucharlo hablar así suponía que con la misma mujer de hace unas horas, la que estaba en su casa.
No sabía que me ocurría, pero tenía ganas de decirle a esa persona que no molestara y de por poco defender, con lo que hiciera falta, mi territorio en el cual Edward entraba.
Mi comportamiento era estúpido, infantil e injustificado pero no podía evitarlo. Algo dentro de mí estaba alerta y me decía que tuviera cuidado, que cualquiera podía quedarse a Edward.

Lo estaba tratando como un simple juguete y sabía de sobra que eso estaba mal pero no podía evitarlo aunque lo intentara.
Sabía que mis sentimientos tan solo estaban tapados por el avasallamiento de sucesos ocurridos, pero que estaban ahí, esperando a que me diera cuenta de que él era lo más importante para mí y que dejara a mi corazón revivir todo lo que sentía por él antes de perder la memoria.
Suponía que esa era la razón para justificar mi comportamiento, pues me sentía tremendamente posesiva con él, en pocas palabras estaba celosa.

Obligué a mis piernas a moverse después de haber permanecido escondida en el cuarto de baño. No podía estar ahí eternamente.
En cuanto llegué al salón él ya había terminado de hablar, para mi satisfacción, y miraba atentamente y con el ceño fruncido unos papeles que no sabía de que eran.
—¿Edward? —Lo llamé pues ni siquiera me había escuchado llegar.
—¿Dónde encontraste esto? —Me preguntó a los pocos segundos moviendo los papeles. Los sujeté para observarlos.
—Estaban en el armario de la esquina, en una cajita de música. —Le informé cuando reconocí los papeles como las pruebas médicas del embarazo.
—¿Puedes enseñármela?
—Sí. —No entendía su interés pero simplemente me dirigí a su lugar y la cogí con cuidado.

—Es esta. —Se la di.
Vi como la abrió con cuidado y se quedó mirándola maravillado, con una enorme sonrisa en el rostro.
—No sabía que la conservabas. —Habló casi para sí mismo.
—¿La cajita?
—Sí, veo que está muy bien cuidada. —Acarició levemente la tapa.
—Sí, simplemente la encontré ahí.
—¿No recuerdas de que es?
—No.
Suspiró.

—Era de mi abuela, te la regalé cuando teníamos nueve años.
—Puedo recordar algo de esa edad pero no recuerdo eso.
—Fue en tu cumpleaños, siempre has tenido devoción por las cajas de música así que cuando mi madre me la dio diciéndome que era de mi abuela y que ella deseaba que se la diera a alguien especial para mí no dudé en dártela a ti.
—Es hermoso. —Dije refiriéndome a sus actos.
—Siempre has sido especial para mí. —Me sonrió tan amorosamente que creía que me derretiría.
—Gra-gracias.
—No es nada.

La volvió a abrir y ambos nos deleitamos con la suave música que desprendía. Cerré mis ojos y me dejé envolver por ella, era preciosa.
—No sabía que aún la tenías.
—No sé que decirte con exactitud, solo sé que cuando la encontré me pareció hermosa. No sé porque estaban ahí esos papeles.
—No tengo idea, tal vez porque son importantes.
—Ahí encontré también las ecografías.
—Seguramente sea por eso.
—Lo más seguro.
Nos quedamos en silencio escuchando la suave melodía mirándonos fijamente. Pasó un tiempo indeterminado y caí en cuenta en que no le había pedido que me acompañara a ver a Nathy, esperaba que quisiera.

—¿Recuerdas que antes te dije que tenía que pedirte algo?
—Sí, ¿qué es?
—Quiero que me acompañes a… Un sitio. —No estaba segura de decírselo.
—¿Dónde?
—A… A ver a Nathalie. —Mordí mis labios con nerviosismo cuando vi que se quedó con la mirada perdida.
—Si-i no quieres…
—Claro que quiero. —Contestó inmediatamente. —Vamos. —Se puso de pie y me tendió la mano, la cual no tardé en agarrar.

Fuimos en su plateado volvo en un silencio bastante cómodo. Sentía que estaba haciendo lo correcto, que ir con él era lo mejor. Era nuestra hija y nos correspondía ir a los dos, además yo anhelaba ir porque ya me había acostumbrado a visitarla. Me sentía en paz cuando estaba ahí.
Llegamos en menos tiempo del esperado debido a su alocada conducción.
Al ser sábado había una señora mayor vendiendo flores a la entrada del cementerio, por lo que antes de entrar nos dirigimos ahí.
Edward pidió rosas blancas y yo unas pocas rosas pastel.
Entramos lentamente y tanto él, cosa que no me sorprendió, como yo fuimos directos por el camino correcto sin equivocarnos.

Sonreí cuando divisé el gran ángel que acompaña la tumba de Nathalie y en un acto totalmente involuntario tomé la mano de Edward fuertemente y caminé hacia la lápida. Él apretó mi mano dulcemente y casi de manera sincronizada colocamos las rosas en su lugar correspondiente.
—Me siento en paz viniendo aquí, como si de alguna manera recompensara un mínimo todo. —Hablé sin saber porque.
—Desde que fui a Los Ángeles no había venido y la verdad parece que una paz relajante te envuelve.
Asentí pues yo sentía exactamente lo mismo.

Estuvimos largos minutos ahí, me dediqué a recolocar las rosas de manera adecuada intercambiando las blancas con las pastel para darle un tono más hermoso. Siempre que venía colocaba rosas de los mismos tonos, pues eran los que me parecía que trasmitían más pureza, estaban más cerca de ella.
Tiempo después salimos en un completo silencio y nos dirigimos de nuevo al coche.
Nadie dijo nada y silenciosamente se lo agradecí, pues me gustaba meditar en todo después de ir al cementerio.
Poco después acordamos que vendríamos de nuevo los dos juntos, pues me dijo que de esa manera sentía que las piezas encajaban perfectamente, como debía ser.

Ninguno de los dos dijo nada al respecto, pero sabía que en este momento estábamos como debería ser. No habíamos acordado nada y tampoco hacía falta. Tanto él como yo dejaríamos fluir el tiempo libremente para que trajese los acontecimientos como estara preparado por la fuerza del destino.
En estos momentos se podía decir que teníamos una relación de amistad con la que estábamos intentando que todo tomara su cause normal y volviera a ser como al principio.

Simplemente estábamos dejando pasar el tiempo lentamente, intentado vivir cada día como nos marcara nuestro corazón y dedicándonos a recuperar lo que habíamos perdido por los problemas que nos habían impedido continuar.
Seguía intentando día a día recordar un poco más de mi vida y aunque no había podido tener nuevos recuerdos o sueños me sentía mucho mejor, como si tuviera menos pesadez. Ya no estaba tan impaciente por recordar, dejaba que mi memoria se recuperara sola, sin forzarla a nada. Acabaría regresando completamente en cuanto menos lo esperara.

Verdaderamente nos habíamos visto poco después de ir esa tarde al cementerio. Una de las principales causas era mi trabajo, que milagrosamente aún lo conservaba y otro motivo era mi relación con Ethan. Él pasaba a buscarme todas las tardes cuando salía del trabajo y me acompañaba hasta casa, tomábamos café mientras charlábamos animadamente y se iba rozando las diez u once de la noche.
Me sentía bien con él, conocerlo era una sensación única ya que sabía que de él no sabía nada realmente y que todo lo que me contaba lo hacía por primera vez. Descubrir sus gustos, aficiones, hobbies, estilo de vida, su pasado, sus ambiciones futuras, todo en general me hacía querer lograr nuevos actos futuros.

Ethan tenía una vida ajetreada y vivía cada minuto con la mayor de las alegrías. Era todo un terremoto que no conseguía borrar nunca la sonrisa de sus labios. Parecía que siempre estaba feliz y que tenía energías infinitas. Nunca lo había visto cansado y su mente maquina miles de planes a los cuales era invitada.
En el tiempo que llevábamos de amigos habíamos ido a mil sitios diferentes; tardes en el campo, paseos por los parques, probado nuevas comidas, visto películas sin importar su contenido, mañanas de largas caminatas por la orilla de la playa. Un poco de todo.

Todas esas salidas me habían ayudado a conocer mucho de la ciudad en la que vivía desde que nací y de la que recordaba poco, sobretodo de los sitios más lejanos de casa. Por las noches terminaba totalmente agotada, después de un duro día de trabajo en el que pasaba de pie más de siete horas y luego Ethan que fulminaba mis fuerzas. No me quejaba, sería demasiado injusto hacerlo, me gustaba el nuevo giro que estaba dando mi vida en estos momentos. Tan solo estaba viviéndolo todo con normalidad y acoplándome a mi rutina diaria.

Con Edward mayoritariamente había salido al gran parque principal, el cual era enorme. Recorríamos la zona del largo río que prácticamente lo atravesaba. Nos sentábamos frente a él a charlar de cosas trascendentales sin demasiada importancia.
Avanzábamos poco a poco, sin querer acelerar el proceso natural de la vida. Simplemente disfrutábamos de la compañía del otro, dejando que todo aquello que nos unió regresara lentamente, hasta establecerse en nuestros corazones y hacer, que por lo menos de mi parte, sintiera un torbellino de sentimientos que parecía se alojaban en mi vientre y en mi mente, revolucionándolos.



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Con todo el ajetreo que tenía encima parecía que los días eran mucho más cortos de lo posiblemente lógico. El trabajo, Ethan y Edward acababan con mis días como si de pólvora se tratara. Cuando me quise dar cuenta las semanas pasaron dando paso a los meses. El verano llegó con todo su esplendor, cubriendo las calles de un reconfortante sol y haciendo que las personas, yo incluida, cambiaran sus grandes abrigos y abrigadas prendas por unas más frescas y ligueras para poder soportarlo.
Habían pasado exactamente tres meses, los tres meses de la primavera los cuales corrieron ante mis ojos, pues ni me di cuenta de lo rápido que habían pasado.

Tal y como predije todo avanzaba como debía. Mi relación con Edward avanzaba lentamente, trasformando nuestra amistad en un sentimiento más profundo. Ahora me sentía mejor a su lado y hablábamos de temas más personales libremente sin remover el pasado que lo queríamos dejar ahí, en el olvido. No hacía falta pensar en lo malo, quería una nueva vida y estaba logrando mi cometido.

Me sentía culpable por la situación que me envolvía. No le había dicho nada de Edward a Ethan y con Edward no hablaba de Ethan. No sabía por qué no se lo había dicho a Ethan, simplemente no había surgido la ocasión oportuna, sabía que no tenía nada que ocultarle y que tampoco hacía nada malo, simplemente cuando estaba a su lado olvidaba lo demás y me dedica a intentar seguirle el ritmo de vida que tenía.
Por otro lado no hablaba de él con Edward porque sabía que no era la persona que mejor le caía en el mundo. No había razón para que lo odiara ni mucho menos, tan solo era mi amigo, pero yo no podía hacer nada contra eso por lo que evitaba dañar el día. Si a Edward no le caía bien no iba a sacarlo a relucir en nuestras conversaciones.

Había habido pocos acercamientos no-amistosos entre nosotros. Tal vez algún abrazo y besos en la mejilla como saludo y alguna vez yo agarré su mano inconscientemente. No sabía lo que hacía, no actuaba yo precisamente, lo hacía mi cuerpo y mi corazón que lo reconocían inmediatamente. Lo que más me desconcertaba era las tantas veces que nuestras miradas se unían, en ese momento nada más hacía falta. Nuestros ojos intentaban observar el interior de los otros y descubrir que era lo que sentíamos con exactitud, porque por mi lado no estaba del todo segura.

Solo era consiente de que cada día necesitaba más de él, estar mucho más tiempo a su lado, porque cuando el día se acababa y era la hora de volver sentía que no era suficiente, que no podía desprenderme de su lado, que a cada momento algo dentro de mí se adictaba más a él y se negaba a separarse de su lado.
Su aroma, su sonrisa, sus hipnóticos ojos verdes, melena alborotada, melodiosa voz y sus hermosas palabras me atraían hacia él como la miel al oso.
Me sentía confusa porque no conocía con exactitud que deseaba de él y que era lo que necesitaba conseguir.


¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬



En este momento nos encontrábamos descansando después de una larga caminata en uno de los bancos que ocupaban el parque. Como si de una coincidencia se tratara Ethan había llamado diciendo que tenía mucho lío y cuando salí del trabajo Edward esperaba por mí, apoyado en una de las paredes de la librería, con una hermosa sonrisa adornando su rostro y con la idea de pasar una fantástica tarde juntos.
Por su puesto que no me negué, nunca lo haría. Caminamos hacia el parque principal mientras él me preguntaba sobre mi día laboral y yo le contaba alegremente como se había desarrollado.

Terminamos agotados, yo al menos, ya que él parecía tan fresco como una lechuga. Le imploré por un poco de descanso, pues mis piernas no daban más de si.
Entre risas agarró mi mano casi por inercia y tiró de mí hasta el banco más cercano.
Por un momento ambos nos quedamos callados, su mirada se perdió en el estanque que había frente a nosotros y la mía observo con escrutinio su perfil y en concreto sus labios. Eran finos, carnosos y de un atrayente tono rosáceo. 

No sé por qué o en qué momento ocurrió pero repentinamente me quedé totalmente absorta mirando sus atrayentes labios, deseando como nunca volver a besarlos. Solo lo había hecho en una ocasión después del accidente y las ganas de repetirlo eran más fuertes que mi propio autocontrol.
Mi mirada seguía fija en sus labios, mientras los míos eran mordidos levemente por mis dientes.
Como si él lo presintiera se giró y me observó atentamente, como si pudiera leer lo que pensaba.

Se acercó lentamente a mí y yo para nada me aparté. Su mano rozó levemente mi cadera, para a los pocos segundos apretarla dulcemente y atraerme más hacia su cuerpo.
Mis ojos, ahora, no se separaban de su anhelante mirada. Los dos deseábamos lo que estaba a punto de suceder.
Su rostro se acercó con exasperante lentitud al mío, como si me estara dando tiempo para que cambiara de opinión. No lo haría.
Nuestras rápidas respiraciones se hicieron una, chocando su aliento mentolado en mi rostro, dándome una delicada sensación de frescura.

Antes de que siguiera avanzando me miró atentamente y yo simplemente cerré mis ojos dándole vía libre, si no lo hacía rápido sería yo la que me lanzaría a sus labios. La necesidad era desesperante.
Su dulce aliento se coló por mis labios, acerqué mi rostro y ambas bocas se dieron un casi imperceptible roce inocente. Nuestros cuerpos se atrajeron el uno al otro, juntándose casi por completo.
Sus labios tocaron con más insistencia mis labios, dejándome sentir la fabulosa sensación de su boca besando la mía.

Los dos pares de labios se movieron sincronizados, queriendo desesperadamente sentirse, reconocerse.
El beso se volvió más insistente, sin dejar de ser dulce y suave de su parte, quise acercarme más y enredar mis dedos en sus alborotadas hebras cobrizas pero no conseguí mi cometido.
—Bella. —Me separé inmediatamente de los labios de Edward.
—¿Ethan?
 





Hello People! :)
¿Cómo están nenas?
Les dejo un nuevo capítulo, sé que he tardado mucho pero tenía que pensar bien como desarrollar cada acto para que mis ideas no se enredaran. Es bastante largo y a mi parecer está muy lleno de novedades, actos y pensamientos inesperados, dudas resueltas etc.
Espero que lo disfruten, ya saben que si tienen una duda estaré encantada de resolvérsela.
La cosa se pone candente jejeje. ¿Qué le pasa a Bella con esos celos y tantos sentimientos contrarios? Al parecer su mente le juega malas pasadas.
Más secretos se resolverán, ya ven como quedó, por fin Ethan y Edward se conocen uhhh, el próximo estará emocionante.
Espero sus comentarios :
D
Kisses.
By: Crazy Cullen.

4 comentarios:

  1. Que capi!!! Muy bueno, cuantas emociones tan bien descritas te felicito. Me has pasado por todas, hermoso capi nena. Que dolor pobre Bella, pero yo que ella me apuro jeje. Y lo de Ethan?? No me mates de un infarto!!!
    Jjajaja espero el proximo con ansias muchos besooosss

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    1. Hola nena! :D
      Me alegra mucho que te guste! :D
      Puse mucho empeño en este capítulo porque como bien dices está lleno de sentimientos contradictorios jejej.
      Jajaja, sí no? Que parece que alguien anda asechando a Edward jajaja! xD
      Ethan me servirá de mucho jajaa! XD
      Kisses reina miles de gracias! :D

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  2. lindo cap me encanta q se den un tiempo para platicar d sus cosa osea bien me gusta como va quien sera la mujer ???? bueno q bien q se den su tiempo para seguir me encata q van paso a paso y q x fin se decidio a darle ese beso chin lo malo es q el ethan los vio pero q bueno para q vea q bella aun ama a ed cuidate bye nos leemos luego=)

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    1. Hola! :D
      Sí, ya iba siendo hora de que charlaran como personas civilizadas y aclararan las cosas como debía ser!
      Sí jejej al parecer Bella nunca podrá olvidarlo y los celos están que se la comen! xD
      Ya se verá que pasa con los tres en ese encuentro fortuito! :D
      Kisses y gracias por comentar! :D

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