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La historia "La razón de mi existencia" está siendo modificada. Estoy corriguiendo faltas ortográficas y argumento. Hay 19 capítulos corregidos. Disculpen las molestias :)

domingo, 5 de febrero de 2012

Capítulo 18: Quiero ser feliz.



Capítulo 18: Quiero ser feliz


Pov Bella:


El dolor te consume, te quema el alma, te mata por dentro. No le importa pasar por encima de cientos de personas o de solo una. Su única misión es destruir, destruir todo lo que encuentre por su paso, destrozar corazones sin piedad, jugar con la cordura de todo aquel que lucha por sobrevivir en un mundo donde no encuentra más que golpes que intentan vencerlo a cada paso que da.

Puedo decir, sin arrepentirme de ello, que todo lo que me rodea intenta joderme hasta ver como agonizo, en mis últimos minutos de vida, en el peor de los sufrimientos.
¿Puede ser tan difícil tener una vida tranquila?, ¿mínimamente feliz?, ¿acaso no merece cada persona ser tratada con la verdad absoluta, sin que se le oculte nada, por muy malo que sea?

Necesitaba saber que las personas con las que convivían eran cien por cien reales. Que me apreciaban lo suficiente como para decirme todos los acontecimientos que me habían pasado meses atrás y que yo había olvidado. Necesita que me juraran que nunca más iban a mentirme, que no me ocultarían datos tan importantes y que me dejarían avanzar en mi vida lo más buenamente posible. Lo necesita, para sanar, para poder dejar que las heridas que ahora permanecían latientes cerraran y me dejaran poder construir un nuevo futuro sin dolor de por medio. 

Ahora que mi memoria estaba recuperada casi en su totalidad apreciaba más los que hacía cada día, sabiendo que verdaderamente estaba en mi casa y que las personas que me rodeaban no eran impostores que intentaban aprovecharse de mí. Podía reconocer bien las calles por las que merodeaba, recordar más de mis hábitos normales y acostumbrarme a continuar con ellos uniéndolos a nuevos que marcaban mi nueva yo. La nueva Bella.

Todo era perfecto, absolutamente perfecto semanas después de que lograra asimilar que me habían ocultado que iba a ser madre de una hermosa niña que no tuvo la oportunidad de conocer el mundo. Costó demasiado salir adelante, imaginar que en estos momentos pudiera ser feliz con mi bebé, el cual el destino se había empeñado en arrebatarme, y luchar por tener un futuro digno y lo suficientemente grato como para ser recordado hasta el final de mis tiempos.

En un principio pensé que mi destino ya estaba escrito, que los acontecimientos que me tocarían vivir estaban marcados por alguna fuerza poderosa que nada ni nadie podría cambiarlos. Me equivoqué, nuevamente volví a equivocarme, volví a caer en un abismo del cual pensé que me sería imposible salir si no hubiera sido por él, mi nuevo salvador y con quien estaría agradecida de por vida.


No recordaba demasiado de como había llegado a casa después del momento en que salí, prácticamente despavorida, del cementerio. Los recuerdos iban y venían, algunos demasiado difusos, lo cual me hacía pensar que en algunos casos eran tan solo creaciones equivocadas de mi mente.
Lo que podía recordar con absoluta claridad era haber despertado en mi cama, con un terrible dolor de cabeza, los ojos hinchados y un dolor punzante en mi pecho.

En ese momento necesité apretarlo porque sentía que algún pedazo de mi corazón estaba siendo arrancado. Veía la habitación un poco borrosa y tuve que parpadear varias veces para poderme acostumbrar a la fina luz que se colaba por la venta.
Una sensación de pesadez invadía mi cuerpo, sentía mis miembros cansados y mi organismo debilitado.

Necesité de una buena ducha de agua caliente para poder despejar mi mente e intentar recordar que es lo que había hecho hace unas horas.
Me senté en mi cómodo sofá de una plaza, con una rica taza de chocolate caliente entre mis manos y forcé a  mi cerebro a recordar todos los acontecimientos.

Podía recordar claramente haber salido en la mañana para ir a la librería en la que trabajaba ahora. Iba como todas las mañanas, distraída, pensando en mil cosas sin darles mucha importancia. A lo que verdaderamente le estaba dando importancia era a él, al tema que habíamos hablado con Alice y Rosalie sobre empezar de cero e intentar ser feliz de nuevo a su lado.

Estaba realmente preocupada porque no tenía ni idea de donde estaba en estos momentos y porque había desaparecido de esa manera, sin decir nada. Prácticamente se lo había tragado la tierra y ni sus amigos, aunque me pareciera sospechoso, sabían nada.
Medité la forma de decirle que verdaderamente quería intentar empezar de nuevo, para poder reconstruir una vida juntos e intentar volver a encarrilarla a como la teníamos antes.

No podría ser tan difícil, solamente nos tendríamos que dejar llevar por todo lo que nos dijera nuestro corazón, sin oponer y ocultar nuestros sentimientos. Empezaríamos de cero, pero primero dejaríamos que empezaran nuestros corazones. Necesitábamos sanar y para mí la mejor forma era hacerlo juntos, porque aunque lo intenté negar lo amaba y eso nadie podría negarlo.

Poco a poco y mientras el chocolate de mi taza iba desapareciendo fui recordando los detalles más pequeños, las mínimas cosas que en ese momento me parecieron no tener importancia.
Al cabo de unos minutos y cuando ya mi taza de chocolate estaba vacía, como si de un meteorito se tratara, la verdad, los recuerdos importantes invadieron mi mente haciendo que me quedara totalmente petrificada en mi sitio.

Recordé todo con absoluta claridad, el ataque improvisto de Tanya, cuando me subió a la fuerza y con la ayuda de los gorilas que llevaba como guardaespaldas, supongo, dentro del coche negro. El viaje al cementerio, las flores blancas, la rosa amarilla y ella: Nathalie.

Me derrumbe en ese mismo momento, dejando que lágrimas de dolor y frustración atravesaran mi rostro. No las detuve, ¿para qué? Quería desahogarme, necesitaba hacerlo. Dejar que toda la tristeza que en este momento envolvía mi alma se librara un poco en forma de lágrimas.
Lloré por ella, por mí, porque me sentía totalmente utilizada. Me habían vuelto a mentir.

No supe en que momento exacto me había quedado dormida, en posición fetal, en el mismo sillón en el que había estado desahogando mis penas. En algún momento de la fría noche mi cuerpo no lo resistió más y decidió dejar que la inconsciencia me envolviera.

Cuando desperté me sentía un poco desorientada. Poseía una furia que quemaba mi pecho, que lo desgarraba para dejar paso al dolor y al rencor que sentía por todos en ese mismo momento. Necesitaba algo para desquitar la frustración que sentía y mi único remedio fue gritar hasta que mi garganta quedó seca y dolió tras haber sido tan forzada.

Como si hubiera dejado de tener control sobre mi cuerpo me levanté del sofá, emitiendo un pequeño quejido de dolor por la incómoda postura de la noche, y rebusqué por todos los cajones por algo de información sobre la bebé. Tenía que haber algo, papeles, citas médicas, lo que fuera. Ella no podría desaparecer de mi mente como si nunca hubiera existido.

Abrí un pequeño armario al que tuve que acceder con un silla, allí adentro había una delicada cajita musical rosa con adornos dorados. La saqué con mucho cuidado y la coloqué sobre la mesa. Algo me decía que había encontrado lo que buscaba.
Al abrirla me deleité con la suave y relajante melodía que emitía. Me dejé envolver por ella y relajé mis nervios antes de observar bien su contenido.

Extraje con deliberado cuidado un sobre de tamaño pequeño que ahí había. Era de color blanco y recitaba con una clara letra “Nathy”
Con una gran sonrisa de satisfacción abrí delicadamente el sobre, con mi respiración entrecortada y mi corazón latiendo a mil por hora.
Saqué unos cuantos papeles y lo que parecía ser unas fotos.

Miré primero los papeles, demasiado doblados, que habían dentro del sobre. Leí todo con lentitud para no perderme ningún detalle importante.
Todo lo escrito ahí no parecía más que resultados sobre citas médicas, suponía que sería el seguimiento del embarazo.
Me alegré al ver que las fechas estaban escritas en la parte superior y subrayadas de un amarillo chillón que solo me facilitaba la vista para saber de cuando era cada documento.

No pude descifrar mucho de  los cuatro primeros folios pues los nombres escritos sobre análisis de sangre eran demasiado complicados de pronunciar y peor de comprender.
Interpreté que todo estaba en perfecto estado gracias a los porcentajes de comparación.
Dejé esos papeles al lado y cogí otro que había fuera del conjunto más cuidadosamente doblado.

Lo leí por encima hasta que mis ojos dieron con la palabra “positivo”. Volví a elevar mi mirada para releer el documento que en letras negras citaba: “Tras la prueba de sangre realizada a la Sra. Isabella Marie Swan, se ha podido observar que la hormona gonadotropina es elevada, por lo tanto los resultados de embarazo son positivos”.
Sin percatarme de ello había sonreído y una suave lágrima brotó de uno de mis ojos, lentamente hasta morir en el suelo.

La vida era injusta, demasiado injusta para quien lo merecía y para quien no. Yo quería ese bebé, hubiera sido la mujer más feliz del mundo si se me hubiera concedido la oportunidad de poder tenerlo en mis brazos, de abrazarlo, besarlo, mimarlo y darle todo el amor que me fuera posible.

Me dolía el pecho, quemaba intensamente por los sentimientos que me atravesaban.
Sentía mis piernas débiles, mi alma angustiada y los latidos de mi corazón atacar mis oídos.
Sentía la herida abrirse más profundamente, llegando hacia el centro de todo mi cuerpo, dejándome con unos segundos de inconciencia. Moví mi cabeza hacia ambos lados para recobrar el sentido y me agarré de una de las sillas más cercanas.

Volví a mirar el interior del sobre y saqué las fotografías anteriores.
Nada de lo que había sentido antes se pudo comparar con lo que sentí cuando vi lo que descansaba sobre mis manos.
Esas fotografías no eran simples fotos, eran fotos de mi bebé, de mi bebé dentro de mi vientre. Ecografías, tres ecografías de mi pequeño angelito.

Las observé con detenimiento, fijándome en todos los detalles que la imagen en blanco y negro podía ofrecerme. Sonreí con absoluta felicidad cuando pude ver claramente el pequeño cuerpo en tonos blanquecinos.
La felicidad duró demasiado poco para mi propia salud y cordura. Me derrumbé definitivamente, me adentré en el agujero negro más profundo de mi vida.

Estampé las fotos sobre mi pecho y lloré amargamente sentada en el frío suelo del salón. Quería recordar, deseaba recordar esos momentos que eran los que más olvidados tenía. Quería tener dentro de mi mente los momentos en los que esas ecografías fueron hechas, lo que sentí cuando vi a mi niña dentro de mi vientre, la felicidad que me habría recorrido en esos momentos en los que lo único por lo que luchaba era ella. Nathalie.

Me sentí furiosa con mi propia mente, por ocultarme esos recuerdos que yo tanto anhelaba. Por no dejarme ser feliz a base de recuerdos de un ser al que tanto amaba y del que recordaba tan poco. Me sentí furiosa con todos los que me lo ocultaron, me sentí furiosa con él, con Edward, por ser tan enormemente egoísta y tenerme apartada de todo esto, de los recuerdos que podían ser el único combustible que en este momento me mantenían cuerda.

Con furia me levanté del suelo, guardé cuidadosamente las fotos dentro del bolsillo de mi pantalón y coloqué un fino abrigo sobre mi cuerpo. Agarré las llaves de casa y salí rumbo al lugar que en este momento sabría que podría darme la paz que tanta falta me hacía.
El estridente sonido que hizo la puerta al ser golpeada rudamente contra el marco exterior me hizo sobresaltar y con movimientos más suaves atravesé el pequeño porche que me separaba de la calle.

Caminé hacia la derecha, con la mirada baja, pensando en mil cosas y en la manera en la que llegaría hacia el lugar que me dirigía. No sabía si podría llegar o si se encontraba muy lejos desde aquí, lo único que me importaba era verla, verla de nuevo aunque fuera de esa manera tan lejana y fría.

Metí las manos dentro de mi bolsillo izquierdo y sonreí feliz cuando toqué las tres fotos cuidadosamente guardadas. Un calor atravesó mi pecho, no podía recordar todos los momentos que pude disfrutar de mi bebé, pero la felicidad que sentía al poder tener en mi poder esos documentos era implacable.

Pensaba en tantas cosas a la vez que me sentía agobiada mentalmente. Sentía un frenesí dentro de mí que no podía ser normal, solo lograba agitar mi pecho y entrecortar mi respiración. Los sentimientos positivos y negativos chocaban unos con otros lanzándome a una dimensión desconocida de la que no quería salir. Iba tan sumamente distraída que no me di cuenta de que había llegado hacia la esquina que marcaba el final de mi calle hasta que choqué con el duro cuerpo de alguien desconocido.

Frené mis pasos rápidamente y elevé mi mirada para pedir perdón al desconocido con el que acababa de chocar.
—Lo siento, iba distraída. —Intenté sonreír.
—No te preocupes, ¿estás bien? —Un brillo cálido atravesó los ojos azulados del hombre que tenía frente a mí.
—Sí, no te preocupes. Ha sido mi culpa. —Le sonreí sinceramente mientras le miraba. Alguna extraña fuerza me atraía hacia sus ojos.
—Se te ve bien, me alegro por eso. —La sonrisa que surcaba las comisuras de mis labios desapareció a la vez que él decía esas palabras. Me enfurecí por eso.

—¿Qué?
—¿No me recuerdas? —Me quedé en blanco ante esa pregunta.
—¿Debería?
—Ohh, claro supongo que es normal, en tu estado. —Sus misteriosas palabras empezaron a desconcertarme e incluso a asustarme.
—¿De qué hablas?  —Mi voz sonó asustada.
—Lo siento no quise asustarte, supongo que por la alteración del día anterior no me recuerdas. —Sonrió cálidamente y de alguna manera extraña mis miedos desaparecieron.

—Soy Ethan. —Extendió su mano hacia mí. Dudé un poco en responder.
—Bella. —Dije extendiendo mi mano. Cuando se apretó con la suya el roce fue cálido y suave.
—¿Aún no me recuerdas cierto? —Cerré los ojos por unos segundos forzando a mi cerebro a recordar.
—Yo lo siento… —Su musical risa me hizo callar.

—No te preocupes, no pasa nada. —Una sonrisa juguetona se extendió por sus labios.
—Entonces… Puedes decirme por qué debería recordarte.  —Dejó de sonreír.
—¿Qué sucede? —Pregunté alarmada.
—Nada, pero tal vez no sea agradable para ti recordar.
—¿Por qué?
—Fui yo el que te encontré hace dos días en el cementerio y tú… —Coloqué mi mano prácticamente delante de su rostro.

Cerré los ojos por unos segundos que se me hicieron interminables mientras intentaba recordar todo lo que había pasado ese fático día.
Recordé perfectamente mi huía del cementerio, cuando no soporté más el peso de mi cuerpo y tuve que sentarme en el primer banco que encontré para poder desahogar el dolor de mi alma en forma de lágrimas. Recordé claramente la intromisión de un hombre y que poco después me dejé llevar por él porque no podía soportar más tanto dolor. Justo cuando él sostenía mi cuerpo mi memoria se quedaba totalmente en blanco.

—Te recuerdo. —Le dije con tono monocorde y parpadeando varias veces para poder disipar las lágrimas que se estaban empezando a formar en mis ojos.
—Siento haberte hecho recordar, supongo que no es bueno para ti.
—Tú no tienes la culpa. —Le aclaré dulcemente.
—¿Has estado mejor? —Me dio una sonrisa cálida y reconfortante.
—Emm… Sí. —Desvié la mirada.
—Nadie te ha dicho nunca que no sabes mentir. —Me dijo riendo levemente mientras colocaba su mano dulcemente en mi barbilla y guiaba mi rostro hacia el suyo.

No sabía porque exactamente, pero la mención de su última frase me incomodó. Lo cual hizo que no muy cuidadosamente apartara mi rostro de sus manos. La incomodidad fue superior a mí y me alejé unos pasos de él. 
No quería recordarlo, no en este momento. Pero los dos tenían un parecido imposible de ocultar,  no físico, si no mental. Ellos dos pensaban exactamente igual y decían las mismas palabras cuando intentaba mentir de alguna manera patética.
Ethan y Edward se parecían más mentalmente de lo que podía soportar. 

—Siento incomodarte. —Él verdaderamente parecía arrepentido.
Le sonreí. —No te preocupes, es igual.
Miré mi reloj y me percaté de que llevaba demasiado tiempo hablando.
—Debo irme. —Anuncié.
—¿Aceptarías tomar un café conmigo?
No supe que hacer en ese mismo momento. Ethan, aunque lo acaba de conocer y muy por encima, me trasmitía la tranquilidad que en este momento más necesitaba.
—De acuerdo. —Sonreí acompañando su sonrisa.
—Conozco una excelente cafetería a tan solo unas calles.
—Vamos entonces.

Emprendimos el camino sonriendo alegremente mientras la conversación que manteníamos trataba sobre asuntos banales, muchos de ellos sobre lo que veíamos por la calle y que se cruzaba por nuestro camino.
Ethan logró sacarme la sonrisa que por tanto tiempo había estado oculta. Una sonrisa verdadera, provocada por la felicidad y bienestar que me atravesaba.
Tal y como él dijo llegamos en un par de minutos hacia la cafetería más cercana.

Tomamos alegremente un café y esta vez aproveché la ocasión para preguntarle por ese día, quería saber todo lo que no recordaba.
—Me asusté bastante al verte. Te veías demasiado afligida. —Contestó.
—No logro recordar como llegué a casa.
—Cuando te ayudé a levantarte te subí en mi coche, pensaba dejarte descansar ahí hasta que pudieras darme alguna dirección. En cuanto te encontraste dentro tu vista se quedó fijada en algún punto de la carrera y con voz monocorde me diste la dirección de tu departamento.

Abrí los ojos abruptamente ante sus palabras.
—¿Qué más hice?
—No volviste a hablar, por más que traté de preguntarte sobre tu estado de ánimo no dijiste una palabra más. Tú mirada se veía triste y perdida, como si te encontrarás en una dimensión desconocida.
—Ohh… —Susurré asombrada.
—En cuanto llegamos te bajaste repentinamente del coche y aunque intenté detenerte fue imposible, a los pocos segundos ya te encontrabas cerrando la puerta de tu casa.

—Lamento mi actuación.
—No te preocupes no hay problema. Es comprensible, tú… Verdaderamente te veías mal, rota… —Susurró las últimas palabras.
—Fue un duro golpe.
—Estaba preocupado y decidí pasarme un rato por ahí, no sabía que te diría cuando te viera pero la preocupación era superior a mí. —Sonreí.
—Gracias por todo, de no se por ti no sé que hubiera hecho ese día.
—No hay nada que agradecer. —Río mostrando sus blancos dientes.

Seguimos charlando amenamente mientras bebíamos del delicioso y humeante café que había frente a nosotros. Había conseguido arrancarme más sonrisas con tan solo contarme algunas anécdotas suyas.
—Y bueno… ¿Qué hacías tú ese día ahí? —Me sentí estúpida.
—Visitaba a mis abuelos, se cumplían cuatro años de su muerte. —Su voz se tornó melancólica.
—Lo siento.
—No pasa nada, es algo por lo que debemos pasar, yo ya lo he superado. —Asentí.
—¿Puedo preguntarte yo a quién visitabas tú? —Quedé con la taza de mi café a medio camino, di un pequeño sorbo y medité en si decirle la verdad o no.

—Alguien muy importante para mí.
—Entiendo, cuando te sientas preparada me lo dirás. —Me encantó su comprensión, que no me presionara.
—Tengo que irme. —Repetí por segunda vez en el día.
Llamó a la camarera, que con un movimiento exagerado de caderas se acercó a nosotros y pagó la cuenta pese a mi renuencia.

Salimos hablando sobre lo rico que estaba el café y los dos cruasanes que habíamos comido.
—Nos veremos… —Quise seguir hablando pero me cortó.
—¿Puedo acompañarte? —Yo ya le había dicho a donde tenía que ir.
—Emm… No sé si…
—Mantendré el espacio.
—De acuerdo. —Le hice un gesto con la mano y empecé a caminar.

—Creo que sería mejor ir por el otro lado. —Me coloré pues ni siquiera sabía como llegar.
—Vale.
No dije nada más y empecé a caminar hacia donde él se dirigía. El paseo fue de lo más ameno, pude conocer un poco más de él y me agradó todo lo que me contó. No parecía el típico hombre que quería aprovecharse de la situación, más bien de los que buscaban a su amor eterno.

Compré unas cuantas rosas blancas por el camino. Cuando llegamos a la entrada del lugar me sentí un poco incómoda, quería entrar sola.
—Esperaré aquí. —Dijo mientras se sentaba en un banco.
—Es…Esta bien… —Quedé asombrada por el hecho de que verdaderamente respetaba que quisiera ir sola.
Apretando las rosas entre mis manos caminé con paso vacilante hacia el interior del lugar del cual no tenía muy buenos recuerdos. No dudé en el camino que tomaba, lo había memorizado claramente.
Llegué en menos de lo que imaginé y sentí mi corazón sangrar cuando atravesó el gran arco lleno de rosas.

—Hola pequeña… —Susurré suavemente mientras depositaba las rosas con manos temblorosas sobre la fría lápida de mármol. 
—Aún no puedo recordarte del todo y odio eso. —Suspiré. —Pero siento mi pecho inundarse de calor cuando pienso en ti y en lo injusto que fue el destino al arrebatarte de mis manos. Encontré esto… —Terminé de decir mientras sacaba las fotografías de mis bolsillos.
—Sé que eres hermosa y aunque solo pueda ver esto de ti siempre serás mi pequeño angelito y ocuparás mi corazón. —Una salada lágrima brotó de mi ojo.

—Prometo que haré todo lo posible por recordarte. —Sentí una brisa mecer mi cabello. Sonreí.
—Vendré todas las veces que pueda pequeña, necesito contarte muchas cosas e intentaré que sean solo los momentos felices. —Dejé las lágrimas fluir.
—Siento haber salido corriendo así ese día, se me hizo muy duro tener que soportar esto. No sabía de tu existencia y aunque ahora sé que es de las mejores noticias que he recibido, ese día me sentí demasiado débil.

Acaricié las frías letras que descansaban sobre la lápida y recoloqué las rosas lo más hermosamente posible.
—Espero que desde el cielo puedas escucharme y perdonarme por haberte olvidado, por haberte abandonado… —Mi voz se entrecortó. —No volveré a hacerlo, eres lo más importante para mí. —Besé la lápida. —Te amo princesa. —Dije poniéndome de pie y sonriendo.
—Vendré a verte mañana y traeré más flores para ti. El blanco simboliza tu pureza pequeña. —Sequé mis ojos. —Adiós amor.

Sonreí por última vez antes de salir del lugar en el que descansaba mi ángel para toda la eternidad.
Me sentía feliz, había podido regresar y hablar un poco con mi bebé. Sabía que jamás obtendría una respuesta, pero eso era lo que menos me importaba.
Volví a sentir la suave brisa mecer mi cabello y con una enorme sonrisa y acariciando las fotos en mi bolsillo salí de ahí pensando en todo lo que le contaría el día siguiente.

—¿Te encuentras bien? —Preguntó Ethan al verme.
—Perfectamente. —Le sonreí
—Genial, ven demos un paseo.
Empujó suavemente mi cuerpo en dirección al interior del parque que se encontraba cercano al cementerio.

Los días avanzaban con más rapidez de la imaginada, dando paso a las semanas. A estas alturas de mi vida podía decir que era feliz, no tanto como desearía serlo, pero lo era, solo eso importaba.
Estaba claro que la felicidad que ahora iluminaba mi camino estaba respaldada por un nombre que se me hacían tan conocido ahora: Ethan.

Definitivamente él era el responsable de que una sonrisa acompañara mi rostro cada mañana. Podía decir que era la persona con la que contaba cada día y a la que más confianza le tenía en estos momentos. Verdaderamente me hacía mucha falta conocer a alguien nuevo, con el que poder empezar de cero, sin sentir que me está ocultando algo referente a mi pasado o me está engañando para poder hacerme feliz a base de mentiras.

Él no sabía nada sobre mi accidente, la pérdida de memoria o la situación que atravesaba mi vida en estos momentos. Y para mí era lo mejor.
Había decidido no contarle nada de mi pasado, no de momento. No quería que me mirara con lástima, prefería esa enorme sonrisa que siempre surcaba su rostro y con la que me contagiaba a diario.

Adoraba eso de él, su conformismo con lo que a temas privados respecta. No me había presionado para que le contara nada, aunque yo sabía que sospechaba que algo negro teñía mi pasado. No volvió a insistir en que le contara a quien visitaba cada tarde en el cementerio o que le dijera que amistades me rodeaban. Nada, se podía decir que era prácticamente una desconocida para él refiriéndose a mi pasado. En cambio yo de él lo sabía todo, absolutamente todo.

Era un hombre luchador, soñador y alegre que combatía a diario con la vida para poder alcanzar sus sueños y propuestas. No se dejaba vencer por una mala noticia o por un paso mal dado. Siempre que algo así le pasaba, aunque yo no lo había presenciado, instalaba una sonrisa en su rostro y buscaba alguna alternativa a ese problema.

Llevaba poco de conocerlo aunque sabía mucho de él. En las cortas semanas que nos relacionaban nunca le había visto triste o desanimado, todo lo contrario. Él era feliz por los dos, y eso solo hacía que yo me sintiera mucho mejor espiritualmente.
Tan solo nos conocíamos hace tres semanas y yo ya sentía que era alguien esencial para mí. Lo necesitaba, para poder avanzar con la
nueva vida que me había propuesto.
Todo era perfecto, sumamente perfecto, hasta que llamó ella.

Estábamos dando nuestro paseo rutinario por el parque que quedaba cerca al cementerio. Acaba de visitar a mi bebé y de dejarle rosas nuevas. Le había hablado sobre las nuevas propuestas que me había autoimpuesto para mejorar en la vida y tener un futuro más concreto.
Después de visitarla y poder tener una charla con ella me sentía mucho más liguera y emocionada, el solo hecho de poder visitarla, aunque fuera de esa manera, me emocionaba.

—¿De verdad hiciste eso? —Le pregunté entre una gran carcajada.
—Sí. —Río. —Le rompí el vestido a mi hermana.
—¿Por qué?
—Su novio rompió mi robot con un pisotón, y ni siquiera pidió disculpas.
—Eras todo un trasto. —Ambos volvimos a estallar en carcajadas cuando me contó la reacción de su hermana mayor, la cual no pudo ir a una fiesta del instituto.
—Ella me lo debía, además solo tenía diez años.

Quise contestarle mientras nos sentábamos en el banco que ocupábamos todas las tardes con vistas al lago inundado de patos y cisnes. Pero mi móvil calló nuestra amena charla y un poco reticente y no muy atenta de quien me llamaba contesté aún riendo por la historia de Ethan.

—¿Quién? —Pregunté con voz alegre.
—Bella… —Su voz hizo desaparecer automáticamente mi sonrisa.
—Alice… —Susurré.
—¿Qué tal estás?
—Bi…En… —No pude evitar reír al ver a Ethan pelear, literalmente, con un perro que le había quitado su bolsa de palomitas.
—¿Bella? —Preguntó Alice extrañada pero con un atisbo de sonrisa en su voz.
—Todo va muy bien Alice. —Contesté cortante.

Suspiró. —Me alegro mucho.
—¿Necesitabas algo en especial? —Sabía que ella no entendería el tono de mi voz, cortante y molesto, pero no podía dejar pasar esto así como así. Estaba segura de que ella al igual que Rosalie sabían de la existencia de Nathalie y también me lo habían ocultado.
—Me pediste que se lo dijera y que después te avisara, espero no haber hecho mal.
—¿De qué hablas?
—Edward está aquí de nuevo y bueno… Le dije lo de empezar de cero y…

No escuché nada más, repentinamente mis oídos se taponaron y me impidieron que pudiera seguir escuchando las palabras de Alice. Esto no podía estar pasando, no ahora, no cuando empezaba a tener esperanzas de olvidarme de todo lo que me había dañado y empezar de cero con nuevas personas a mi alrededor.

—¿Bella? —Preguntó Alice alarmada.
—No, no, no… —Es lo único que podía pronunciar.
—¿Hice mal?
—Tú no deberías…
—Bella no sabes cuanto lo siento… Yo solo… No pude ocultárselo, se te veía tan emocionada que pensé que era lo mejor. Él tiene mucho que explicarte y…
—Está bien, adiós. —Corté la llamada antes de que pudiera decir algo más y quedé con la mirada pérdida nuevamente, pensando en miles de cosas a la vez.

—¿Bella qué sucede? —Ethan sacudió mi brazo.
—Na… Nada…
—Bella. —Me advirtió por lo de las mentiras.
—Tengo que irme. —Me puse de pie rápidamente.
—Bella, espera. —Agarró mi brazo para detener mi rápida caminata.
—Te lo explicaré todo mañana, de verdad.
—Déjame acompañarte, me quedaré más tranquilo.

Lo medité. —Esta bien.
Empezamos a caminar no muy lentamente, envueltos por un incómodo silencio. Agradecí que no dijera nada o que me hiciera alguna pregunta. No era el momento, ahora mismo no podía razonar nada coherente. Solo quería llegar a mi departamento y meditar sobre todo lo que me había dicho Alice.
Estaba claro que en estos momentos no podía ni siquiera permanecer cerca de Edward, no estaba preparada. Sentía una tremenda rabia para con él y no sabía de que era capaz si lo veía.

Rápido divisé mi casa y antes de llegar a la entrada, unos metros antes, me despedí de Ethan.
—¿Estarás bien? —Insistió.
—Sí, lo prometo. Si me encuentro mal te llamaré, simplemente me siento cansada.
—Pasaré a buscarte mañana.
—Yo te llamo. —Dije rápidamente.
—De acuerdo. —Contestó un poco reticente.

Besó mi mejilla amistosamente y se despidió de mí con un movimiento de mano. Hice un esfuerzo por sonreír y caminé hacia la entrada de casa.
Iba con la mirada gacha, parecía que contando las baldosas del suelo. No me sentía preparada para enfrentarlo y todo por mi traicionero corazón. No tenía idea de como reaccionaría cuando lo viera, que haría o si le diría algo. Simplemente quería olvidarlo, olvidarlo para siempre a él y a los sentimientos que lo unían a mí.

Apreté suavemente las fotos que siempre guardaba en mi bolsillo, las cuales me dieron fuerza para afrontar lo que se me venían encima. Me gustaría chasquear los dedos y que todos los problemas desaparecieran.
Me encontraba a tan solo unos escasos dos metros de mi casa y no me atrevía a levantar la mirada, sin saber porque algo me decía que nada bueno me deparaba.

Atravesé la pequeña verja de madera blanca y entré en el porche, llevé mis manos hacia el bolso que colgaba a un lado de mi cadera y rebusqué para poder encontrar las llaves, las palpé y una suave voz hizo que me detuviera en seco.

—Bella… —Susurraron cerca de mi espalda. Pegué un pequeño salto, sobresaltada por el tono de voz que yo muy bien conocía. Giré lentamente, como si de una película de terror se tratara, y quedé prendada de su rostro, el cual no demostraba alegría precisamente.
—Edward… —Pronuncié antes de sentir mis ojos aguarse sin razón aparente.




OoOoO____________OoOoO


Hello people! :)
Ya me ven, yo por aquí de nuevo, reapareciendo de las sombras. Sé que las he tenido muy olvidadas y no saben cuanto siento eso. Pero si hay alguien que pasó por mi blog entenderá mi atraso con las actualizaciones. Mi PC se descompuso y estuvo así por mucho tiempo, ya ven, desde noviembre.
Siento mucho todo, pero la verdad no fue mi culpa, hice hasta lo imposible por publicar algo y tenía este capítulo escrito y un one-shoot en el ordenador de mi papá, y cuando quise publicar no estaban, no sé que paso, pero no estaban! T.T
Comprenderé si están enfadadas, pero please, no me abandonen, esto no tiene sentido sin ustedes. Denme otra oportunidad, no tardaré tanto en el próximo. Ya lo tengo en mi cabezita y pues ya ven como quedó este, el otro viene de lo más emocionante. :D
Les explicaré mucho del paradero de Edward en el siguiente y ya verán como se desarrolla. :)
Espero lo disfruten, ya ven, intenté hacerlo largo y con buena materia, espero no defraudar.
Miles de Kisses.
By: Crazy Cullen!


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