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La historia "La razón de mi existencia" está siendo modificada. Estoy corriguiendo faltas ortográficas y argumento. Hay 19 capítulos corregidos. Disculpen las molestias :)

viernes, 1 de julio de 2011

Capítulo 20: Inesperado.

Capítulo 20: Inesperado



Pov Bella:

...

Terminé después de un largo rato, con lágrimas en mis ojos y con un asqueroso sabor en mi boca que rápidamente eliminé cuando me cepillé los dientes.
Me apoyé en el lavabo y miré mi reflejo detenidamente, observé mi rostro y mi cuello, y casi pego un grito cuando me di cuenta de lo que había en este último...




Dos grandes marcas se extendían a cada lado de mi cuello, eran más que notorias. De seguro se podrían ver desde lejos, no recordaba en que momento me había hecho eso. Eran como dos grandes círculos rojos muy marcados en mi marmórea piel. Pasé mi mano por uno de ellos, que se extendía en la parte delantera del lado derecho de mi cuello. Se sentía suave y dolía un poco al tocarlo. Seguí mirando detenidamente, intentando recordar donde me los había hecho, y la realidad me golpeó como si de una corriente eléctrica se tratara…


—James… —Sin darme cuenta lo había susurrado en voz alta.

—Santa mierda porque todas estas cosas me pasan a mí. —Volví a quejarme mientras me veía en el espejo. Recordé que él había tenido sus labios en mi cuello cuando yo estaba paralizada, pensando en Edward.

La estúpida idea de que él no me creería abordó mi mente. Me sentía incapaz de contarle todo lo que había pasado con James. No quería volver a recordar, simplemente necesitaba olvidarlo y sacarlo para siempre de mi mente. Lo peor de todo es que costaba demasiado, más de lo que pude llegar a imaginar.

Definitivamente la palabra felicidad no pertenecía a mi diccionario. Escapaba de mis manos como si de humo se tratara. No podía ser tan difícil tener una vida completa y sin ningún tipo de inconvenientes a su lado. Aunque para este momento yo ya empezaba a pensar que era misión imposible.

Reaccioné de la manera que me pareció más oportuna. Lo único que podía hacer era quitarme esas horribles marcas a como de lugar.
Intenté restregando mis dedos sobre ellas pero solo conseguí que se enrojecieran aún más.
Después lo intenté con agua, jabón, crema, aceite corporal y no sé cuántos potingues más y ni siquiera se habían inmutado. Seguían ahí, como desde el principio. Me rendí pues no conseguía progreso alguno.  

Como por inercia abrí la llave de la bañera, y dejé que el agua fría corriera libre, llenándola. En unos cinco minutos ya estaba completamente llena. Sin quitar mi ropa, pues ya ni de eso tenía ganas, me metí en la fría agua, tiritando por el contraste de temperaturas. Me hundí de lleno y estuve sumergida hasta que mis pulmones reclamaron oxígeno.

Sentía una gran culpa en mi ser, estaba con la mirada perdida, mirando todo y a la vez nada. Observé mi cuerpo detenidamente, pensando en cómo un ser tan perfecto como Edward se pudo fijar en mí, en una simple chica con nada de especial.

Volví a sumergir mi cabeza varias veces, sin dejar de pensar en todo lo que me deparaba el futuro.
Soledad, eso es lo único que yo podía tener a partir de este momento. Edward se iría de mi lado, después de ver que mi pasado era una carga demasiado grande.
Él no soportaría estar con una persona que cargaba con tantos problemas, con algo tan oscuro que la atosigaba.

Sabía como era él y que intentaría apartarme de su vida de la manera más suave e indolora. Alegaría que necesitaba un poco de paz y yo simplemente lo dejaría ir, porque no soportaría ver como sufre y se amarga a mi lado.
Él necesitaba una persona fuerte, feliz y sin problemas para poder progresar y crear una hermosa familia.
Lo haría por su bien, por su felicidad, aunque eso significara mi tortura.

Más recuerdos de James tocando mi cuerpo invadieron mi mente, haciendo que me estremeciera sintiendo un enorme asco. Pude apreciar que mis brazos tenían pequeñas manchas ennegrecidas que seguramente eran de la presión que él había hecho al agarrarme.
Era tan egoísta de su parte, arruinó mi adolescencia, mi vida entera llenándome de complejos y cuando ya había podido superar una mínima parte de todo lo que sus humillaciones provocaron en mí volvía a aparecer para destruirme nuevamente.


Como por inercia cogí mi esponja rosa y eché un poco de gel con olor a fresias y restregué mis brazos con ella, con más energía de lo normal, dejando toda mi piel enrojecida y dañada mas no me importó, solo quería quitarme las asquerosas marcas que James me había causado. Me sentía sucia, humillada y con una horrible herida latente en mi pecho.

Pensar en él solo me causaba repulsión. Cuando mi mente pudo recobrar un poco de la cordura olvidada, un deja vú de la vez en que James abusó de mí vino a ella. Recordaba que esa vez había hecho los mismos actos que hoy. Restregar mi cuerpo con jabón mezclado con el agua helada de la bañera mientras las lágrimas inundaban mi rostro.
Quería quitar toda la suciedad que veía por mi cuerpo, las huellas de su toque, de sus asquerosas manos, su saliva de mis labios y los restos de su olor.

Llevaría unas cuantas horas en la misma posición y en el mismo lugar. Mi cuerpo parecía querer entrar en hipotermia y aún así yo no quería salir. Aún sentía esa pesadez en mi alma que hacía que sintiera un nudo asfixiante en mi garganta. Las lágrimas no dejaban de caer como dos torrentes embravecidos. Vi por la pequeña ventana como todo estaba oscuro y la luna llena era lo único que iluminaba el cuarto de baño, por lo que supuse que Edward no tardaría en llegar. Toda la casa estaba envuelta por la penumbra y el absoluto silencio el cual solo era roto por mis hipidos y castañeos de dientes.

Dejé mi mente completamente en blanco, porque sentía que de un momento a otro la locura sería superior a la cordura y quería estar en mi sano juicio cuando él se marchara para siempre. Quería tener un último recuerdo de su bello rostro y de sus perfectos rasgos. Guardar dentro de mi mente una foto hecha con mis ojos a la cual poderme aferrar para poder sobrevivir y recordar que alguna vez y durante un corto tiempo fui completamente feliz. 

Escuché el tintineo de las llaves ser agitadas al abrirse la puerta, un golpe seco cuando esta fue cerrada y unos cuantos pasos recorrer los primeros metros de la casa.
Sabía lo que él estaba haciendo en cada momento. Primero dejaría su chaqueta, se desabotonaría los primeros botones de su camisa blanca y dejaría encima del pequeño mueble de la entrada su negra corbata. Pasaría los dedos por su cabello y con una hermosa sonrisa subiría en mi busca.

Quise moverme, intenté de varias maneras estirar mis entumecidos miembros y acallar el castañeo de dientes y los fuertes hipidos. Cuando quise simplemente mover una pequeña porción de mi cuerpo un fuerte dolor punzante lo atravesó y me hizo quedarme totalmente paralizada. Sentía mis labios totalmente pálidos y fríos y como la temperatura de mi cuerpo se perdía irreversiblemente.

Escuché unos rápidos pasos avanzar de un lado a otro por toda la planta inferior de la casa. Eran acompañados por una lejana voz, de la cual percibí mi nombre ser llamado en desesperados gritos.
Quise contestar y decirle que no se preocupara, pero nada de mi cuerpo quería obedecerme y solo pude quedarme con la mirada totalmente perdida en la nada.
Sentí sus pasos más cercanos avanzar por las escaleras y llegar al dormitorio. No tardaría en encontrarme.

¡Bella!, ¡Bella! —Volví a escuchar. Su voz cada vez estaba más cubierta por la desesperación.
La puerta del baño fue abierta abruptamente y un jadeo desesperado abandonó sus labios.
Sus manos se introdujeron en el agua y su cuerpo se estremeció por la baja temperatura.
Me llamaba pero solo percibía sus labios moverse, pues ni siquiera había podido girar mi rostro para observarlo.

Me sacudió mientras me llamaba y desesperado porque yo actuara como un ser inerte colocó sus brazos en los sitios correctos bajo mi cuerpo y lo sacó de la fría agua que se clavaba en mi piel como finas cuchillas.
Me apretó contra su cálido cuerpo y por inercia agarré su camiseta, apretándome contra su cuerpo como un pequeño cachorrito asustado.

Me llevó a la cama y quitó mi ropa rápidamente, colocó una bata gruesa y de lana sobre mí. Restregó mi cuerpo para hacerme entrar en calor y en un rápido movimiento volvió a cobijarme en sus brazos.
Sentía mi corazón latir fúrico y la extraña sensación del calor inundarme completamente.
La seguridad y la fortaleza que él podía trasmitirme eran increíbles.

Bella… Por favor dime algo, respóndeme amor… —Su torturada voz me hizo volver en sí y poder elevar mi mirada para poderme encontrar con sus verdes ojos llenos de preocupación.
—Edward… —Susurré.
—Estoy aquí amor, mírame. ¿Qué sucede? —Se arrodilló a mis pies ya que yo estaba sentada en la cama.
—Ha vuelto Edward, él ha vuelto… —Fue lo único que pude decir aún sollozando, sabía que él entendería a quien me refería.

Desde un principio nunca quise que se enterara de esta situación, pero estaba claro que no se lo podía ocultar después de todo. Meterlo en este embrollo era lo que menos deseaba, pero cuando me di cuenta de que las palabras habían salido libres por mi boca, sin retorno, ya fue tarde. Él sabía el motivo de porque estaba así y en su mirada solo pude apreciar odio, rencor y enfado.

Lo miré con miedo, pero el esquivó mi mirada. Sé quedó paralizado pero sus abrazos estaban aún alrededor de mi cintura. Y a cada minuto que pasaba los apretaba más, como si me estará protegiendo, como si no quisiera separarse de mi lado. Su instinto sobre protector salió a flote por inercia haciendo que mis alocados latidos se calmaran.

Sin poder resistirme más también me abracé a él y acurruqué mi cara en su pecho, absorbiendo su adictante aroma. No se separó de mi lado en ningún momento, todo lo contrario. Me acercó aún más a él y esta vez acarició toda la extensión de mi espalda. Los temblores habían dejado de atacar mi cuerpo y ahora sentía una cálida sensación de calidez atravesar todo mi organismo.
No puedo asegurar con precisión el tiempo que estuvimos así, abrazados, casi siendo una misma persona. Yo sintiendo su rápida respiración y él la mía. La única diferencia era que yo estaba mucho más tranquila, y el único motivo era él, Edward. La única persona capaz de poderme tranquilizar en un momento como este.

Acerqué más mi cabeza a su pecho, y pude captar el sonido de sus latidos y me deleité con su sonido, sintiéndolo más mío que nunca.  No fui consciente de en qué momento me quedé profundamente dormida, solo supe que al despertar estaba tumbada en mi cama y tapada con varias mantas. Estiré mis brazos hacia ambos lados en su busca. Al no encontrarlo elevé mi cabeza temerosa y solo pude tranquilizarme cuando lo vi sentado al borde sur de la cama.

Sus brazos estaban apoyados en sus rodillas y sus manos restregaban con desesperación su rostro.
Me preocupé, sintiéndome enormemente culpable por hacer que él se encontrara en ese estado. No podía ser feliz y tampoco hacerlo feliz a él, siempre estaba martirizándolo con mis estupideces. Quería que esto acabara de la manera más limpia, no porque no lo amara, sino porque sabía que su futuro estaba estancado junto a mí.

Sentí mis ojos aguarse por la desesperación que me dio verlo en esa actitud tan derrotada, sabía que miles de cosas atravesaban su mente y que no todas eran del todo positivas.
No supe que hacer y la frustración atormentaba mi organismo. Sin pensarlo mucho me acerqué hasta él, gateando por la cama y toqué levemente su espalda, con miedo.

—Edward… —Lo llamé, dejando una pausa para ver si me contestaba. Al ver que no decía nada volví a interceder. —¿Estás bien? —Un sollozo hizo que mi voz sonara estrangulada.
Se levantó bruscamente, haciendo que me quedara totalmente paralizada en mi sitio. La tormenta se avecina y con más fuerza de la normal.
Al girarse sentí como mi corazón se paralizaba. La mueca de dolor y desagrado que atravesaba su rostro era más que notoria.

—Tienes que decirme que fue lo que pasó en la tarde. ¿Qué te hizo James?, ¿te lastimó, te volvió a tocar? —Las palabras se juntaban unas con otras convirtiendo sus frases en algo ininteligible. A pesar de eso no me costó demasiado entender todo lo que me estaba preguntando. Era conocedora de lo que él quería saber exactamente, lo que no sabía era si decirle todo o simplemente cortar todo de raíz.

Intenté hablar, explicarle de la mejor manera posible y aclararlo todo para que no hubiera malos entendidos. Lo intenté cientos de veces pero las palabras se quedaban atascadas en mi garganta, quemándola, incapacitándome para poder contestar a lo único que me estaba pidiendo.
Lo miré fijamente, pensando que sería la última vez y que mi último recuerdo sería un Edward totalmente enfadado sin un atisbo de la hermosa sonrisa que poseía y sin el brillo de felicidad que siempre invadía sus ojos.
Lo estaba destrozando, lenta y dolorosamente. 

—No pasó nada demasiado grave. —Le dije intentando suavizar la situación.
—¿Qué significa eso exactamente?
—Él sólo… Sólo me… —No podía decirle nada coherente.
—¿Qué te hizo? —Su estrepitosa voz me hizo brincar en mi sitio. Bajé la mirada, temerosa de encontrarme con sus ojos, los cuales destilaban furia en su estado puro.
—So…Lo… Intentó golpearme pero pude esquivar la gran mayoría de sus… —Me callé abruptamente cuando escuché sus pasos moverse por el dormitorio.

—Necesito que me digas exactamente que fue lo que te hizo. No me ocultes nada. —Su voz destilaba odio y sus palabras eran dichas entre dientes.
Me quedé callada, totalmente muda, presa del pánico que sentía por el camino que estaba tomando la situación y por el ambiente tenso que se sentía. Parecía que tenía toneladas de cemento sobre mis hombros, haciéndome sentir un diminuto e indefenso ser que solo quería desaparecer y olvidar todo lo que le impedía avanzar en su supervivencia diaria.

—Mírame. —Escuché su voz a escasos centímetros de mí y me estremecí sin poder evitarlo. Su tono seguía siendo duro. Sentía como estaba controlando sus emociones para no explotar en cualquier momento.
No pude evitar el pequeño movimiento de negación que emitió mi cabeza y que fue más que notorio para él. Tenía miedo, no de él exactamente, si no de la situación que se estaba desarrollando.
Colocó su mano suavemente debajo de mi mentón y subió mi cabeza de forma lenta. No apartó sus ojos de mí en ningún momento y yo y mi enorme cobardía no lo miraban, estaban concentradas en un punto detrás de su cabeza.

—Mírame. —Repitió con más dulzura pero aún así yo no pude hacer lo que él me pedía. Quería cerrar mis ojos e imaginar que cuando los abriera esto no era más que una estúpida pesadilla.
Desesperado por mi actitud infantil y la cual no usaba a propósito, elevó mi rostro más que antes, estirando mi cuello al máximo, dejando toda mi dañada piel visible ante sus escrutadora mirada que esta vez si que parecía que echaba fuego.

Su respiración se volvió errática. Sus ojos se movían veloces, observando mi cuello y mis angustiados ojos intermitentemente. Su mirada demostraba recelo y también dolor. Su hermoso iris verde poseía un tono más oscurecido, supongo que debido a todos los sentimientos malignos que estaba sintiendo.
Acarició con sus pulgares las dos marcas que se extendían por mi cuello y una mueca atravesó sus labios.
Aparté bruscamente mi rostro de sus manos, simplemente por el hecho de que no quería que las viera, no quería que sufriera.

Se enderezó y llevó sus dedos índice y pulgar hacia el puente de su nariz, las aletas de esta subían y bajaban fúricamente, demostrando el grado de desesperación y furia que poseía.
No sabía que hacer o que decir para intentar calmarlo un poco.
—¿Edward? —Lo llamé asustada porque se había quedado con la mirada pérdida en algún punto desconocido.
—¿Edward? —Lo intenté de nuevo.
Abrió y cerró sus ojos varias veces y en cortos movimientos se acercó a mí.

—¿Qué fue lo que te hizo exactamente Bella? Dímelo, necesito saberlo.
Con un poco de reticencia le conté lo que había pasado exactamente desde que me encontré con James a la salida del bar de carretera.
—Es estúpidamente temerario que le hayas hecho frente.
—No podía simplemente quedarme quieta, necesita huir, huir de su lado para que no pueda seguir dañándome.
—¿Por qué no me llamaste? —Su ceño se frunció.
—Yo… Yo… No quería preocuparte.
Me miró con incredulidad.

—Eso es una idiotez. —Escupió cada palabra sin ser consciente de que me estaba hiriendo.
—Tenías esa importante reunión y no quise molestarte.
—No tenías derecho a ocultarme una cosa así Bella, no lo tenías.
—Edward… —Intenté protestar pero se levantó de golpe de la cama, asustándome.
—Debías haberme avisado maldita sea, tenía todo el derecho de saber lo que te había pasado.
—Solo pensé que eso era lo mejor para ti. No quise hacer una montaña de un granito de arena. No tiene importancia.

—¿Qué no tiene importancia? —Se río amargamente. —Ese idiota te golpeó Bella, intentó propasarse contigo. Cómo se te ocurre decir que no tiene importancia.
—Puedo controlar la situación.
—No, no puedes Bella. ¿Qué pasará si vuelves a encontrártelo? ¿Me lo volverás a ocultar o irás de heroína por ahí?
Lo miré con total incredulidad.
—Simplemente quería que todo te saliera bien no aumentar mi ego luchando contra James. —Sentía mi pecho doler. —Ya veo que no puedas comprenderlo.

En estos momentos lo veía como un completo estúpido, odiaba el tipo de hombres que pensaban que una mujer era una completa inútil que no podía ni defenderse. Definitivamente no lo imaginé de él. Sabía que todo esto terminaría mal y ya podía hacerme una liguera idea del grado de destrucción que tendría.

—Podría haber sido peor. —Dijo entre dientes.
—Eso ya lo sé Edward, pero solo necesito un poco de confianza.
—Sabes que no podrás enfrentarte siempre a él, solo quiero ayudarte.
—Necesito que tengas confianza en mí, solo un poco Edward. No lo hice con mala intención, simplemente tenía miedo.
—Eso lo sé Bella, pero esto podría haber terminado peor. ¿No lo comprendes?
—No soy estúpida. —Casi le grité. Me levanté de la cama e intenté dirigirme al baño.

No sentí su movimiento, y cuando menos lo esperé había sujetado mi mano. Me jaló hacia su pecho, haciendo que mi espalda impactara contra su duro torso.
—Bella… —Me rogó. —Lo siento. —Me desmoroné totalmente, harta de tener que aguantar las lágrimas que clamaban por salir.
—¿Es que no puedes comprenderlo…? —Pregunté entrecortadamente debido a las lágrimas que caían libres por mis ojos.
—Sé que he sido un estúpido, pero siento que todo esto se me escapa de las manos. —Me giró y atrapó suavemente mi rostro entre sus grandes manos.

—Siento que mi deber es protegerte, cuidarte, amarte y veo que no puedo cumplir con todo lo que me he propuesto. Solo quiero hacerte feliz.
—Soy feliz con solo tenerte a mi lado, pero entiéndeme, esto no es fácil. Solo quiero olvidar todo, vivir en paz.
—Lo sé cariño, pero no puedo estar tranquilo pensando que en cualquier momento él podrá hacerte algo.
—No quiero que estés así. No mereces una vida así. —Otra fina lágrima atravesó mi rostro, me estaba preparando para lo que tenía que decir.

—Tienes… Tienes que alejarte Edward, alejarte de mí. —Abrió sus ojos desmesuradamente.
—¿Qué estás diciendo?
—No serás feliz a mi lado, no podrás tener una vida normal nunca. Los fantasmas de mi pasado siempre me atormentarán y es injusto que te arrastre conmigo a una vida así.
—No puedes decir una cosa así, simplemente no puedes Bella. Pídeme lo que quieras, menos que me aleje de ti.
—Pero no es justo… Yo…
—Yo te amo y podremos con esto los dos juntos.

Me apreté fuertemente contra su torso, llorando amargamente.
—Mereces algo mejor que yo. —Le dije en bajos susurros.
—Tú eres mi mitad Bella y nada ni nadie podrá cambiar eso. Entiende eso, jamás me separaré de tu lado.
Se acercó a mí de forma lenta, como pidiendo permiso para avanzar. Bajó su cabeza hacia la mía, observándome con detenido escrutinio.  Fui yo la que di el paso de acercar nuestras bocas hasta convertirse en una sola, fundiéndonos en un tierno beso, cargado de amor y que sentí como si hubiera sido el primero. Lo necesitaba, lo necesitaba como nunca.

Nos besamos con amor, con ternura. Saboreando los labios del otro con lentitud. Sentía como mi corazón se llenaba más a cada momento. Era suya completamente y no había retorno ante eso.
Sentía como cada porción de mi ser se derretía a cada segundo que sus carnosos y adictantes labios estaban junto a los míos.
No había duda, me amaba y por ese amor lucharía contra todos mis miedos junto a mí, sin soltar mi mano en ningún momento.
No supe cuanto estuvimos así, pero lo que sí supe es que algo bueno había hecho en el pasado para merecer tenerlo junto a mí.

—Bella… —Me dijo Edward con cautela mientras sus pulgares acariciaban mis mejillas. —Necesito saber cuanto te dañó el estúpido de James. —Dijo cada palabra con desprecio. Sabía lo que quería y no dudé mucho en aceptar.
De acuerdo. —Accedí mientras asentía levemente.
Con manos firmes y suaves movimientos volvió a observar mi cuello, acariciando suavemente las dos marcas vistas anteriormente. Gruñó en cuanto dejé escapar un gemido de dolor.
Estiró mis brazos con delicadeza y frunció el ceño cuando vio dos hematomas, una en cada brazo, cerca de mi muñeca derecha y mi codo izquierdo.

Quité mi camisón lentamente, sintiéndome un poco cohibida por su atenta mirada. Había estado desnuda delante de él en muchas otras ocasiones, pero mis miedos y dudas sobre mi propio cuerpo aún no se iban de mí y por lo tanto me hacían sentir insegura.
—Bella… —Gruñó. No supe si fue por ver mi desnudez completa o por haber encontrado otra herida.
—¿Qué sucede?
Acarició los laterales de mi cadera con suavidad, haciendo que mi cuerpo se estremeciera sin poder evitarlo. Un escalofrío atravesó mi espina dorsal, lo cual provocó que mi cuerpo temblara.

Bajé mi mirada hacia donde sus manos acariciaban y percibí rápidamente una gran marca morada en mi cadera, podía observar como se parecía bastante a la marca de unos dedos, sus dedos. Gemí en voz baja debido a la repulsión que atravesó mi cuerpo al recordar cada acontecimiento vivido.
—Estás demasiado herida. —Su voz era un susurro debido a que estaba conteniendo su enfado.
—Solo son hematomas. —Intenté convencerlo y convencerme a mí misma de que solo eran eso. Intenté borrar los actos que los provocaron.

—No solo son hematomas Bella. Ese idiota se atrevió a tocar a lo que yo más amo en el mundo, lo que yo más aprecio en mi vida. Te lastimó, te hirió y eso es como si me lo hubiera hecho a mí el doble de fuerte. Solo quiero que rece Bella, porque si yo lo encuentro sé que no podré controlar mi ira y le enseñaré a respetar lo que es mío, a respetar a una mujer y le dejaré claro que como se vuelva a acercar a ti no vivirá para contarlo. —Abrí mis ojos ante sus palabras, jamás lo había visto así.
Una sensación de felicidad, paz y amor atravesó mi cuerpo. Me sentía protegida, completa y amada. No necesitaba nada más.

—No Edward, no puedes manchar tus manos con él, no merece la pena. —Sonreí suavemente.
—No puedo dejar pasar esto Bella. Yo te amo y le enseñaré que no tiene derecho a interrumpir en nuestras vidas.
—No te merezco. —Le susurré mientras hundía mi rostro en su cuello.
—Te amo, te amo, te amo… —Susurré constantemente.
Me abrasó fuertemente, apretando todo mi cuerpo contra el suyo. Mi corazón latió fúrico cuando me di cuenta de la situación en la que me encontraba.
—Bella. —Gruñó cuando prácticamente y por “accidente” me froté contra él.
—Te quiero en mí amor… —Mordí su cuello suavemente.
Necesitaba sentirme amada por sus besos, por sus fuertes manos, por su cálido cuerpo, por todo él entregándose de esa manera tan única que poseía.

—Estás herida. —Susurró.
—Tendremos cuidado. —Me acerqué a sus labios y sin mucha espera lo besé dulcemente, sintiendo mi cuerpo derretirse.
Sentía esa gran desesperación de querer sentirlo mío atravesar todo mi cuerpo. Quería nuestros cuerpos unidos de la manera más intima, quería sentir cada porción de su piel volverse una con la mía. Quería borrar el recuerdo de James tocándome y guardar en mi mente solo los recuerdos de Edward haciéndome el amor dulcemente, sin dejar de lado la pasión y el desenfreno.
Lo necesitaba como mujer y como amante.

Me apreté más contra su tonificad anatomía, me estremecí al sentir nuestros cuerpos unidos. Su ropa se estaba convirtiendo en un fastidio para mí así que con movimientos suaves, pues mis brazos dolían, saqué su camisa y me deleité con su perfecto torso. Me perdí en sus músculos y disfruté al ver la grandiosa “V” que se formaba en sus caderas, conduciéndome hacia el paraíso de placer que ocultaba.

Acaricié su cuerpo lentamente y mordí mis labios por el deseo que sentía atravesar mi cuerpo. Un ronco gruñido atravesó los labios de Edward que en un brusco movimiento me elevó, haciendo que envolviera mis piernas en su cadera. Me llevó hacia la cama y con más delicadeza me tendió sobre ella. Colocó su cuerpo sobre el mío y atacó mis labios sin piedad.

Me sentí flotar cuando acarició cada rincón de mi anatomía. Sus manos viajaban suaves por toda la extensión de mi cuerpo, siendo más delicadas en los lugares que los hematomas estaban establecidos.
Besó, acarició y recorrió todo mi cuerpo. Llevándome a un mundo cargado de un placer que me cegaba y que me hacía gritar incontrolablemente.
No tardé mucho en desvestir su cuerpo y dejarlo en las mismas condiciones en las que yo me encontraba.

Me deleité más que nunca de su cuerpo desnudo, pues llevaba todo el día angustiada pensando en que lo perdería para siempre.
Grité más aún cuando besó y lamió mis pechos con maestría, haciendo que mis pezones se endurecieran en cuestión de segundos. Edward conocía todos los rincones de mi cuerpo y majestuosamente me elevaba hacia el paraíso en cada entrega. Él lograba hacer que me sintiera una mujer completa, una mujer que puede proporcionar placer a partes iguales.

Intenté devolverle un poco de todo lo que me estaba dando, pero él me detuvo reticentemente, alegando que esta noche era mía y que él se haría cargo de todo.
Selló sus palabras con un beso avasallador, haciendo que mi coherencia desapareciera sin poder retenerla.
Cuando llegó el momento de unirnos completamente me sentía desesperada por tener más de él, y por eso no pude acallar los gritos y gemidos desesperados cuando se introdujo lentamente en mí, mientras besaba mis labios y acariciaba mis caderas.

Me aferré a su espalda, con brazos y piernas, como si fuera mi última esperanza de salvación.
Sus movimientos eran precisos, haciéndome sentir que flotaba en una nube en la que solo existíamos él y yo. El mundo desapareció ante mis ojos y solo podía ver su rostro cargado de placer, sus ojos oscurecidos por el deseo y su cuerpo moverse dentro de mío con excelente maestría.

Me elevó a la cima del placer absoluto, de la cual me costó más que nunca bajar. Me sentía totalmente complacida. Mi cuerpo había perdido la motilidad y me había convertido en un ser inerte con la respiración y los latidos avanzar a mil por hora.
Mordí su cuello sin poder evitarlo y disfruté del adictante sabor que su piel poseía, mezcla de su colonia y su olor personal.

—Te amo. —Le dije con la respiración errática.
—Y yo Bella, no sabes cuanto.
—Gracias por esto, verdaderamente necesitaba sentirme amada por ti, necesitaba sentirme una mujer completa.
—Lo eres Bella, eres mi mujer, mi mujer perfecta. —Me besó tan tiernamente que sentí mis ojos aguarse.

Me acurruqué a su lado y apoyé mi rostro en su pecho. Apretó mi cadera con delicadeza hacia su cuerpo y besó mi frente antes de que cayera en los brazos de Morfeo totalmente rendida.
Abrí mis ojos lentamente, sintiendo su respiración en mi nuca y sus brazos alrededor de mi cintura. Sonreí, pensando que solo había dormido unas pocas horas y cuando quise acurrucarme a su lado y seguir durmiendo percibí la brillante luz del sol que se colaba entre las cortinas.

Gruñí con molestia, pues aunque me hubiera gustado seguir durmiendo necesitaba hacer primero lo que me prometí hacer ayer para poder vivir completamente tranquila y volver a recuperar la felicidad en la que me sentía envuelta cuando estaba a su lado.
Dudé, cuando lo vi dormir tan plácidamente, en si dejarlo dormir e ir sola o despertarlo para que me acompañara.
No quería despertarlo pero me sentía egoísta al ocultarle lo que quería hacer.

Quise dejarlo dormir un poco más mientras yo me arreglaba pero cuando hice un intento de levantarme sentí sus brazos apretarme más contra su cuerpo y su sonrisa resonar por todo el dormitorio.
—Nunca podrás escapar de mí. —Río a la par que yo.
—Jamás lo intentaría. —Le dije después de girarme.
Nos besamos pausadamente y después le dije que planeaba hacer algo para mejor la situación en la que vivíamos.

—¿Qué es lo que vas a hacer exactamente?
—Quiero… —Titubeé. —Quiero ponerle una denuncia a James. —Lo dije lo más rápido que pude y esperé por su reacción.
Acarició mis mejillas suavemente y acercó mis labios a los suyos mientras sonreía.
—Me parece fantástico. —Pronunció muy cerca de mis labios, me estremecí.
—¿De verdad?
—Sí, tienes mi apoyo completo e incondicional. —Sonreí y dejé que sus labios atacaran los míos con dulzura y amor.
Me sentía más feliz aún.

Tuvo que ir a su departamento para cambiarse de ropa, pues la única que tenía en el mío era el costoso traje que usó el día anterior y no era la vestimenta adecuada.
Me costó despedirme de él, a pesar de que sabía que en menos de una hora lo volvería a ver.
Aproveché para ducharme y cambiarme de ropa, cepillé mi pelo lentamente y maquillé mi rostro con tonos suaves y naturales.
Justo cuando acababa de guardar mi monedero en mi bolso el timbre sonó. Con una sonrisa abrí la puerta.

—Ho… —La palabra se quedó atascada en mi garganta cuando sus labios atacaron los míos.
—Eres demasiado adictante. —Sonrió y yo lo imité a duras penas pues me había quedado en blanco.
—¿Podemos ir andando? —Pregunté cuando vi que se acercó a la puerta del pasajero de su volvo.
—Claro que sí. —Sonrío.
El día era estupendo, el sol brillaba en todo su esplendor y la tentación de dar un paseo fue superior a mí.

Llegamos al parque que limitaba con mi casa y decidimos atravesarlo para acortar camino en vez de rodearlo.
A esas horas prácticamente estaba desierto, a excepción de algunas personas que hacían footing o algún deporte aprovechando el buen tiempo.
Hablábamos de temas trascendentales mientras reíamos abiertamente. Tan solo éramos una pareja normal disfrutando el buen tiempo.

Llegamos al centro del parque y descubrimos que estaba totalmente desierto. Era una parte pequeña que se estrechaba según avanzaba el camino y por eso pensé que había poca gente.
Estiré mi cuello para poder ver bien sus verdes ojos cuando me hablaba y él lo tomo como una iniciativa para besarme. Me quedé aturdida con su arrollador beso y no pude separarme de sus labios, carnosos y dulces.

—Vaya vaya… Qué ven mis ojos. —Me tensé cuando la voz de un hombre llegó a mis oídos. Dejé de mover mis labios al compás de los de Edward cuando caí en la cuenta de quien era el dueño de esa voz.
Edward y Bella, la pareja feliz. —Dijo James con desprecio.
Sentí un dolor punzante en mi mano, y en cuanto bajé la mirada vi la mano de Edward apretar con tanta fuerza la mía que empezaba a lastimarme.
Como por inercia Edward colocó sus manos en mi cadera y me posicionó detrás de él, protegiéndome de James.

Vaya que bonito. —Dijo él sin apartar su mirada del agarre de Edward a mi cintura. Hizo un ademán en acercarse, y todo pasó tan rápido que antes de que pudiera parpadear vi a James en el suelo, con las manos en su nariz y un poco de sangre brotando por entre sus dedos.
No sabía como había pasado eso, pues ni siquiera me había percatado de que Edward se había separado de mi lado.

Lo sentí moverse delante de mi cuerpo y antes de dejar escapar un chillido histérico vi como Edward se abalanzaba hacia James, el cual estaba aún tumbado en el suelo quejándose por el primer golpe de Edward.
Cerré mis ojos impulsivamente al ver como la gran y fuerte mano de Edward se estampaba contra la cara de James.



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Hello People! :)
Sí, ya sé que dirán que soy una impresentable por haber pasado tanto tiempo sin publicar. Lo sé y lo siento mucho pero esta vez no fue por culpa de los estudios, las personas que hayan pasado por mi blog sabrán la razón por la que no he publicado y para las que no solo les resumo que mi Pc se dañó y ha pasado mucho tiempo en el técnico, hace poco me lo dieron y quise publicar el sábado pero fue mi cumple :P, jejeje, así que no pude.

Nenas lo lamento mucho pero esta vez si que no fue mi culpa, quise escribir en el Pc de mi padre y lo intenté, escribí un one-shot como recompensa y tenía este y el capítulo de errores casi terminado pero la tonterada de ordenador los borró así porque sí y me dolió mucho :S

Solo espero disfruten de este capítulo, que está más o menos largo, cargado de novedades y con más intriga en el camino, jejeje.
Estoy haciendo todo lo posible para ponerme al día con todo, solo denme un poquito más de tiempo. :D

Por cierto, estoy en Facebook: Búsquenme como Karen Crazy Cullen.
Allí las mantendré informadas con las novedades y podré comunicarme con ustedes en situaciones como estas, que espero no se repitan.

Muchos Kisses nenas! :D
By: Crazy Cullen.


1 comentario:

  1. OMG!!!! no me mates por favor por favor me dejas a medias please no tardes en subir el proximo cap. esta uffff para comerse las uñas de las manos y pies jejeje te felicito te que super este cap. un abrazo

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