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La historia "La razón de mi existencia" está siendo modificada. Estoy corriguiendo faltas ortográficas y argumento. Hay 19 capítulos corregidos. Disculpen las molestias :)

viernes, 14 de octubre de 2011

Capítulo 17: Secretos ocultos.


Capítulo 17: Secretos ocultos


Pov Edward:


Me solté de su agarre y lo desafié. Sequé mis traicioneras lágrimas y me alejé más de su lado. 

La sorpresa e incredulidad se vio reflejada en su rostro. Su mirada expresaba culpa y dolor mas no me afectó, nada lo haría ahora. Otra lágrima surcó mi rostro y junto a ella le acompañaron más. Quise detenerlas pero no pude. El dolor en mi cuerpo era irresistible, y sólo entendí que estaba destinada a aprender de mis errores. 


El calor se evaporó de mi cuerpo instantáneamente cuando ella se zafó del agarre de mi mano y se alejó de mi cuerpo. Un sudor frío y espeluznante recorrió mi espina dorsal, haciéndome estremecer. La miré con súplica, sabiendo que todo lo que le había dicho no estaba para nada justificado. Por un momento la cordura abandonó mi cerebro y escupí palabras que no sentía para nada y que, además, sabía la habían herido profundamente. 

Me cegué completamente. Verla en el suelo, encima de aquella desconocida, golpeándola con rabia y fuerza me desconcertó tanto que el impacto me hizo perder la cordura por unos minutos, que fueron más que suficientes para echar todo lo que habíamos construido por la borda. 

Su mirada estaba puesta sobre mí, con tanta potencia que aparté mis ojos de su rostro, como un completo cobarde. Sabía que merecía una explicación, algo, pero no fui capaz de articular palabra alguna. Ver sus lágrimas cayendo con tanta velocidad por su rostro me enmudeció y me hizo querer golpearme por haber sido un completo idiota con ella. 

Tenía un concepto de Bella, tan completamente diferente a lo que vieron mis ojos que me desconecté de mi verdadero yo y quise exigir respuestas con violencia. Sabía que su pasado no fue el más tranquilo o limpio y, aunque se había negado a contármelo, me hacía una liguera idea de lo mal que debió pasarlo para haberse comportado de esa manera brusca y tan diferente a como es habitualmente: dulce, amorosa y amable. 

Sentí un aura a mi alrededor, como si una nube espesa se hubiera posicionado sobre mis hombros, aprisionando mi cuerpo con fuerza y haciendo que me sitiera pero a cada segundo que pasaba. 

Escuché un hondo jadeo cargado de tristeza y desesperación, por lo que me obligué a elevar la mirada y a enfrentarme a sus orbes chocolate. Lo que vi se clavó como dagas en todo mi ser. 
Ya no poseía ese dulce tono amable y bondadoso. Ahora sus ojos, enrojecidos por las lágrimas, se veían oscuros y tétricos. Había una capa de dureza sobre ellos, y yo sabía que tan sólo era una barrera para esconderse de mí y para protegerse, como si yo fuera a ser tan estúpido como para volver a dañarla. 
Aún así, a pesar de su gruesa barrera, yo fui capaz de ver más allá, y no me pasó inadvertido el brillo de decepción y dolor que había en el fondo de su mirada. Verla así, tan dolida y rota, fue como un latigazo que hizo vibrar mi cuerpo tan potentemente que sentí desesperación. 
Imaginar todo lo que atravesaba su mente ahora mismo me dolió en lo más profundo, sabiendo que estaría imaginando que no la amaba como le había jurado y que sólo estaba jugando con ella. 

Perdí su confianza, aquella que le costó tanto otorgarme, en tan poco tiempo que supe que recuperarla, si es que me lo permitía, me llevaría un gran esfuerzo, uno que estaba dispuesto a hacer incluso con los ojos cerrados y en contra de su voluntad. No podía perderla, la idea de no volver a estar con ella me dañó tanto que yo también sentí las lágrimas al borde de mis ojos. 

Cavé hondo en sus heridas, sin dignarme a pensar en el daño que le causaba. Hasta que no vi sus llagas sangrando no fui capaz de detenerme a pensar en lo que estaba diciendo. 
Ninguno de los dos se atrevió a decir nada. Un incómodo silencio se estableció entre nosotros. Sus ojos me pedían una explicación, pero yo no podía dársela porque no existía. Mi comportamiento no tenía explicación alguna, sólo actué sin cabeza y ahora estaba muy arrepentido. En cuestión de minutos cambié su sonrisa, su felicidad y su mirada amorosa por un conjunto de sentimientos que sólo trasmitían dolor e incredulidad. 

Negó con la cabeza con un movimiento casi imperceptible que, si no fuera porque la observaba con completo escrutinio, hubiera pasado desapercibido para mí. Secó el rastro de sus lágrimas con el dorso de su mano mientras no dejaba de negar. Finalmente apartó su mirada de la mía y lentamente se dio la vuelta y comenzó a caminar por el pasillo en el que nos encontrábamos, dirigiéndose hacia las habitaciones del final. Su cuerpo se contoneaba en pequeños movimientos y parecía como si sus piernas no fueran capaces de sostener su propio peso. Capté que una zona del encaje de su vestido estaba rasgada y que unos cuantos brillantes que lo acompañaban habían sido jalados con furia, dándolos de sí y arrancándolos de la tela. Me estremecí. 

Mi cerebro por fin logró mandarle órdenes a mis piernas y estas avanzaron apresuradas. En un par de zancadas la alcancé. Tomé su brazo derecho y lo apreté con la suficiente fuerza como para detener su caminar. 

—Suéltame Edward —su voz fría me estremeció. 

—Bella… —susurré—. Por favor, perdóname. Te-tenemos que hablarlo… —Mi tono de voz era suplicante. 
—Suéltame. —Repitió con menor convicción.
—Bella… —le susurré con voz quebrada. 
—No…
—Por favor… —sentí mis ojos aguarse por la desesperación de sentir que la había perdido—. Déjame explicártelo. 
—Suéltame. —Repitió por tercera vez. 
Y lo hice. Hice caso a su única petición. No podía retenerla en contra de su voluntad. Que hiciera lo que me pedía es lo mínimo que se merecía.

—Tengo que irme. Tengo que irme ahora mismo de aquí. 

Dio unos cuantos pasos hacia atrás y hacia adelante, como si se encontrara perdida y buscara una salida desesperadamente. Removió su cabello y parpadeó con velocidad. 
—¿Irte?
—Necesito salir de aquí, de este sitio, lejos de ella, lejos de todos. 
Hablaba sin control. Se encontraba completamente ida, como en trance. 
—¿Bella?, ¿estás bien? —Me sentí hipócrita haciéndole esa pregunta. 
—Ella lo va a llamar, él vendrá a por mí nuevamente y no podré detenerlo. Nadie podrá detenerlo. 
—¿Quién va a venir? 
—Todo se está repitiendo otra vez y yo no puedo hacer nada para impedirlo. 
Murmuró otras frases que no logré comprender. Su comportamiento me preocupaba sobremanera y lo peor era que no sabía qué hacer. 

—Bella, Bella reacciona por favor. 

La agarré por los hombros y la sacudí levemente, ejerciendo la fuerza necesaria. Se calló abruptamente y me miró por unos segundos antes de parpadear un par de veces y alejarse de mi toque en un brusco movimiento que me sobresaltó. Me dio la sensación de que mis manos habían quemado su piel. 
—N-no, no me toques… 
—¿Por qué? 
—T-tú la has defendido a ella, a Victoria. 
Bajé mi mirada ante sus palabras, comportándome como un completo cobarde. 
—Nunca me cansaré de decirte cuanto lo siento. Sólo necesito que me perdones. 
—¿No comprendes que no puedo perdonarte? Yo… es imposible. 
Una sensación de vacío y terror recorrió todo mi cuerpo, descomponiéndolo y dejándome pegado al suelo, recto y petrificado como una estatua. 

—Ha-haré lo que me pidas, lo que sea, cualquier cosa, pero por favor… 

—No se trata de un intercambio de favores. No se trata de nada de eso. La has elegido, a ella…
—¡No! —Se sobresaltó ante mi negación—. Nunca elegiría a nadie que no fueras tú. Yo… yo sólo me sentí confundido y no sabía lo que estaba diciendo. 
—Ella tenía razón… en todo. 
—¿Qué ha dicho?
—Lo sabía, lo sabía todo y por eso estaba tan segura cuando me lo dijo. Te ha estado observando y no falló con su veredicto. 
—¿Qué te ha dicho? —Pregunté ansioso. 
—Estás conmigo por entretenimiento, por pura diversión… 
Las lágrimas brotaron de sus ojos con fuerza, derramándose por sus mejillas y muriendo en sus labios y barbilla. 

—Eso es mentira. Créeme por favor, es una mentira enorme. 

—No, ella tenía razón, acabas de demostrarlo… 
—No la conozco de nada. Nunca le he visto y mucho menos he hablado con ella. Es la primera vez que la veo, ella no sabe nada de mí y tampoco de lo que siento por ti. 
Bella iba a protestar, pero algo de lo que dije la dejó muda y la hizo llorar mucho más. Analicé mis palabras y no comprendí nada. 
Se rio, con una risa vacía y sin sentimiento mientras las lágrimas no cesaban de descender por su rostro. Negó con la cabeza y limpió el rastro de estas. 
—Es verdad, no la conoces, nunca la has visto…
—Es así.
—…Nunca has hablado con ella pero sólo bastaron dos segundos para que la defendieras, para que te pusieras de su lado. 

Su risa irónica y sus palabras acabaron de enterrarme por completo. 

—Yo no… 
—Dime qué fue. ¿Su belleza?, ¿su cuerpo perfecto? Dímelo, merezco saberlo. 
—No, Bella, no. Estás muy confundida. 
—Es más alta que yo y más delgada y salta a la vista que mucho más hermosa. No es tan complicado de comprender. 
Quiso aparentar valentía pero no podía detener sus lágrimas. Me sentía en un callejón sin salida. Un callejón oscuro y tétrico. 
—No me he fijado en ella. Nunca lo he hecho. No me importa si es más alta o más delgada, o lo que sea que atraviesa tu mente. Sólo me importas tú. 
—Tienes una manera extraña de demostrarlo. 
—Sé que he hecho mal, sé que he sido un completo idiota por herirte de esa manera. Lo siento, lo siento de verdad. 

Negó con la cabeza y volvió a secar sus mejillas. 

—¿Fue fácil para ti trabajar con tantas mentiras?, ¿has sido sincero durante todo este tiempo? 
—¿A qué te refieres?
—¿Cuánto te divirtió decirme que me amabas, que lo era todo para ti? 
—Nada de lo que te he dicho ha sido mentira. Nunca jugaría con nadie de esa manera. 
—¿Te divirtió ganarte mi confianza para luego echarlo todo por la borda?, ¿estás satisfecho con el reto, con el resultado, o quieres más? ¿Hasta dónde pretendías llegar de todas maneras?
—Estás siendo incoherente. 
—Estoy siendo realista. Lo que más me duele es que yo sí lo di todo. Te entregué todo lo que tenía, todo lo que me costó llegar a ser… Para nada…

Sentía que mi corazón estaba siendo destrozado a cuchillazos. Cada palabra que salía de sus labios se clavaba con un veneno hiriente y dañino en mi pecho. La había jodido. Destrocé cada partícula de ella y ahora me las estaba pagando con creces. 

—¡Detente Bella, detente de una vez! 
—¡No! 
Quiso seguir hablando, pero se lo impedí acercándome hacia ella en un rápido movimiento que le cortó el habla. Agarré sus mejillas entre mis manos e hice que su mirada se conectara con la mía. 
—Te amo, maldita sea. Te amo como jamás pensé que lo haría con nadie. Eres todo lo que tengo, todo lo que soy, y no pienso permitir que una mujer que no conozco de nada arruine todo lo que somos, todo lo que hemos logrado. Olvida todo lo que ella te dijo, absolutamente todo porque es mentira. Sólo intentaba herirte, confundirte. La he cagado lo sé, y te pediré perdón cuantas veces haga falta, de la manera que sea. Ahora escúchame bien. Nunca, desde que te conozco, te he dicho una sola mentira. Te amo con toda mi alma y no estoy dispuesto a perderte. 

Antes de que pudiera protestar o negarse a mi toque atrapé su boca con la mía en un beso apasionado que nos cortó la respiración a los dos. Degusté su boca, sus labios, su sabor, todo. Me embebí de sus suspiros y de sus intentos de protesta. Le entregué todos mis sentimientos en ese beso, en las caricias que le estaba dando a su mejilla y a su cadera. Le entregué todo lo que había en mí y le demostré que mis sentimientos hacia ella eran lo único de lo que estaba cien por cien seguro. Era lo mejor que he tenido nunca y no pensaba renunciar a ella por un maldito malentendido. 

La presioné contra mi cuerpo, robándome sus sentidos y sus suspiros.  
—Lo único de lo que puedo estar completamente seguro es de que te amo, de que no hay ni habrá nadie más que tú. Me complementas. Créeme por favor. 
Me observó con detenimiento y vi como se resistía a creerme, aunque su corazón latía al mismo compás que el mío. 

—No puedo creerte. No debo creerte. 

Se volvió a alejar de mí y se separó mucho más en esta ocasión, dejándome con las manos en el aire y con la respiración entrecortada. No había vuelta atrás, nada de lo que pudiera decir lograría convencerla. 
Su mirada parecía perdida en sus recuerdos, en unos dolorosos y atormentados recuerdos que evitaban que volviera a la realidad y al presente. Su cuerpo estaba conmigo, frente a mí, pero su mente no. Su mente se encontraba divagando en el pasado y por alguna razón no parecía poder volver en sí. 
La había perdido por completo, y me sentía tan aterrado que cada músculo de mi cuerpo estaba paralizado y sin vida. Nada de lo que hiciera lograría volverla en sí. Encontrarse con aquella mujer, con Victoria, le había afectado más que todo lo malo que llegué a decirle. Su pasado se estaba mezclado con su presente y parecía haberla engullido por completo. 

—Bella vuelve a mí por favor, te lo suplico. 

Me miraba con atención pero yo sabía que sus ojos estaban perdidos y que su mirada no estaba puesta en mí. 
Me acerqué de nuevo, sorprendiéndome de que no se alejara de mí en esta ocasión. 
—Estoy aquí, estoy contigo, no dejaré que te pase nada. 
Parpadeó con fuerza y velocidad, demostrándome que ya era consciente de donde se encontraba y de que sus sentidos volvían a funcionar. 
—Ya los has hecho, ya está pasando. 
Al desviar la mirada me concentré en otras partes de su rostro que no fueran sus ojos y por primera vez vi el par de arañazos que tenían en las mejillas, las cuales estaban más enrojecidas de lo normal. 
Acaricié sus pómulos y me estremecí ante su mueca de dolor.  

—¿Ella te hizo esto? 

—Supongo que no es nada comparado con lo que yo le hice. 
—¿Te duele? 
—Es un poco tarde para preguntarlo. Ni siquiera sé por qué te estás preocupando. 
El rencor volvía a apoderarse de ella y yo no iba a culparla nunca de su comportamiento desconfiado y enfadado para conmigo. 
—Nunca deseé que te pasara nada malo. 
—No te importo tanto como quieres hacerme creer. No sé por qué estás aquí. 
—Estoy aquí por ti, porque eres lo más importante que tengo. 
—Si caminas todo recto y giras a la izquierda podrás encontrar a Victoria. Estará planeando la manera de destruirme nuevamente, quizá te interese ayudarla. O quizá te deje curar las heridas que le provoqué. 

Ignoró por completo mis palabras y habló con un tono cargado de odio y rencor que aumentó el escalofrío que atravesaba mi espalada. 

—Ella no me importa en absoluto. ¿Qué estupidez es esa de creer que haré una especie de pacto con ella para destruirte? 
—Ya lo has empezado y ni siquiera te has dado cuenta —rio con ironía—. Ve Edward, ve con ella, no te necesito aquí conmigo. Podré recuperarme de esto sola, siempre lo he hecho. 
—No voy a irme. 
—Quiero que te alejes. Esto acabó aquí. Nunca he sido lo suficientemente buena para nadie y tampoco te haré bien. 
—No me pidas algo imposible. 
—No te lo pido, tú lo has decido. Lo elegiste. 
—Ha sido un error, un tremendo error. 
—El error ha sido creer que esto funcionaría, que seríamos capaces de estar juntos sin herirnos. 
—Podremos con esto. Mi destino es estar junto a ti, por favor… 

Vi el amago de negación que quiso hacer y, desesperado porque no encontraba la manera de que me perdonara, la jalé hacia mí en un movimiento para nada delicado y, agarrando sus muñecas debido a su resistencia, la besé con frenesí y pasión. Trasmitiéndole mi miedo a perderla, mi amor hacia ella y mi respuesta a su petición. No la dejaría ir nunca. 

Insistí con mis labios sobre los suyos, pero no obtuve respuesta alguna de ella. Estaba paralizada, tan quieta como un monumento. 
Presioné sus manos entre las mías y acaricié su baja espalda con una de ellas. La pegué hacia mi cuerpo lo máximo posible, pero no reaccionó. Con dolor y frustración me separé de ella y la miré con tristeza. 
—¿Qué puedo hacer para que me perdones? 
—Llévame a casa, sólo quiero irme a casa. 
—Pero nosotros… 
—Se lo pediré a Alice. 
—¡No!, yo lo haré. 
No desperdiciaría ni un momento de estar con ella y de intentar recuperar lo que dañé. 

Me pidió cinco minutos y se encerró en lo que imaginé era el cuarto de baño. La esperé apoyado en la pared, resistiendo las ganas de golpear mi cabeza contra la dura y fría superficie. Todo estaba demasiado jodido y me aterraba la idea de que era tan catastrófico que no tendría solución. 

Cerré mis ojos con fuerza y restregué mi frente con mi mano derecha. Quise llorar y gritar por todo el terror que sentía atravesando mis venas. 
Esperé por lo que se me hicieron unos eternos quince minutos. Cuando salió me dirigió una fugaz mirada que me bastó para darme cuenta de que se había maquillado con más insistencia de la normal. Su piel se veía lisa y sin ningún rastro de los arañazos que tenía en sus mejillas. Sus ojos estaban delineados con un negro oscuro que los hacía más grandes y llamativos, pero que no lograba opacar la rojez que poseían y tampoco la tristeza de su mirada. Sus labios tenían un brillo más disimulado y su pelo había sido cepillado con fruición, haciendo desaparecer las hondas naturales de su cabello que se había retocado con una extraña máquina formada por una especie de tubo que se calentaba. 
Caminó apresuradamente, obligándome a acelerar el paso para seguirla. Dejé una distancia de prudencia para no seguir incomodándola más. 

—¿Cariño estás bien? Habéis estado demasiado tiempo ahí arriba. 

Alice fue la primera en acercarse y en observarla con escrutinio. 
—Sí, perfectamente, tan sólo bueno… nos entretuvimos. 
Bella intentó sonreír, pero su tristeza era demasiado grande como para ocultarla. 
—Déjalos Al, no quieres saber lo que estaban haciendo. —Emmet se carcajeó. 
—No seas bobo, tan sólo mirábamos la casa. Te está quedando preciosa. 
—Lo sé. Bryan me está ayudando, tiene un gusto exquisito. 
—Hace lo mismo que cualquier otro decorador pero cobra el doble. —Jasper protestó. 
—Él sólo está envidioso porque no puede colaborar. 
—Está haciendo un buen trabajo, me alegro de que esté quedando como siempre deseaste. —Alice abrazó a Bella en señal de agradecimiento. 

—¿Te has maquillado? —Rosalie miró inquisitoriamente a Bella. 

—Oh, sólo… sólo me retoqué un poco. He visto tu nuevo maquillaje y no pude resistirme. Lo siento Al. 
—No te preocupes nena, no me importa. Puedes usarlo cuando quieras. MAC se encargó de enviarme un arsenal de sus productos nuevos por haberlos promocionado en la nueva convención. Ya sabes que mi segunda pasión después de los animales es el maquillaje. 
—Los productos son increíbles. 
—Han quedado muy bien. 
Alice quiso tocar la mejilla de Bella justo en la zona donde tenía la herida y esta se alejó con brusquedad. Todos la miraron con extrañeza. 
—¿Qué pasa?
—Oh, nada, nada, es que siento que lo vas a estropear y me ha costado un poco que quede bien, ya sabes que no tengo mucha mano para el maquillaje. 
—Eres tan extraña cuando te lo propones, ya te dije que te enseñaría cuando quisieras. 
—Lo tendré en cuenta. 

Bella hizo su máximo esfuerzo por sonreír y todos la imitaron, lo que no impidió que la estancia se llenara de un silencio pesado e incómodo. 

—Venir a la mesa, mi madre ha traído pastas caseras típicas de Italia. Se ven deliciosas. Haré un poco de café.
—No-nosotros nos tenemos que ir ya. Hemos estado madrugando mucho estos días y estamos cansados. 
—Aún es pronto. 
—Vendremos otro día, ¿de acuerdo? 
Alice nos miró a ambos y a nuestra rara lejanía. No estábamos abrazados como siempre y mucho menos sonreíamos con sinceridad. Yo ni siquiera había abierto la boca. Estaba callado y expectante detrás de Bella. 
—¿Está todo bien? —Todos se pusieron serios al instante. 
—Por supuesto, sólo es el cansancio. Muero de sueño. 

Bella retrocedió unos pasos y agarró mi mano con la mayor naturalidad posible. Reaccioné de inmediato y me aferré a su toque. La jalé con delicadeza hacia mí y rodeé su cintura. 

Nuestros actos llamaron más la atención del grupo. 
—Nos vemos el lunes en la clínica, ¿vale? 
—Está bien. 
Nos despedimos de todos con velocidad y salimos con paso apresurado. Bella se separó de mi agarre en cuanto atravesamos la puerta en un para nada delicado movimiento. Rechiné los dientes. 
—Ey, ¿a dónde vas? —No me respondió, siguió caminando en dirección contraria al coche—. ¡Bella! 
Troté hacia ella y agarré su mano. 
—No quiero ir contigo, déjame. —Se zafó con brusquedad y caminó con mayor velocidad. 
Maldije entre dientes y me culpé por haber creído que su acercamiento dentro de la casa significó una nueva oportunidad. 

La vi marcharse a pesar de mis llamados. Corrí hacia el coche y arranqué con velocidad. Me acerqué con cuidado hacia su posición pero ella ni se inmutó, siguió caminando sin ni siquiera mirarme. 

—¡Bella sube al coche! 
Me ignoró como si se tratara de una piedra más en el camino. 
Volví a gritar por la ventanilla mientras tenía cuidado en no apretar demasiado el acelerador. Estaba enfadado, confuso y asustado. 
—¡Bella! 
—¡Vete! 
—¡Sube al maldito coche! No arreglaremos nada así. 
—No quiero arreglar nada, vete ya. 
Caminó con más velocidad y yo golpeé el claxon con fuerza, haciéndola sobresaltarse. 
Tenía la mandíbula tan tensa que temí por la integridad de mis músculos. 

Siguió caminando en línea recta como si se conociera el camino a la perfección. No estaba extremadamente lejos, pero andando le llevaría por lo menos una hora. No iba a seguir permitiendo esa clase de comportamiento infantil en ella. Nada conseguiría huyendo de los problemas y mucho menos la iba a dejar escapar de mí. Lo había echado todo a perder pero eso no significaba que iba a dejar todo de lado y a desaparecer de su vida sin más, sin luchar o sin insistir. 

Toqué un par de veces más el claxon pero no conseguí nada nuevo. Ni siquiera me dirigía una mirada, una simple mirada. Caminaba con paso apresurado y yo temía por su integridad. Al menos era tarde y la carretera estaba vacía. 
Maldije con furia y tracé un plan con velocidad en mi mente. Aceleré un poco más y sobrepasé su posición. Pude ver por el retrovisor como me miraba y después negaba con la cabeza. 

Detuve el coche cuando me encontraba a una distancia prudente de ella y cuando estuvo cerca del coche me bajé con velocidad. No se esperaba mis movimientos 

por lo que soltó un grito de sorpresa cuando me incliné para agarrar sus piernas y colocarla sobre mi hombro. Ignoré sus pataleos y sus gritos. 
—¡Bájame, bájame ahora mismo! 
—¡No pienso hacerlo!
Pataleó con fuerza obligándome a sujetarla con más resistencia. 
—No estoy jugando Edward. 
—Nada de esto es un jodido juego. 
—Estás logrando que te odie. 
—Bien, eso no cambia que yo te ame. 
Gritó con fuerza cuando abrí la puerta del copiloto y la lancé dentro sin demasiada delicadeza. Golpeó el cristal cuando cerré la puerta y le puse seguro. Corrí hacia el otro lado y subí rápidamente. 

—¡Estás loco! 

—Estoy jodidamente loco por ti. —Siseé entre dientes. 
—Eso es mentira. 
—Nada de lo que digas cambiará lo que siento por ti. 
—Haberlo pensando antes. 
—Ya te he pedido perdón. 
—Es fácil para ti, ¿verdad? 
—¿De qué hablas? 
—Crees que con decir lo siento ya todo está solucionado. No es así de fácil. Soy mucho más complicada que eso. 
—No pienso perderte, ni siquiera por un día. La cagué, ¿vale? Y me arrepiento como el infierno por todo lo que dije, pero no pienso perderte y tampoco alejarme de ti. Si tengo que encerrarte en una habitación conmigo que así sea. Me aprovecharé de cada momento de debilidad que tengas para que me perdones, porque no pienso renunciar a ti, te amo demasiado para eso. 

Respiré entrecortadamente tras esas palabras, aunque tampoco giré para observar su reacción. Nos quedamos abruptamente callados y con la respiración entrecortada. Me concentré en conducir correctamente y en intentar no fruncir tanto el ceño. 

Conduje hacia su casa por pura costumbre y me di cuenta de la dirección que había tomado cuando vislumbré las primeras casas adosadas de su vecindario. 
La había escuchado sollozar en alguna parte del camino pero no pude prestarle toda la atención que merecía. Prefería llegar a casa y hacerlo todo con calma y correctamente. No quería pasar la noche alejado de ella y no había bromeado para nada cuando la amenacé con encerrarla en una habitación junto a mí. Utilizaría todo lo que se me ocurriera para recuperarla, porque la sola idea de que terminara con todo me tenía tan aterrado que no podía razonar con claridad. 

En cuanto aparqué frente al portal ambos nos quedamos en silencio y sin saber qué hacer. Quise hablar, pero antes de siquiera intentar procesar qué es lo que iba a decirle ella quitó el seguro del coche y se bajó con movimientos torpes, lo que no impidió que cerrara con fuerza la puerta del coche. Imité sus movimientos y me coloqué detrás de ella mientras rebuscaba las llaves en su bolso. Yo no dije nada y ella tampoco a pesar de que me sentía tras su espalda. Cuando encontró las llaves y abrió la puerta se decidió a encararme. 

—¿Qué es lo que pretendes? 
—Entrar contigo. Creo que quedó bastante claro que no iba a permitir que te alejaras de mí. 
—¿Y qué pasa si te digo que no quiero que entres? 
—Que ignoraré todo lo que me digas. 
—Te has convertido en un hombre de las cavernas, ¿vas a obligarme a todo o qué? 
—Voy a hacer todo lo que esté en mi mano para que me perdones y todo vuelva a la normalidad, y si eso supone hacerlo contra tu voluntad… créeme, no me importará. 

Inhaló una gran bocana de aire y respiró profundamente, supongo que procesando lo que acababa de decirle e intentando contestar a mis palabras. 

—Bella… —agarré su mano con delicadeza— hemos conseguido algo demasiado bonito para romperlo, para ignorarlo como si no valiera nada. No nos hagas esto por favor, no lo pongas más difícil. 
—No he sido yo la que lo ha estropeado todo. 
—¿Crees que no lo sé? 
Se quedó callada por lo que me pareció demasiado tiempo y, tras suspirar nuevamente, asintió y me miró fijamente. 
—Está bien pasa, aclaremos todo esto. 
—Gracias. 
—No puedo prometerte nada Edward, realmente no sé lo que va a pasar. 
—Me basta con esta oportunidad. Lograré que vuelvas a confiar en mí. 
Deposité un casto beso en su mejilla y pude percibir su tenue sonrisa cuando se giró para entrar en la casa. Cogí aire profundamente y me llené de valentía. Nada de lo que pasara dentro resultaría fácil. 

Caminamos directamente hacia su habitación tras haber saludado con menos efusividad de la normal a Bear, Mojito y Rosi. Los tres percibieron nuestro bajo estado de ánimo y rápidamente se dirigieron hacia sus camas situadas en la sala de estar cerca de la chimenea. Nos dimos cuenta de que la casa estaba más silenciosa de lo habitual, por lo que seguramente nos encontrábamos solos, lo que en ese momento me pareció lo mejor. Habláramos lo que habláramos lo haríamos mejor sin interrupción. 

Bella abrió la puerta de su dormitorio y encendió las luces regulándolas a una intensidad más tenue, lo que me pareció de maravilla. 
No supe qué hacer y simplemente esperé en el resquicio de la puerta, esperando ver cómo reaccionaba. 
Observar el dormitorio, nuestro dormitorio, me puso de peor humor. Esa habitación estaba llena de nosotros, de nuestra esencia, de todo lo que representábamos juntos. Escondía toda nuestra relación y los hermosos y maravillosos momentos que habíamos pasado juntos y que yo había echado a perder. 

Cerré los ojos y fantaseé con cada momento que atravesaba mi mente como si se tratara de una película. Recordé la vez que ella había traído mi comida favorita a la cama porque me encontraba con un terrible dolor de cabeza. Su mirada amorosa y su intento por trasmitirme felicidad y bienestar eran inigualables. La ocasión en la que con toda la valentía posible que había adquirido fruto de la confianza y el amor se decidió a posar junto a mí un diminuto camisón negro que Alice y Rosalie le habían regalado en su cumpleaños y que me dejó con la garganta totalmente seca. Nunca me había sentido tan agradecido como ese día, y tan feliz de ver como se soltaba un poco y más y me mostraba facetas de ella que nadie más había logrado ver, que habían sido únicas y exclusivas para mí. Esa noche fue tan extremamente especial que me estremecía de puro deseo cada vez que la recordaba. La prenda le sentaba tan bien que realzaba mucho más su belleza natural y la envolvía como un jugoso regalo para mí. 

Todos esos recuerdos sólo hicieron que quisiera golpearme por no haberlo apreciado tanto como debía. 

—Cre-creo que es mejor que entres. 

Abrí mis ojos ante el sonido de su voz. Rápidamente la enfoqué sentada en el borde de la cama, con las piernas cruzadas y sus manos enganchadas debajo de sus muslos. 
—Vale. 
Caminé con pasos inseguros y decidí sentarme frente a ella, en la alfombra blanca que prácticamente ocupaba toda la parte delantera de la habitación. Crucé mis piernas al más puro estilo indio y la miré a la espera de sus próximas palabras. 
—Este lugar tiene muchas historias… —murmuré al ver que ella no decía nada. 
—Sí, unas cuantas. 
Nos quedamos nuevamente en un incómodo silencio que al parecer ninguno de los dos sabía cómo romper. Yo sólo quería pedirle perdón un millón de veces más, que me dijera que todo estaba solucionado y acurrucarnos en la cama como cientos de noches atrás. 

—He estado pensando en todo lo que ha sucedido —dijo tras una larga exhalación—, y creo que toda esta situación ha sido culpa mía. 

—¿Qué?, ¿por qué? 
—Hemos estado juntos siete meses como una pareja formal, y nos conocemos desde hace prácticamente diez… He tenido el tiempo suficiente para contarte todo sobre mí, para confesártelo todo, pero he preferido callar por miedo. Siempre pensaba en lo que pensarías de mí después de saberlo, en que no mirarías atrás y saldrías sin darme otra oportunidad… Te-tenía miedo de que lo nuestro acabara y por eso nunca me decidía a decírtelo y ahora sólo he logrado esto, empeorarlo hasta un punto de no retorno que ha conseguido separarnos de manera violenta.
—No es tu culpa, nada de esto es tu culpa. 
—Sí lo es. Podríamos haber evitado todo esto desde hace mucho tiempo. 
—No era tu obligación contármelo todo el primer día. No me importa esperar el tiempo que haga falta hasta que estés preparada… 

Me acerqué un poco más hacia ella y coloqué mi mano derecha en su rodilla, me alegró que no rehuyera de mi tacto o que apartara mi mano en un brusco movimiento. 

—Yo lo sé todo sobre ti… pero tú… 
—Yo sé lo suficiente. Todo lo que necesito es tenerte a mi lado. 
—No es suficiente… No es suficiente si aún dudas de mí o de lo que soy. 
—Yo… yo no dudé de ti. 
—Si lo hubieras sabido desde el principio, si conocieras quien es Victoria y todo lo que ha hecho tal vez… no sé, a lo mejor hubieras reaccionado de otra manera.
Me dolió terriblemente que siguiera dudando, aunque lo comprendía. 
—Actué mal amor, actué malditamente mal. Mi deber era protegerte y cuidarte y no permitir que nada de hiciera daño, pero me impresionó demasiado cuando os vi así, de esa manera. No tenía ni idea de que algo así pudiera suceder. 
—Estaba ahí, no sé cómo o si solamente fue una coincidencia, pero verla después de todos estos años y que se regodeara de lo que había hecho y de que lograría apartarte de mi lado… me superó, no pude evitarlo…  

Agachó la mirada y jugueteó con sus manos de manera nerviosa. Me sentí explotar por dentro cuando supe que su mayor ataque hacia esa mujer se vio incitado porque yo estaba de por medio, porque estaba intentando protegerme a mí y a nuestra relación. 

—No sería capaz de irme, de dejarte, ni por ella ni por cualquier otra mujer que se atravesara en nuestro camino. Yo te amo, por sobre todo, a ti y solamente a ti. 
Elevó su mirada y algo en sus ojos me dijo que ya no me creía, que ahora mis palabras no eran más que sonidos huecos. 
—Pero tú antes… 
—Sé lo que dije, sé como actué, y me arrepiento como los mil demonios. No estoy seguro de qué me llevó a actuar así, solamente me cegué en exigirte una explicación porque no sabía cómo actuar o qué hacer. Nunca se me presentó un problema como este. 
Negué con la cabeza y jalé de mis cabellos con fuerza. 

—Te comprendo. No debió de ser agradable para ti verme de golpes con Victoria. Sé que a lo mejor me sobrepasé y que debí de actuar de manera más madura, pero ella representa tanto, me descontrola de una manera tan salvaje y me hizo tantas canalladas que yo… simplemente no pensé, ataqué sin replantearme las consecuencias. 

—Es comprensible. No podemos ser personas civilizadas ante situaciones como estas. 
Asintió ante mis palabras pero no agregó nada más. Sabía que era bueno que lo estáramos hablando de manera más civilizada, pero tampoco estábamos llegando al centro de la situación. No había conseguido su perdón y no parecía que fuéramos a estar como antes de toda esta tremenda pelea. 
—¿Podrás perdonarme por todo lo que dije? —Insistí como última medida de socorro y recé porque dijera que sí. 

—No estoy enfadada por lo que dijiste… me dolió que no me dieras un voto de confianza.

—Sé cuanto te ha costado confiar plenamente en mí, y actuar más natural y sin complejos. Sé que te esfuerzas día a día por mejorar y por ser más liberal conmigo, pero yo no busco nada de eso. Yo te quiero por quien eres, tal y como eres y me dolería demasiado haber perdido lo que con tanto esfuerzo me has dado poco a poco. Te pido perdón por lo que dije, por como actué, por herirte, por ser un idiota, por no darte la oportunidad de expresarte, por hacer que te arrepientas de haber confiado en mí y de amarme. 
—No me arrepiento de haberme enamorado de ti. 
—Pero crees que todo esto era un juego para mí. 
—Ella me había dicho con tanta seguridad que no era más que un momento de entretenimiento, y luego tú pareciste confirmarlo… fueron demasiadas cosas a la vez. 
—Nunca en mi vida he querido tanto a una persona como te quiero a ti. Lo eres todo, absolutamente todo. Existe un antes y un después en mi vida desde que te conocí. Por favor, déjame volver a intentarlo, te prometo que no te fallaré nuevamente. 

Me miró con tanta dulzura que sentí mi sangre inundarse de miel. Podía leer a la perfección sus gestos y sus miradas. 

Se levantó de la cama y se arrodilló frente a mí. No dejó de sonreír mientras se movía y yo no podía apartar mis ojos de los suyos. Sujetó mis mejillas con ternura y acercó su rostro al mío. 
—¿Cómo no voy a perdonarte si eres lo más importante que tengo? 
Limpió con sus pulgares las lágrimas que no me había dado cuenta que estaba derramando. Sonreí inmensamente. 
—¿De verdad? 
—Claro que sí cariño. 
Amarré su baja espalda con mis manos y la pegué todo lo que pude a mí. Busqué su boca con mis labios, con tanta desesperación que parecían el oxígeno que necesitaba para respirar. 
La besé con fuerza e intensidad, trasmitiéndole todo mi agradecimiento y todo lo que sentía por ella. Sentí mi corazón latir acompasadamente y mi estómago destensarse una vez el miedo y los nervios se esfumaron de mis venas. 

De alguna manera logré cargarla y colocarla sobre mis piernas. Me abracé a su cuerpo como si fuera mi tabla de salvación y coloqué mi mejilla sobre su pecho, en la parte en la que su corazón latía de manera acompasada y relajada. 

—Gracias amor. 
—No tienes nada que agradecerme. No podría alejarme de ti, por más que lo intente, sería incapaz. 
—Sé que es un gran paso, pero no volverá a ocurrir nada así, lo prometo. 
—Te creo. —Sujetó mis mejillas y fue ella quien esta vez me dio un muy apasionado beso que me hizo sentirme como en casa nuevamente. 
Nos mantuvimos así, abrazados y besándonos por un tiempo indefinido. No estaba dispuesto a soltarla por nada del mundo. Era un verdadero milagro que hubiera perdonado tan deprisa mi estupidez y definitivamente no quería tenerla lejos de mí. 

—Ha-hay algo que tengo que decirte respecto a esto. E-es como una especie de condición ahora que todo ha vuelto a como estaba antes. 

—¿Qué sucede? —pregunté temeroso. 
—Tengo que contártelo todo. Mi pasado, lo que sucedió, mis errores, lo que me llevó a ser tal y como soy ahora. 
—No necesito escucharlo. No me importa nada de eso amor, te amo por quien eres ahora. 
—Necesito hacerlo, por favor… 
Me miró con súplica, y yo sabía que ese paso era muy importante para ella. 
—De acuerdo. 
—Escúchalo todo y después decide qué hacer. 
—No tengo nada que decidir. Me quedaré contigo pase lo que pase. 
—Vale, mantén tu promesa. Será complicado. 
Besó mis labios nuevamente cuando quise protestar y se puso de pie en un torpe movimiento. La imité y esperé a que me indicara qué debíamos hacer. 

—Lo mejor es que no estemos demasiado juntos mientras te lo cuente todo, será más fácil para mí de esa manera. 

—¿Estás segura? —Yo sólo quería sostenerla en mis brazos todo el tiempo posible. 
—Sí. 
Me indicó que me sentara en la cama y ella ocupó el puf que se situaba en una de las esquinas más alejadas de la habitación. Tomó hondas respiraciones y se removió un par de veces antes de encontrar la postura más cómoda. 
Yo la miraba expectante y ansioso, muriendo de ganas por acercarme a ella. Se encontraba demasiado alejada para mi gusto. 
Cuando al fin pareció centrarse miró un punto situado en la pared que había detrás de mí y comenzó con su historia.  

—Todo comenzó cuando yo acababa de cumplir catorce años. Era la chica nueva del instituto que había llegado un mes después del inicio de clases. Fue una decisión de última hora de mis padres. Había estado todos mis años anteriores en un internado de monjas que era únicamente para mujeres, pero por alguna razón desconocida decidieron cambiarme a un colegio mixto. Estaba un poco enfadada porque ya tenía un par de amistades allí y conocía cada lugar y a cada profesor. No pidieron mi opinión y tampoco me avisaron. Un día el chófer cambió de ruta y me vi en un nuevo instituto, sola, asustada y perdida. A pesar de todo, las clases ahí me gustaron mucho más. Había una mentalidad más abierta completamente alejada de la religión. Al poco tiempo hice unos cuantos amigos y para mitad de curso ya tenía dos mejores amigos con los que pasaba todo el tiempo. Eran James y Victoria. 

Pronunció sus nombres con repugnancia y reticencia, mostrando el claro desprecio que sentía por esas dos personas. 

—Nunca conocí la razón de mi traslado, pero en su momento pensé que fue lo mejor que mis padres habían hecho por mí hasta el momento. Intenté ponerme en contacto con ellos, pero llevaba varios meses sin verlos y no contestaban a mis llamadas. Siempre estaban de viajes de negocios y realmente no tengo ningún recuerdo familiar con ellos. Nunca tuvimos la típica relación amorosa y llena de buenos momentos. Son contadas las veces que la pasé con ellos en alguna fecha importante y muchas menos las veces que me mostraron algo de cariño. Sus actos me hicieron aislarme más en mí misma y encariñarme más con mi nana, a quien tengo presente desde que tengo memoria. Con ella celebraba mis cumpleaños, navidad, fin de año, ese tipo de fiestas. Que mis padres contrataran a Doris como mi niñera fue la mejor cosa que han hecho jamás por mí. 

Sonrió levemente cuando nombró a su nana. 

—Mi amistad con James y Victoria iba viento en popa. Era un alivio para mí contar con ellos y siempre nos ayudábamos mutuamente con los deberes y los estudios. Ellos tenían otros muchos amigos, por lo que siempre me sorprendió que pasaran tanto tiempo conmigo, supongo que el hecho de que tuviera una gran mansión rodeada de lujos ayudó bastante. 

James me gustó desde que lo conocí. Era muy guapo, el típico rubio de ojos azules muy hábil para los deportes y que tiene una bonita sonrisa que te deja atontada. No fue diferente conmigo. Rápidamente caí enamorada de él y eso pareció gustarle mucho más. Cuando se enteró de mis sentimientos, los cuales trataba de ocultar a como de lugar, todo fue a más. Pasaba mucho más tiempo conmigo y me coqueteaba cada vez que podía. Para cuando se enteró de que me gustaba ya teníamos un año de conocernos. Sentía que su relación con Victoria se apagaba, era muy brusco con ella y la trataba con malos modales, me pedía que la ignorara porque me decía que era un estorbo entre nosotros. Nunca me gustaron sus palabras, ante todo ella era mi amiga y la apreciaba mucho. —Negó con la cabeza. 

Tenía miles de preguntas atascadas en la garganta que morían por ser liberadas, pero algo me decía que era mejor no interrumpir su monólogo. Su mirada estaba perdida en sus recuerdos y hablaba como una autómata. 

—No le gustó para nada que yo siguiera manteniendo mi amistad con Victoria. Me decía cosas malas de ella que provocaban continuas disputas entre nosotras. Él fue a más en el baile de fin de curso. Todos estábamos entusiasmados con ese baile, ya que marcaba la finalización de nuestros estudios en secundaria y el inicio de nuestra vida en la preparatoria. Él no había dejado de estar detrás de mí durante toda la noche, pendiente de que siempre tuviera una copa en la mano y algo para comer cerca. Era feliz, absolutamente feliz. Para mi enorme sorpresa nos eligieron como el rey y la reina del baile y fue una experiencia increíble, subir ahí, que te colocaran la corona y bailar delante de todos. Tras eso James me condujo fuera, hacia una pequeña cubierta llena de luces y rodeada de arbustos que estaba vacía. Se declaró ante mí y me pidió que fuera su novia, cosa que no dudé en aceptar ni siquiera medio segundo. Esa misma noche me dio mi primer beso y, aunque fue un poco extraño, me encantó por el hecho de que fue él quien lo hizo. 

Escuchaba cada palabra atentamente, sintiéndome un poco tonto al sentir celos cuando ella hablaba de su enamoramiento con James. No tenía ni motivo ni razón para sentirme así, pero no podía evitarlo por más que lo intentaba. 

—Los primeros meses fueron increíbles. Él era completamente respetuoso y detallista conmigo. La pasamos juntos prácticamente todas las vacaciones de verano y para mi sorpresa mi padre me felicitó por mi relación con James. Alegó que era un muy buen muchacho y que esperaba mucho de nuestro noviazgo, incluso intentó regalarnos un viaje a alguna playa fuera de América, pero yo me negué porque sentía que cada vez nos alejábamos más de Victoria y que ella lo pasaba mal porque ya no estábamos tan juntos como antes. Cuando le propuse a James que podíamos ir los tres él se negó en rotundo y se enfadó muchísimo. Pasó una semana sin hablarme y estaba muy resentido porque yo cancelé el viaje. Me dolió su comportamiento y no lograba comprenderlo. Era mi primer novio, mi primera relación y mi primer enamoramiento, no tenía nada de práctica y sólo me dejaba llevar por los consejos de Victoria. Me decía que le diera tiempo y que ya se le pasaría, aunque me preocupaba que rompiera conmigo por lo que al final lo busqué y le pedí que no siguiera enfadado. 

Me asombraron sus palabras, sabiendo que ella no había tenido nada de culpa. Algo me decía que James aprendió muy pronto a manipularla para que hiciera todo lo que él quería. Me enfurecí ante ese pensamiento. 

—Tras esa pelea todo fue nuevamente normal. Parecía que James había aceptado que Victoria era nuestra amiga y que estar con ella no afectaba a nuestra relación. Hacíamos más cosas los tres juntos e hicimos un viaje a Paris. Los notaba mucho más apegados y amigables, lo que me alegró mucho. Las cosas empezaron a torcerse cuando cumplí los dieciséis años. Lo sentía demasiado sobreprotector conmigo, tanto que había ocasiones en las que me agobiaba demasiado. Tuvimos otra gran pelea cuando yo me cansé de que controlara todo de mí. Me decía qué debía vestir, con quien debía relacionarme e incluso que cuando él no pudiera yo debía mantenerme encerrada en casa. No quise ceder a sus exigencias. Estaba cansada de que siempre me dijera que me vestía demasiado provocativa y de que me celara hasta del aire. Nunca aceptaba nada de lo que hacía y criticaba cada cosa. Le dije que nos diéramos un tiempo porque necesitaba pensar hacia donde iba nuestra relación. 

Suspiró profundamente y parpadeó con velocidad. Tenía la sensación de que su cuerpo estaba conmigo pero su mente a kilómetros de la habitación. Quise acercarme para abrazarla, para decirle que yo estaba con ella y consolarla por lo mal que lo estaba pasando, pero cuando hice el mínimo amago de moverme ella negó con la cabeza, aún sin mirarme, y se encogió mucho más dentro del puf. Mi corazón se estrujó ante su desolada imagen y me costó todo mi esfuerzo ignorar su negación y no acercarme a ella. 

—Un mes después preparó una cena sorpresa a la que Victoria me llevó engañada y me pidió disculpas. Todo estaba lleno de rosas, velas y globos con hermosos mensajes. Fue una maravilla y él me juró nunca más controlar nada de lo que hacía. Supongo que fue la sorpresa del momento, lo bien que se comportó o lo romántico del ambiente, aún no estoy segura, pero acabé perdonándolo y volvimos a retomar nuestro noviazgo. Esa misma noche él quiso llegar más lejos, pero yo no me sentía para nada preparada. A penas tenía dieciséis años y era un gran paso que no quería dar tan prontamente. Le costó comprenderlo pero no insistió, lo que me alivió mucho. 

Sabía que las cosas empezaban a ponerse más feas cada vez, y el hecho de que Bella perdonara cada jugarreta de ese patán no me trasmitía nada bueno. 

—Poco después lo sentía de un mal humor constante. En varias ocasiones se ponía muy borde y volvió a su hábito de querer controlar cada paso que daba. Él quería salir a cualquier lado sin decirme con quien o a donde iba, pero yo no podía ni ir a la biblioteca con Victoria porque pensaba que era mi estrategia para engañarlo con otro. Se volvió muy obseso y un día tuvo una grandísima discusión con Victoria. Le dijo cosas horribles y no paró hasta hacerla llorar. Yo acababa de llegar a su departamento y sólo escuché el final, pero supe que se había pasado mucho. Desapareció por unas semanas y cuando se presenció de nuevo le pidió perdón y ella aceptó porque decía que comprendía que quisiera mi compañía para él solo. Volvieron a tener una amistad normal y no los escuché discutir más. 

—En varias ocasiones las cosas entre nosotros fueron en aumento, aunque yo me sentía demasiado temerosa de llegar hasta el final. Tenía miedo de no hacerlo bien y de defraudarlo. Sabía que él tenía mucha más experiencia y me aterraba que las cosas salieran mal. Nunca insistió hasta un extremo imposible de controlar, pero pasábamos solos demasiado tiempo e intentaba llevar las caricias a más en todas las oportunidades que tenía. Finalmente sucedió en mi diecisiete cumpleaños. Me organizó una fiesta privada, con un gran pastel y todo completamente mágico, en un principio. —Su añadidura final no me gustó para nada—. Empezó muy tierno y despacio, metiéndome en situación y haciendo que me sintiera segura y decidida, pero luego aceleró demasiado para mi gusto. Demasiado rápido me vi sin nada y con él presionándose sobre mí —cerré los ojos ante sus palabras y tragué saliva con fuerza para soportar todo lo que me estaba contando—. No me gustó para nada que agarrara mis muñecas y que me mordiera los… bueno, por todas partes. —Algo en su trance le dijo que yo estaba ahí y que escuchar eso no era para nada fácil. 


—La experiencia que empezó como algo bonito y romántico se tornó brusca y ruda. No fue para nada placentero o agradable, y no se parecía para nada a lo que había leído en los libros o a lo que alguna de mis otras amigas me había contado de su primera vez. Yo no lo disfruté, me sentía incómoda y violenta y cuando realmente quise pararle los pies ya no había vuelta atrás. Fue más rápido de lo que imaginé y bastante doloroso. Cuando acabó de comportó diferente y me llenó de besos. Yo estaba paralizada, pensando en lo que acababa de ocurrir y arrepintiéndome de que mi iniciación en el sexo hubiera sido tan extraña. No quise darle más vueltas, ya estaba hecho y nada lograba con lamentarme. Atribuí el dolor a la primera vez e intenté alegrarme. A mi parecer habíamos dado un gran paso como pareja que nos unía mucho más. Él se sintió avergonzado cuando le dije que no me sentí cómoda en ningún momento y yo acepté sus disculpas cuando dijo que se había dejado llevar porque le gustaba demasiado. No tenía un referente, ni un mínimo de experiencia, toda mi vida la pasé llena de religión y muy restringida, por lo que ese paso fue una manera de revelación ante la situación en la que vivía. 


Cerré los ojos y traté de asimilar todo lo que me acababa de contar. Bella no había sido más que una niña inocente a la que James supo controlar a su completo antojo. Ella no sabía nada, no tenía experiencia y no conocía la maldad de la vida. Era un alma pura que se encontró con un demonio. 

Ahora comprendía muchas cosas. Su reticencia e inseguridad cuando comenzamos nuestra relación. Su manera de comportarse, siempre preocupada y temerosa de que las cosas salieran mal, de que pudiera hacer algo mal que me desagradara y acabara en desastre. Siempre pensé que era por temor a empezar una nueva relación, por el miedo inicial de que todo saliera perfecto y sea memorable, pero ahora me daba cuenta de que no era eso. La primera vez que estuvimos juntos ella se había sentido verdaderamente aterrada, no por hacerlo mal o desagradarme, sino más bien porque yo la lastimara. Temía que la hiriera o que me comportara al igual que él, rudo y exigente sin pensar un poco en ella. Temía defraudarme y que le echara en cara sus faltas. Al fin comprendí sus miedos, sus inseguridades y su dolor, y supe hasta que grado la dañé realmente cuando le recriminé su pelea con Victoria. 
Me flagelé internamente por eso, por herirla y no darle mi voto de confianza. 

—Después de eso nuestro noviazgo se enfrió un poco. Yo me negaba a quedar con él por las tardes porque aún tenía un poco de miedo de que quisiera volver a repetir lo de la otra noche. No sabía cómo serían las cosas y si cambiaría el hecho de que ya no fuera la primera vez, pero preferí evitarlo durante un tiempo. Él tampoco insistió en que nos viéramos. Le habían asignado un trabajo con Victoria y pasaban juntos todo el tiempo —se rio con ironía—. Yo les creí. De verdad pensé que trabajaban juntos en deberes de la preparatoria, pero luego supe que nunca fue así. 

Un mes después de todo lo sucedido James pareció volver a interesarse en mí. Me llamaba continuamente al móvil y me dejaba flores en mi taquilla. Alegó que acababa de terminar los trabajos que tenía pendientes y que estaba libre, aunque se molestó bastante cuando yo le dije que estaba en época de exámenes y que no podría salir con él tan a menudo. A pesar de lo que pensé fue comprensible y el enfado se le pasó rápido. Cuando ya ambos estábamos más ligeros en los exámenes salíamos de nuevo por las tardes como antes y volvimos a nuestra relación inicial. 

Suspiré con asombro al comprobar que ellos habían estado en un tira y afloja constante. Bella se dejaba dominar por James y ni siquiera se daba cuenta de que él estaba manipulándola constantemente. Había encontrado la manera de convencerla de que la quería y de que todo lo que hacía era por ellos, por su relación y su bienestar. Bella se había metido en un laberinto sin salida del que ni siquiera era consciente. 

—Supongo que era normal que una vez que empezamos ya todo sería más corriente y habitual. Volvimos a acostarnos por segunda vez y no fue demasiado diferente a la primera. Le gustaba ser dominante y rudo, y eso a mí me asustaba bastante. Yo prefería el romanticismo, las caricias suaves y los besos tiernos, pero él no, él no era así, prefería simplemente agarrar mis muñecas y sujetar con rudeza mi cuerpo. A mi pesar la segunda vez fue mucho peor. No dolió, pero fue incómodo. No sentí amor en sus actos, ni en ninguna parte de su cuerpo. En ese preciso momento me di cuenta de que no me quería, ni si quiera lo suficiente para preocuparse por mí. Sabía que desde ese momento todo estaba terminado. 

Me sorprendió la franqueza de Bella para contarme las cosas. Me estaba diciendo cada detalle y la manera más exacta en la que se sentía en cada momento. Yo estaba quieto en mi sitio, expectante, esperando por una nueva palabra y deseando que ella no se derrumbara más. Me estaba costando demasiado verla ahí, tan sola y quieta que me destrozaba a cada minuto que pasaba. 

—Se lo dije al siguiente día. Mi decisión se reforzó después de esa noche, cuando se levantó una vez había terminado, se vistió y se fue. No me dirigió una segunda mirada, no me preguntó qué tal estaba ni se despidió. Simplemente salió por la puerta y desapareció. Recuerdo haber llorado demasiado esa noche, por haber perdido algo tan importante en alguien que no lo había valorado ni un poco y que no era capaz ni de dirigirme una sonrisa de consuelo. No merecía la pena seguir con él, internamente sabía que aún le quería un poco, más de lo que me gustaría, pero no era sano para mí. Tenía que alejarlo lo más rápido posible, centrarme en los estudios y dejarlo pasar. Imaginé que con el tiempo lograría olvidarlo. 

Se removió inquieta en el sofá y cambió de posición. Colocó una pierna doblada debajo de la otra y se encogió un poco más, haciéndose más pequeña de lo que era y viéndose mucho más indefensa. 

—Se lo dije un par de días después. Lo cité en una cafetería cercana al instituto e intenté ser lo más clara posible. Le dije que no podía seguir con él, que me había dado cuenta de que no me quería como al principio y de que mis sentimientos también habían cambiado. Me sentí bien cuando asintió y me sonrió, pensando que lo había comprendido a la primera. Cuando quise ponerme de pie e irme me sujetó de la mano con fuerza e impidió mis movimientos. Aun con una sonrisa diabólica en los labios me dijo que había cometido un grandísimo error al terminar con él, que nadie le daba plantón y menos una estúpida que no sabía nada de la vida ni de los hombres. Juró venganza y después me soltó como si tuviera la lepra. Recuerdo haberme quedado petrificada en mi sitio, asustada y estupefacta. La semana acabó bien y yo me relajé cuando me di cuenta de que él ni si quiera me saludaba cuando me veía, lo que quería decir que sólo fue una amenaza del momento y que lo había olvidado todo. Lo que en realidad pasaba es que estaba planeando su venganza paso a paso. 

Me removí incómodo en mi sitio cuando supe que esa amenaza no llevaría a ningún final bueno. Supe que ella había corrido un gran peligro al involucrarse con ese hombre. 

—Le conté lo sucedido a Victoria y se negó a creerme. Me dijo que ella nunca lo había visto violento y que seguramente yo había imagina do cosas donde no las había. Dejé de contarle nada cuando comprendí que tampoco contaba con su apoyo. El calvario comenzó poco después. Primero empezó con malas palabras cada vez que me veía y con burlas a mi costa. Después empezaron las amenazas. Siempre que me veía me decía que acabaría conmigo, que era una perra frígida que no había servido ni para calentarle la cama. Los insultos fueron a más, a mucho más. Atacó cada parte de mi autoestima, cada parte de mi cuerpo y de mi personalidad hasta que llegó un punto en el que no podía ni verme frente a un espejo. Sus palabras eran crueles y directas, destrozando una parte de mí con cada una. 

Limpió con rapidez una lágrima que rodó por su mejilla. 

—Tenía miedo de denunciarlo o de decírselo a alguien. Él ya me había advertido de que si lo hacía lo pagaría muy caro. Estaba tan asustada que dejé de ir al instituto y eso recayó sobre mis notas con gran fatalidad. Tras eso me mentalicé de que no podía dejarlo controlar mi vida. Me había puesto unas metas que quería cumplir y si dejaba los estudios de lado afectaría sobre mis notas finales y no lograría ir a la universidad que anhelaba y hacer la carrera que siempre soñé. Regresé y estudié con mucho ahínco e intentaba evitarlo lo máximo posible. Una vez me acorraló en un pasillo vacío y jaló de mi pelo diciéndome que no se me ocurriera volver a desaparecer porque me buscaría en cualquier rincón en el que me escondiera. Nunca había llegado a las manos y fue cuando decidí que ya había sido un límite y lo denuncié. Lo único que hizo la policía fue decirme que lo estarían vigilando y que no podían hacer nada hasta verlo en acción o a mí con alguna herida concluyente. 

Me sorprendieron sus palabras. La policía esperaría hasta verla magullada o muerta antes de actuar y encarcelar a James. Sentía furia y frustración. 

—Tras ese ataque se detuvo un poco, aunque las amenazas estaban implícitas en él y ya temía encontrarlo en cualquier lado. Vivía con miedo y sabía que no tenía a nadie a quien contárselo. Mis padres lo tenían en un pedestal y jamás me creerían. Me aterraba tanto que con una sola mirada ya sentía mi cuerpo temblar. La catástrofe total llegó una tarde de mayo, cuando faltaba poco para terminar ese año escolar. Había decidido cursar el próximo año en otro instituto, aunque no me dio tiempo a actuar antes de su golpe final. 
Estaba aterrado de lo que iba a contarme, no quería imaginar hasta dónde había llegado su maldad y sus amenazas y temía cada palabra que abandonaba su boca. Sólo tenía ganas de que dejara de hablar, de que me permitiera acercarme a ella y abrazarla durante toda la noche. Ahora comprendía su amor hacia mí, tan grande que logró olvidar todo lo que ese malnacido le hizo y empezar como si nunca hubiera pasado por algo tan traumático. 

—Victoria me citó en la tarde en el departamento que había rentado hace poco y con la ayuda de sus padres. No conocía bien la dirección, por lo que llegué un poco tarde. Nuestra amistad también se había enfriado, aunque nos veíamos algunas tardes y quedábamos en la biblioteca para hacer los deberes. Dijo que tenía que contarme algo muy importante y que necesitaba verme con urgencia. Llegué unos quince minutos más tarde y cuando toqué el timbre ella me abrió con una sábana alrededor de su cuerpo. Pensé que había interrumpido algo, pero ella dijo que sólo había estado durmiendo. Me condujo hacia su dormitorio y cerró la puerta tras de mí, cuando me di cuenta sentí algo detrás y al girarme vi a James sólo vistiendo unos vaqueros y una horrorosa sonrisa diabólica. 


—Vaya Bellita, veo que eres muy obediente. 

Retrocedí ante su voz y quedé entre James y Victoria, quien poco después se acostó en la cama y se acomodó como si estara viendo una película muy entretenida. 
—¿Qué quieres? —Pregunté temblando. 
—Divertirme un poco. —Ambos se rieron con malicia. 
—Déjame salir —intenté apartarlo de un empujón y salir, pero rápidamente sujetó mi antebrazo y lo apretó con fuerza. 
—¿Dónde crees que vas? —me sacudió con fuerza haciendo gimotear de dolor. 
—¡Déjame! 
—¿Te crees muy lista Isabella?, ¿crees que eres superior a nosotros? 
—¿Qué estás diciendo? 
—Nadie termina una relación conmigo sin sufrir las consecuencias, y menos tú, una mocosa insignificante que no tiene nada de especial. 

Sus insultos fueron aumentando, recordándome lo poca cosa que era, lo poco que valía y un sinfín más de malas palabras. 

—No tienes nada de especial y espero que te dieras cuenta de que estaba contigo por tu dinero. Tus padres tienen una muy buena posición económica y a mí me conviene mucho. He tenido que hacer un esfuerzo sobrehumano para estar contigo, para responder a tus asquerosos besos y no escupir en tu cara. 
Lloré con agonía, sintiéndome rota y dolida, tan destrozada que ya no comprendía por qué continuaba. 
—Pero a pesar de todo tienes algo, algo que me llamó la atención. Supongo que ese aire de pureza e inocencia fue atractivo, aunque no quieras despegarte de él, quise enseñarte a ser más atrevida, a dominar la situación, pero no, tú eres una frígida que no sirve ni para moverse correctamente debajo de un hombre.
Me alegro de que llegaras un poco tarde, a Victoria y a mí casi no nos da tiempo de terminar. 

Exclamé con sorpresa cuando todas las piezas encajaron en mi cabeza. 

—Son unos asquerosos. 
—No, no, para nada. Tenía que encontrar consuelo en alguien, no tengo la culpa de tener una novia torpe, estúpida e inservible. —Se giró hacia Victoria y le hizo una seña para que se acercara—. Ven cariño, haz lo que siempre deseaste. 
Victoria se acercó con paso decidido, mostrando un poco de su desnudez bajo la sabana. 
—No era nada personal, pero fuiste una presa fácil. Lo único llamativo en ti fue tu dinero. 
Antes de poder reaccionar estampó con fuerza su mano en mi mejilla, girando mi cara y rompiendo mi labio. Grité con fuerza por el dolor y ella repitió su movimiento. 
—Vale, está bien, puedes irte. 
Victoria se mostró sorprendida de sus palabras y se fue con reticencia. Quise pedirle que no se fuera, porque no sabía lo que James quería hacerme. 

—Bien cariño, nos lo pasaremos bien juntos. 

—Déjame ir por favor, te daré el dinero que quieras, no me importa… —sollocé. 
—No es tu dinero lo que quiero ahora. Estoy más interesado en enseñarte a echar un buen polvo. 
—¡No volveré a acostarme contigo! —me zarandeé con fuerza sin resultado alguno. 
—Me importa una mierda que no quieras. Yo sí quiero y lo haremos a mí manera. 
Apreté mis puños con fuerza al comprender lo que James estaba a punto de hacerle. No quise escuchar más, no me veía capaz de poder soportarlo. Quise detenerla pero ella me lo impidió, negó con la cabeza y no dejó de hablar, perdida en sus recuerdos y con las mejillas llenas de lágrimas. 

—Demasiado rápido me vi sin ropa. Prácticamente la arrancó de mi cuerpo con fuertes tirones que me lastimaron la piel. Lloré y pedí clemencia, pero él parecía no escucharme. Me sacudí con fuerza y logré darle una fuerte cachetada que lo hizo enfurecer más. Dio un fuerte golpe en mi rostro que me dejó aturdida y prácticamente inconsciente. Veía borroso y sentía la sangre deslizarse por mi mejilla y mi nariz. Terminó de desnudarme y me tiró al suelo de un golpe seco. Pronto estuvo sobre mí, agarrando mis manos juntas detrás mi espalda. Mordió con fuerza cada parte de mi cuerpo. Mi cuello, mis hombros, mis caderas… todo… Sentía mi piel arder y sangrar y no sabía cómo librarme de él. Grité con fuerza pero nadie vino en mi ayuda. Pataleé con mis últimas fuerzas logrando que clavara sus uñas en mis muslos para que me estara quieta. Cuando lo vi deshacerse de sus vaqueros supe que no había marcha atrás. Se apoderó por completo de mi cuerpo, con una rudeza y brusquedad que no creí posible. Grité por el dolor hasta que mi garganta sangro y lloré por todo lo que me estaba pasando y no comprendía, pero sobretodo lloré porque en esta ocasión el dolor no fue físico sino que me destrozó el alma. Dejándome en la más absoluta nada. 


Lloró con tanta fuerza que ya no había nada que me impidiera sentir su dolor. Cada parte de mi cuerpo parecía estar entumecido por todo lo que acababa de escuchar y corrí hacia ella en cuanto la vi esconder su rostro entre sus rodillas. 

—Amor, amor, ya está, por favor, no llores. 
La atraje hacia mí y la apreté con fuerza entre mis brazos. La cargué hasta la cama y la abracé con insistencia. Besé el tope de su cabeza y limpié sus lágrimas. Me desesperó sentirla tan quieta, con los ojos cerrados y las lágrimas cayendo por entre sus párpados. 
—Yo estoy aquí, contigo, él no podrá lastimarte más. 
Se aferró a mi cuerpo y escondió su rostro en mi pecho. Le di todo el consuelo del que fui capaz, intentando sanar sus heridas y reparar todo lo que él había hecho añicos. Le recordaba a cada segundo que no estaba sola, que la amaba como a nadie y que jamás la abandonaría. 

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Hello People!
Estoy aquí de nuevo después de muchísimo tiempo sin actualizar nada. Es el mayor tiempo que he pasado sin escribir y no saben cuanto lo siento. Mi vida no ha hecho más que traerme problemas y no podía concentrarme.
Les dejo un capítulo muy largo y cargado, espero lo disfruten.
Poco a poco iré actualizando el resto.
Un beso enorme.
By: K. Crazy Cullen.

5 comentarios:

  1. No es la primera ves q te escribo, tratare de hacerlo mas seguido, creo q tienes un talento sorprendente me gusta mucho como escribes, de verdad reviso todos los dias x una actualizacion nueva de este fic espero mas capitulos con ansias locas, y pobre bella como le pudo pasar todo eso, ojala no se separe de edwar porfa, bueno cdte mucho y escribe pronto xfavor saludos desde Perú.

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  2. Madre mia cariño, hace muchisimo que no me pasaba por aqui, perdoname, estoy hecha un desastre de tiempo ultimamente, pero ya me puse al dia, y uuufffff, esas conversaciones de Bella con Edward, que duras que son, esos perdones y ruegos, he sufrido con este ultimo capitulo de lo lindo, y para al final enterarme de que lo hapasado tan mal, que han abusado de ella y que tiene muy poco apoyo de sus familia, creo que me hago las mismas preguntas de Edward, unas que estare impaciente de solventar, me encanta como escribes mi princesa, millones de besos y espero que estos dos no se separen nuca que de verdad sufriria mucho
    Nos vemos cariño

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  3. HOLA TARISA!!
    GRAIIAS X DEJARME TU OPINION
    ME ALEGRA K TE GUSTE MI FORMA DE ESCRIBIR K AUNK NO ES DE LAS MEJORES POS HAY SE VA TIRANDO XD
    X AHORA NO TENGO PLANEADA NINGUNA SEPARACION PERO SEGUN EL CURSO DE LA HISTORIA Y LO K SE PASE X MI CABEZA POS NO LO SE SEGUN LAS IDEAS K ME VENGAN JAJA PUEDE HABER DE TODO, K NADA ESTA ESCRITO Y NUNCA MEJOR DICHO XD
    MILLONES DE KISSES

    PD: INTENTARE PUBLICAR ANTES LOS CAPS :D

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  4. HOLA IRE!!
    SE K NO TE HAS PASADO Y NO TE VOY A CULPAR X ESDO COMO YA TE DIJE TODOS TENEMOS NUESTRA FALTA DE TIEMPO Y AHORA MISMO YO ANDO ALGO APURADA ENTRE EXAMENES Y DEMAS!!
    K BN K KADA VEZ TE VAYAS ACTUALIZANDO MAS!!
    AUN KEDAN BASTANTES INCOGNITAS X RESSOLVER EN ESTA HISTORIA PERO LO MAS SEGURO ESK EN EL PROX YA SE SEPAN LA MAYORIA O TODAS EL XK DE SU FAMILIA Y MAS COSAS AUNK DUDO K LA HAGA SUFRIR MAS COMO YA DIJE NO SE LO K PASE X MI CABEZA SEGUN COMO ME VAYAN SALIENDO LOS CAPS Y NO SE AVECES ME DA X SER MUY DRAMATICA XD

    GRACIIAS X TU OPINION K ME ENCANTA!!
    MILLONES DE KISSES :D =3

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  5. Holaa! Me encanta la historiaa! Sigo los capitulos siempre y ademas...me dicen cuando lo suben y todo ;D Seguid asi! Un besito muuu grande <3<3
    Inma (:

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