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La historia "La razón de mi existencia" está siendo modificada. Estoy corriguiendo faltas ortográficas y argumento. Hay 19 capítulos corregidos. Disculpen las molestias :)

viernes, 4 de febrero de 2011

Capítulo 16: Problemas en el paraíso.

Capítulo 16: Problemas en el paraíso


Pov Bella:

Abrí mis ojos lentamente, adaptándolos a un nuevo y muy soleado día. Los rayos del sol impactaban directamente contra mis piernas, calentando la sábana que me cubría y trasmitiéndome una placentera sensación de calor. Me estiré con cuidado, desperezando mi cuerpo y reanimando mis músculos laxos. Giré mi cuerpo con suavidad, haciendo mi máximo esfuerzo para no removerme mucho y despertar a Edward del profundo sueño que estaba teniendo. Su brazo se movió con suavidad y tanteó en la cama hasta llegar a mi cintura y atraerme, inconscientemente, hacia su cuerpo. Me apretó contra su lateral y continuó durmiendo como si nunca se hubiera movido. Sonreí y acaricié su vientre con la yema de mis dedos, sintiendo su calidez y su respiración acompasada.

No podía creer que ya habían pasado cinco meses desde que estábamos juntos, desde que me convirtió en la mujer más afortunada del mundo al confesarme que también me amaba y que quería compartir su vida conmigo. Sonreí ante el recuerdo de su declaración en mi azotea y mi corazón volvió a latir con desenfreno ante el pensamiento.
Realmente estaba asombrada de que él aún permaneciera a mi lado, y de que no se hubiera cansado de intentar comprender mi complicada personalidad y de confiar en mí a pesar de que me había negado en rotundo a contarle, de momento, mi desastroso pasado por el miedo a perderlo tan prematuramente.
Él sólo se había dedicado a apoyarme, a darme el tiempo y el espacio que necesitaba, a no agobiarme y a ser paciente. Lo adoraba con todo lo que tenía y no podía pedir más de lo que había obtenido en estos cinco meses.

Me gustaría poder asegurarme a mí misma que lo nuestro no tendría final, que encontraríamos la manera de adaptarnos y de convivir por siempre juntos, amándonos como al principio y siendo tan felices como lo estábamos ahora. Cada mañana intentaba convencerme, me lo decía a mí misma frente al espejo e intentaba mirarme lo mínimo posible con ojo crítico. No quería derrumbarme ante él y que mis inseguridades acabaran destruyendo su buen criterio hacia mí. Intentaba mirar hacia otro lado y mostrarme más desinhibida y liberal junto a él. Había tenido un gran progreso, a pesar de que en algunas ocasiones la timidez e inseguridad me superaban y me veía obligada a decirle que apagara la luz, negándome en rotundo a que se detuviera o a que sintiera fastidio hacia mí por detenerlo.
Sabía comprenderme, lograba convencerme con sus envolventes palabras y hacerme olvidar todo con sus caricias, sus besos y su amor hacia mí.

No podía pedir más. Él era todo lo que necesitaba. Poseía la fortaleza y seguridad suficientes para mantenernos a flote a los dos y para hacer que nuestra relación fuera única e inigualable.
Intentaba darle todo lo que poseía, ser un libro abierto para él y mostrarme con la máxima claridad. No me gustaba ocultarle cosas o que pensara que le estaba mintiendo, porque lo último que deseaba es que desconfiara y que poco a poco nuestro sueño empezara a resquebrajarse, hasta que ya no tuviera solución posible.
Estaba haciendo mi máximo esfuerzo, y sentía que realmente él era el indicado. A su lado todo era más sencillo y llevadero y yo sabía que él era capaz de hacer lo que quisiera conmigo, de amarme o de destruirme con un único movimiento. Y no estaba para nada asustada de eso.

El tiempo para mí desde que lo conocía se había tornado efímero y fugaz. A su lado cada momento me parecía breve y, a pesar de que nos veíamos muy a menudo y de que estábamos juntos todo lo que podíamos, sentía que necesitaba tanto de él como respirar. Nuestros trabajos eran el mayor impedimento, pero el resto del tiempo aprovechábamos lo máximo posible, tanto que sentía que prácticamente vivía en mi casa. Pocas eran las veces que no se quedaba a dormir y toda su ropa y objetos más útiles estaban colocados en mis armarios y en mi cuarto de baño, por lo que sería muy egoísta de mi parte pedirle más. Estaba dándolo todo y yo hacía mi máximo esfuerzo para no decepcionarlo o agobiarlo siendo demasiado asfixiante.
Nuestra relación marchaba bien. Nos comprendíamos y habíamos aprendido a leer la necesidad del otro sin tener que decir una sola palabra, por lo que estaba teniendo muchísimo más de lo que llegué a soñar alguna vez.

—Buenos días preciosa —su suave voz me trajo de vuelta a la realidad y me hizo centrarme en el presente.
—Buenos días amor —dije depositando un efímero beso en sus labios.
Comenzó a acariciar mis brazos de forma lenta, sin prisas, mientras yo dibuja figuras sin sentido en su pecho.
Acurruqué mi cabeza más cerca de su corazón y escuché sus acompasados latidos, deleitándome con el sonido que producían y que me demostraban que todo era tan real como la propia vida.
Rozó suavemente mis brazos, acariciando ascendente y descendentemente. Bajó su mano hacia mi cadera y me apresó aún más cerca de él. Mordí levemente su hombro y me llevé una juguetona sonrisa de su parte.

—Te ves exquisitamente hermosa así desnuda y siendo absolutamente mía —comentó observando mi desnudo cuerpo cubierto por la fina sábana blanca. Enrojecí ante sus palabras e hice un gran esfuerzo para no cubrirme mucho más. No mostraba nada de mi desnudez, únicamente vislumbraba mi silueta bajo la sábana, pero imaginar que con un solo movimiento quedaría completamente al descubierto me ponía un poco nerviosa, por lo que intenté distraerme pasando   mis dedos por su espalda y acoplándome más al lateral su cuerpo, dejando nada de separación entre los dos. Rocé su baja espalda y me deleité con el pensamiento de su cuerpo desnudo bajo la misma sabana. Entrelacé mis piernas con las suyas convirtiéndonos en un amasijo de miembros entrelazados.
Sonreí por el estremecimiento que provocó su respiración en mi cuello y por el deseo que empezaba a emanar en mi cuerpo.

Me elevé levemente para poder tener un mejor acceso a su boca y poder degustarla a mi propio antojo. Jugueteé con sus labios, saboreándolos con mi lengua y disfrutando al verlo gemir y estremecerse. Palpé su abdomen, disfrutando de sus músculos y privándome de deseo al saber que mi paraíso se encontraba unos centímetros más abajo.
Su mano derecha se coló entre las sábanas para rozar mis nalgas y dar un apretón a mi desnuda piel que me hizo jadear por la sorpresa.
Descendí mi mano con extremada lentitud, disfrutando del calor que trasmitía su piel y de la sensualidad con la que se estaba cargando el ambiente.
—No me cansaría de tu cuerpo nunca… —acaricié su pelvis mientras hablaba susurrando sobre sus labios entreabiertos.
—¿Sólo mi cuerpo eh? —preguntó juguetón.
—Únicamente tu maravilloso cuerpo.

Nuestra burbuja de placer se rompió ante el repentino sonido de una llamada entrante en mi móvil. Single Ladies sonó con fuerza, anunciándome que la llamada pertenecía a Alice, la única mujer más inoportuna que tuve la suerte de conocer.
—Edward espera… —le dije haciendo ademán en moverme para coger mi teléfono.
—No. —Contestó firmemente mientras apresaba con más fuerza mis caderas.
—Edward... —refunfuñé ganándome una sonrisa de su parte.
Los dos nos quedamos callados cuando mi móvil dejó de sonar pero gruñimos en respuesta cuando la música volvió a invadirnos.
—No contestes —susurró en mi oído.
—¿Por qué?
—Tengo mejores planes para ti y para mí.
Me excité de solo escuchar sus palabras.

—Pero te-tengo que hacerlo, pu-puede ser importante.
—Está bien pero… —me miró coqueto—, antes dame un beso.
Le sonreí abiertamente.
—No tienes ni que pedirlo —me elevé un poco más y besé sus labios con ternura. El molestoso sonido hizo acto de presencia pero no logró que me separara de sus labios. Edward aprovechó mi movimiento y sujetando mis muslos me colocó sobre él.
Protesté mientras reía a la par que jadeaba al sentir su cuerpo desnudo bajo el mío.
—Pones en peligro mi autocontrol…
—¿Por qué no te olvidas del teléfono y me dejas hacerte mía hasta morir de placer? —Su ardiente voz, ahora más ronca por el deseo, terminó de destruir mi muralla.

—Estoy a tu disposición —lo besé.
Él siguió el movimiento de mis labios y me hizo gemir sobre los suyos cuando acarició todo el lateral izquierdo de mi cuerpo y pasó sus uñas con cuidado por mi piel, estremeciéndome. Ardía de deseo y el maldito móvil no paraba de sonar
—Mandaré al diablo a Alice. —Gruñí con fastidio y cogí el dichoso aparato en un lento movimiento debido a que Edward empezó a depositar besos sobre mi cuello.
—¡Isabella Marie Swan! —gritó una muy dispuesta Alice a querer dejarme sin tímpanos.
—Me dejarás sorda —dije entre dientes.
—Te he estado llamando por horas y no te dignas a contestar el móvil —su voz se elevó una octava.
—Estaba durmiendo, ¿qué querías?
Suspiró fuertemente en el aparato.

—¡Bella! —Chilló.
Tuve que apartar el móvil de mi oreja por la integridad de mi oído.
—No grites.
—No me puedo creer que no sepas que día es hoy. —Sonaba dolida.
—Sé que día es Alice.
Me estremecí al sentir la lengua tibia de Edward sobre mi cuello.
—Pensé que lo habías olvidado.
—No lo he hecho.
Fue un duro trabajo encontrar mi voz de nuevo al sentir el placer que me causaban sus caricias.
—Para… —intenté decirle, pero sólo me lanzó una perversa mirada y mordió mi cuello. Él sabía que era mi punto débil.
Gemí sin poder evitarlo.

Alice carraspeó y me hizo poner atención de nuevo en ella.
—¿Interrumpo? —preguntó divertida.
—No… no —carraspeé.
—¿Segura? —se rió disimuladamente, o por lo menos lo intentó.
—Sí —intenté sonar firme pero una risita tonta escapó de entre mis labios cuando Edward susurró palabras divertidas en mi oído—. ¿Qué me querías decir sobre hoy?
—Hay que organizarlo todo Bella, el tiempo se me queda corto.
—Alice quedan más de ocho horas.
—Por eso mismo, pasaré por ti en una hora o no conseguiremos hacer nada, tenemos que aprovechar la mañana.
—No Alice, no puedo… —me cortó.
—Una hora Isabella, adiós.
El pitido de finalización de la llamada cortó mis palabras, dejándome a medias. Gruñí con fastidio y lancé el móvil en el suelo, sin cuidado alguno, sabiendo que no se dañaría gracias a la alfombra.

Me quedé sin respiración cuando Edward se acercó a mí y mordió mi labio inferior, jalándolo entre sus labios y lo succionándolo con fruición. Un suspiro salió de golpe desde mi garganta e impactó en sus labios.
—Oh Dios mío…
Edward rió orgullosamente sabiendo lo que causaba en mi cuerpo.
Me besó con excitación y pasión, haciéndome olvidar hasta de mi propio nombre.
—Ed-Edward…
—Será mejor que te levantes ya si quieres llegar a tiempo. —Sus palabras me dejaron shockeada. Él no podía hacerme esto.
—No… —Intenté decir antes de entrelazar mis manos en su cabello.
—Luego podemos terminar con esto. —Lamió mis labios.
—No puedes hacerme esto. —Protesté enfurruñada.
—Venga amor… —Me besó tiernamente y me colocó en mi lado de la cama.

Lo aniquilé con mi mirada antes de levantarme y taparme con la sábana, le di una última mirada intentando parecer dolida y fui al baño a trompicones. Le di un último vistazo y en mis retinas sólo quedó su imagen, con sus brazos detrás de su cuello y con una estúpida sonrisa de suficiencia en su rostro. No podía odiarlo por más que quisiera. Bueno no quería, lo amaba y también amaba su comportamiento infantil.
Me metí bajo el chorro de agua templada y disfruté de la sensación de relajación que le produjo a mis músculos. Estuve por más de cinco minutos dejando que el agua golpeara el tope de mi cabeza y recorriera mi cuerpo hasta morir en el fondo de la bañera.
Extendí el gel de baño entre mis manos y lo sobé por mi cuerpo, fregué mis brazos y mis costados. Hice lo mismo con mis pechos pero la sensación que mis propias caricias me produjeron me hicieron vibrar en mi sitio. Un gemido salió de mis labios y quedó ahogado con el agua.

Acaricié lentamente mis redondeces y jadeé al sentir el deseo que Edward había provocado en mí aumentado. Escuché unos sonidos provenir del dormitorio y una puerta abrirse con sigilo. Giré mi cabeza y de soslayo pude ver a Edward asomado allí. Decidí jugar con él.
Acaricié impetuosamente mis pechos y jadeé, bajé mi mano por todo mi vientre y acaricié mis caderas, elevé mi cabeza y cerré mis ojos para disfrutar de las sensaciones. Toqué levemente mi intimidad y me imaginé a Edward haciéndolo, tocando mi cuerpo como solo él sabía.
Escuché un fuerte gruñido y sonreí internamente, ahora agradecía que las mamparas fueran transparentes.
Seguí con mis caricias pero disimuladamente me detuve, me estaba excitando demasiado y no quería dar un espectáculo para nada agradable frente a Edward.
Jaboné mi cabello y después de enjuagarme salí con la toalla más diminuta que encontré. Disimulé frente a él aunque no dijo nada pero para mí no pasó por alto el gran y voluminoso bulto de su entrepierna.

Las siguientes horas fueron mi muerte. Salir de compras con Alice era agotador y horrible. Me obligó a probarme diez vestidos por tienda hasta que encontré el que me enamoró. Después me condujo a la sección de menaje, de cocina, de electrodomésticos, de accesorios y de iluminación hasta que se apiadó de mí y dejó que comiéramos un menú italiano antes de que desfalleciera de hambre. Como último elemento me llevó hacia una bonita tienda de lencería donde me animó a que comprara de todo, completamente convencida de que yo me vería aceptable enfundada en esas diminutas prendas a las que sería un delito denominarlas como ropa.
Logró convencerme de comprar un par de conjuntos y ella, como regalo por la amistad, me compró un pecaminoso camisón y un conjunto rojo que poco dejaba a la imaginación.
Después de más de seis horas interminables de compras compulsivas pude volver a mi hogar. Sentía mis pies y mis piernas de gelatina.  

—¿Amor? —pregunté mientras colocaba las llaves en su sitio correspondiente, no sabiendo si había decido quedarse o ir a su casa.
—Hola nena —Edward apareció por las escaleras solo con un pantalón deportivo y su pecho al descubierto, llenándome de alegría nada más verlo—. Te extrañé. —Dijo antes de juntar nuestros labios en un cálido beso.
—Y yo amor, Alice acabó con toda mi energía.
—Ven, descansa —jaló de mí y me llevó a la sala, donde me sentó en su regazo y me abrazó fuertemente.
Me acurruqué en sus brazos y le conté todo lo que habíamos hechos excepto lo de la lencería, sintiéndome avergonzada y no muy convencida de que algún día lograría desfilar para él para poder mostrársela en condiciones.
Pasamos largo rato hablando, compartiendo un momento de paz y tranquilidad. El solo hecho de estar así con él me llenaba enormemente.

El tiempo se nos venía encima así que decidí ducharme para después dejar que lo hiciera él.
No habíamos hablado sobre el tema de la convivencia y tampoco formalizado seriamente nuestra relación, pero yo era inmensamente feliz al verlo aparecer con nuevas mudas de ropa que dejaba por si se le hacía demasiado tarde. Sabía que sólo era una excusa, pero yo no iba a juzgarlo por ello. A mí solo me bastaba con despertar a su lado, lo demás no tenía importancia alguna.
Había estado pocas veces en su casa, y no sabía por qué, suponía que por comodidad, ya que al ser él quien siempre venía a buscarme yo no le daba demasiada importancia. Lo único que le había pedido es que se trajera a Bear y a Rosi para que jugaran con Mojito y para que no estaran todo el día solos. En el patio de mi casa se lo pasaban de lujo, correteando uno detrás del otro y aprovechando todas las zonas verdes y el suave calor.
No habíamos dejado de lado nuestros paseos al parque de perros, sabiendo que era una rutina emblemática para nosotros. Significaba nuestros primeros encuentros y donde nos conocimos más profundamente.

Quité mi ajustado pantalón y solo quedé en blusa y bragas. Edward estaba tumbado en la cama mientras yo revoloteaba de un lado a otro organizándolo todo.
Me contaba algo gracioso sobre su adolescencia. Que había una niña loca en su grado que poco le faltó para violarlo y aprovecharse de él ya que era unos años mayor y se beneficiaba de eso. Exageraba demasiado y yo solo reía con sus tonterías.
Me encontraba observando mis collares concentradamente, sintiéndome indecisa al no saber cuál combinaría mejor con atuendo, por lo que no sentí sus movimientos y me sobresalté al sentir su respiración en mi cuello y sus fuertes brazos en mi cintura.
—¿Estás provocándome a propósito? —pronunció con deseo en su voz.
—No estoy haciendo nada…
—Oh sí señorita, no puedes pasearte delante de mí con tan poca ropa encima.
Besó mi nuca y cuando menos lo esperé me giró bruscamente para besarme con pasión.

—¡Edward! —Chillé cuando dejé de sentir el suelo bajo mis pies.
—Preciosa —susurró mientras me llevaba cargada hacia la cama. Me tumbó en ella cariñosamente y se posicionó sobre mí sin dejar de besarme.
Me deleité con su fuerte espalda, la cual acaricié con mis ansiosas manos de norte a sur. Abrí mis piernas para facilitar sus movimientos y para que se acoplara más cerca de mí. Se colocó entre ellas, provocando un delirante roce con nuestros excitados sexos.
Lamí el lóbulo de su oreja mientras él besaba mi cuello. Mi camisa desapareció en segundos al igual que mi brasier. Su atenta mirada, llena de un deseo crudo y visceral, se posicionó sobre ellos y poco me faltó para deshacerme allí mismo.
Me distrajo con sus demandantes besos mientras acariciaba todo lo que podía con sus fuertes manos. Sus labios bajaron por mi cuello hasta mi clavícula y se posicionaron en un leve roce sobre mis pechos. Los cuales pedían más atención de la dada.

Mordisqueó mis pezones mientras su mano derecha acariciaba toda la extensión de mi pierna, gemí en su oído y me llevé un jadeo de su parte.
Mi respiración al igual que la suya era errática y se disolvía en leves suspiros.
Subió su mirada, observó la habitación y su ceño se frunció. Iba a preguntar el motivo pero sus labios me hicieron callar.
—Perdóname por esto —susurró enigmáticamente.
—¿Qué sucede?
—Si continúo con esto llegaremos tarde —gruñó frustrado. El mundo se vino sobre mí. No podía dejarme así ahora.
—No importa. —Contesté demandante mientras intentaba besarlo de nuevo.
—Pero… Bella… nos esperan… —Me miró con la misma frustración que yo tenía y maldije su estúpida norma de llegar puntual siempre.
—Edward… —protesté—. No puedes hacerme esto por segunda vez hoy.
—Te prometo que te compensaré.Contestó haciendo ademán en levantarse.
—No Edward, no. Tú empezaste esto, acábalo. —Demandé.  

Finalmente se quitó de encima de mí después de darme un último beso.
—Perfecto –dije entre dientes—. Me parece perfecto.
—No lo hagas más difícil. —Sonó atormentado.
—Es injusto Edward, muy injusto. —Me levanté de la cama y tapé mi pecho desnudo con mi blusa.
—No te enfades cariño, todo será mejor después. —Me miró con diversión y lo fulminé con la mirada, dándome cuenta de que lo estaba haciendo a propósito, aunque no entendía su fin.
—¡Argg te odio! —Le grité mientras cerraba fuertemente la puerta del baño.
—¡Pero yo te amo! —Gritó de vuelta riendo. Le divertía verme frustrada.
—Para cuando quieras terminar lo que empezaste será tarde y seré yo la que me niegue. —Hablé asomando la cabeza por la puerta del baño. Intenté sonar enfadada y amenazante, pero sólo me llevé una risa de su parte.

Una malévola idea pasó por mi mente mientras me duchaba, sabiendo que los dos podíamos jugar a este excitante juego de tentación, y sabiendo que lo tendría rogando por un poco de atención en muy poco tiempo. Lo dejaría tan o más excitado de lo que yo estaba y me negaría a terminar cuando quisiera ir más allá.
Reí para mis adentros por la grandiosa idea que acababa de ocurrírseme, sabiendo que ahora todo sería más divertido y emocionante.
Poco después salimos a casa de Alice una vez ambos terminamos de arreglarnos. Intentó besarme en varias ocasiones, pero yo me escabullí forzosamente de su toque, lo anhelaba pero no se lo demostraría. Él solo reía al ver mi infantil comportamiento.

Miré llena de sorpresa como la entrada a la casa de Alice estaba repleta de coches, muchos de ellos que no lograba reconocerlos, por lo que era imposible que fueran de alguno de mis amigos.
—¿Cuánta gente habrá?
—Pensaba que estaríamos sólo nosotros, pero creo que Alice ha invitado a alguien más.
—Tal vez…
Alice nos abrió la puerta nada más timbrar, como si hubiera estado detrás esperando nuestra llegada.
—Oh Bells, te dije que ese vestido era el adecuado, te ves increíble.
—Gracias Al, tú también estás preciosa.
Saludó a Edward con un sonoro beso en la mejilla y le agradeció ante sus halagos.
Nos dirigió hacia el comer y volví a sorprenderme cuando vi que la mesa estaba únicamente ocupada por nuestros amigos.

—Siéntense allí. —Señaló la zona oeste de la mesa y nos dirigimos hacia allí después de haber saludado a todos.
Frente a nosotros estaban Emmet y Rosalie y ocupando la cabecera de la mesan se situaban Alice y Jasper como los principales anfitriones. Los puestos a nuestra izquierda estaban vacíos y parecía que nadie más cenaría con nosotros. Me desconcertó aun más.
—¿Por qué habían tantos coches en la entrada?, ¿nadie más cenará con nosotros?
—No, por supuesto que no. Los coches son de unas amigas de mi madre. Se ha estado quedando aquí conmigo desde la semana pasada. En unos días se irá a París y ha querido visitarme antes. Viajará con sus amigas y sus maridos, es algo así como una salida en parejas, solo que ella irá sola. —Yo ya sabía que los padres de Alice se habían separado cuando ella aún era una adolescente, y que su madre se había dedicado a recorrer mundo en busca de un nuevo marido.
—Haber si tiene suerte en París. —Añadió Rosalie, a lo que todos supiramos sabiendo que no había sido muy afortunada en su búsqueda.

—Le he dicho que podían ocupar tranquilamente mi despacho en la segunda planta para terminar de planear su viaje. No quería que estaran pululando por aquí en nuestra noche.
—Es lo mejor.
Sabía que la relación que Alice tenía con su madre no era demasiado buena. Habían tenido muchos roces desde que su padre se fue con otra mujer y, aunque mantenían una relación cordial, no compartían lo mismo que cuando sus padres aún estaban casados.
—Dijo que vendrían unas sobrinas de Carmen, pero que sólo estarían unas pocas horas. Creo que tienen nuestra misma edad.
—Son jóvenes. —Alice asintió.
Dejamos de lado ese tema de conversación y nos centramos en la jugosa y deliciosa cena que Alice y Jasper habían preparado. Se habían molestado mucho en la decoración de los platos y daba hasta un poco de pena estropearlos, estaban realmente hermosos.

Compartimos amenas charlas y nos divertimos a lo grande, llenando el ambiente de risas.
Dejé caer mi servilleta accidentalmente hacia el lado que daba a Edward y me agaché con lentitud a recogerla mientras colocaba mi mano en su muslo para no perder el equilibrio. Elevé la mirada una vez la tuve entre mis dedos y percibí a Edward mirándome interrogante. Elevé los hombros, restándole importancia, y le enseñé la servilleta a lo que sólo sonrió y asintió.
Emmet le hizo una pregunta sobre su trabajo y él se distrajo completamente, situación que aproveché para continuar con mi planificado plan.
Acaricié su muslo muy lentamente, de manera muy casual, y él ni siquiera se inmutó, completamente inmerso en lo que Emmet le estaba diciendo, el cual estaba completamente interesado en su trabajo, mucho más de lo que esperé.
Pasé mis uñas por su pierna, de arriba abajo y con mucha lentitud, ejerciendo la presión justa y necesaria para que sintiera mis movimientos.

Me adentré más en su muslo, pero me centré en deslizar mi mano hacia el sur y no hacia su entrepierna.
Sentí los ojos de Edward fijos en mí, buscando respuestas, pero no me digné a mirarlo, sabiendo que si lo hacía toda mi seguridad desaparecería velozmente.
Continué con mis caricias lentas y prolongadas, llevando mis dedos cada vez más cerca de su entrepierna pero sin tocarlo todavía. Necesitaba que se excitara un poco más, que se pusiera mucho más nervioso por no poder controlar la situación.
Cuando sentí su sexo aumentar con lentitud aproximé más mi mano, colocando mis dedos sobre su miembro y dando pequeños toquecitos con las yemas. 
Emmet dijo algo gracioso, por lo que yo me reí con fuerza y, de verdad sin querer, apreté con elevada presión su sexo, el cual ya estaba más que endurecido, tensando la tela de su pantalón de vestir y provocando que Edward enmudeciera y se quedara completamente tenso y nervioso.

Con un poco de valentía me giré y lo observé por entre mis pestañas, guiñándolo un ojo y sonriéndole coquetamente.
Su expresión era de súplica total. Sus ojos me pedían que me detuviera, pero yo pude ver un profundo brillo de excitación bailando en su mirada.
Apreté varias veces, ejerciendo más presión a medida que aumentaban mis movimientos, y restregando mi palma por todo su eje cubierto. Tragó saliva fuertemente y llevó su mano sobre la mía, intentando apartarla lo más disimuladamente que podía.
Mordí mi labio con furia al pensar en todo lo que podía divertirme con él y en lo necesitada que me sentía de arrastrarlo lejos de todos y de abalanzarme sobre él para que extinguiera el fuego ardiente de puro deseo que recorría mis venas.
Suspiré hondamente para centrar mis pensamientos y continué con mis caricias cada vez más insistentes, tratando de ser todo lo disimulada que podía y de no llamar la atención del resto, aunque parecían muy inmersos en sus conversaciones.

—Si tú quieres jugar, jugaré contigo. —Susurró acercándose a mi oído y sonriéndome malévolamente. No comprendí que intentaría, pero pronto entendí sus palabras.
Movió su mano hacia mis mulos, acariciando mi piel desnuda y desprovista de medias pantys.
Sus dedos se acercaron inminentemente a mi centro y no pude evitar jadear con fuerza, llamando la atención del resto. Les sonreí y tomé un gran trago de agua para intentar relajarme.
—Intenta ser más disimulada —pronunció continuando con sus movimientos.
—Pa-para…
—Esto es muy divertido. —La fuerza de sus caricias aumentó y yo pude sentir como claramente mi ropa interior empezaba a humedecerse.
Intenté detener su mano colocando la mía como barrera y sintiéndome desconcertada ante el repentino giro de roles que había sucedido en mis narices y que no pude evitar por no haberlo predicho antes.

—Tú ganas, tú ganas, pero detente… —susurré en su oído e hice más fuerza con su mano sobre la mía, la cual acariciaba el encaje de mi ropa interior y todo el largo de mis piernas.
—Tú empezaste con esto.
—Pero no tiene gracia si terminas haciéndote con el poder.
—Atente a las consecuencias.
Pellizcó la suave piel del interior de mis mulos, haciéndome morder con fuerza mi labio inferior para acallar el gran gemido que casi escapa de mi boca.
—Sólo intentaba vengarme por lo de antes, pero lo admito, tú has ganado. Detente o no sé de lo que soy capaz.
—¿Es una amenaza?
—Es una advertencia si no quieres que demos un espectáculo delante de todos.
—Sería divertido.
Lo miré con los ojos completamente abiertos, no creyéndome sus palabras. Rio con fuerza, llamando la atención de todos.

—¿Qué les divierte tanto?
—Nada Emmet, Edward tan sólo me contó un chiste.
—Podrías contárnoslo a todos —dijo entusiasmado.
Aparté su mano de mi muslo y lo miré divertida, esperando por sus palabras.
—Oh n-no es nada divertido, tan sólo era una anécdota.
—¿Y sólo puede saberla Bella?
—Es una tontería.
—No importa Ed, puedes contársela. —Le guiñé un ojo cuando me miró con súplica.
—Ha-había una niña cuando estaba en octavo grado que me perseguía a todas partes diciéndome que estaba enamorada de mí. Era unos años más mayor y un día me acorraló en el cuarto de baño porque quería que la besara. Después de conseguirlo quiso mucho más y para mi suerte una profesora la encontró y se la llevó a dirección.
—Vaya, nuestro Ed está hecho todo un Casanova.
El grupo rio con fuerza, completamente divertido.

—Está muy mal mentir.
—¿Qué pretendías que dijera?
—Eso te pasa por ser malo conmigo.
—Oh nena, no quieres verme siendo malo. Esto podría llegar mucho más lejos.
—Oh no, ya no más, he tenido suficiente por hoy.
—¿Dejarás de provocarme?
—Lo prometo —contesté besando su mejilla.
—Eres única. —Acarició mi mano por sobre la mesa y me sonrió hermosamente, haciendo latir mi corazón con velocidad.
—Será mejor que vayamos al cuarto de estar, ahí estaremos más cómodos.
Seguimos a Alice y a Jasper y cada uno ocupó un sitio en los sofás biplaza que había, tres en total. No podíamos pedir estar más cómodos. Alice había decorado con esmero esa sala, llenándola con un gran televisor, un proyector, unas cuantas consolas con sus videojuegos y un equipo de música. Además estaba cubierto totalmente por una gruesa y peluda alfombra y la luz era regulable, por lo que creaba un ambiente acogedor y bonito.

Me senté al lado de Edward, pasando mis piernas por sobre sus muslos y acercándome lo más que podía hacia él. Deposité castos besos en sus labios, olvidándome de todo a mi alrededor y centrándome únicamente en él y en la preciosa sonrisa que mostraba y sus caricias en mi baja espalda.
—Ustedes tienen una conexión asombrosa. —Habló Rosalie trayéndonos de nuevo a la realidad.
—¿Cómo?
—Esa manera que tienen de mirarse, tan intensamente, que es como si se lo estaran diciendo todo sin tener que hablar. Se trasmiten tantos sentimientos que es apabullador.
—Están enamorados Rosalie, es normal.
—Lo sé, sé que es normal pero tampoco es fácil que todas las parejas lo consigan, y menos tan pronto. Llevan muy poco siendo novios y es como si hubieran estado destinados desde siempre. Es algo realmente hermoso de ver.
—Rose… —susurré mientras sentía mis mejillas colorándose y ensanchándose al sonreír.
—Estoy muy feliz por los dos, por todos, y propongo un brindis por todos nosotros.

Alice corrió a servirnos unas delicadas copas con champán. Nos pusimos de pie y nos agarramos de la mano, como tradicionalmente hacíamos cada año, el mismo día, cuando celebrábamos habernos conocido.
—Edward y Jasper son nuevos en todo esto, pero los queremos mucho y estamos orgullosos de que sean siempre partícipes de este ritual.
—Estamos encantados de formar parte de su grupo —dijo Jasper elevando su copa—, y quiero brindar por todos, por haberlos conocido, por la amistad y por el amor.
—Por la amistad y por el amor. —Dijimos todos a coro y chocamos con cuidado nuestras copas. El champán estaba realmente exquisito y me supo mucho mejor en los labios de Edward, quien me besó con fuerza e intensidad después de haber tomado la bebida de su copa.
—Te amo —pronunció y yo sólo pude imitarlo, deshaciéndome en su boca y sintiendo mi corazón henchido de felicidad.

¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬.¬

—Tengo que ir al servicio —le dije a Edward en el oído.
—¿Tiene que ser un secreto?
—Sí —golpeé su hombro juguetonamente y reí cuando me sacó la lengua—. Ahora regreso.
—Ocupa el de la segunda planta Bells, el de aquí abajo está en reforma.
—De acuerdo.
Recorrí la casa un tanto desconcertada, pues no la conocía del todo bien. Alice se había mudado hace poco y yo sólo había estado un par de veces en su nuevo hogar, por lo que me vi en la obligación de abrir unas cuantas puertas antes. Era una casa mediana, con dormitorios grandes y decoración austera, aunque Alice se había encargado de darle su propio estilo y un poco más de color y viveza. Los muebles eran modernos y todo estaba tan perfectamente colocado que temía tocar hasta las paredes. La limpieza reinaba en cada rincón y el suave aroma a chocolate te envolvía completamente.
Me equivoqué dos veces; en la primera fui a dar a la habitación de invitados, decorada en tonos morados de diferente gama, y en la segunda con una especie de sala que parecía una pequeña biblioteca. Estaba repleta de estanterías llenas de libros y una mesa de cerezo para unas cuatro personas.

Me gustó mucho la decoración. Su casa carecía de excesos y era completamente personal, mostrando claramente como era Alice: organizada, elegante y meticulosa.
No pude evitar sonreír cuando finalmente acerté con la tercera puerta y di con el cuarto de baño y como no me encontré con una estancia pulcra y delicada. Predominaban los tonos blancos y turquesas. Los azulejos estaban formados por pequeños cuadrados dentro de cada uno de ellos, que a la vez formaban una especie de olas en la parte baja.
Predominaban la elegancia y el buen gusto organizados en tonos fríos y neutros que te envolvían y te trasportaban, como si te encontraras en el mar, rodeada de peces y agua cristalina.
Escuché algunas voces en el pasillo, como si se estaran despidiendo unos de otros y unas cuantas risas muy estruendosas.
Al salir vi a dos mujeres y un hombre yéndose por el final del pasillo y a una mujer alta que los despedía.
Mi cara mostró todo el horror que sentía en cuanto se giró y pude ver con claridad su rostro.

Percibí sus ojos abrirse en cuanto me reconoció, pero la sorpresa rápidamente fue sustituida por una sonrisa lobuna y una mirada terrorífica y malvada. Empezó a caminar hacia mi dirección, en la que yo me había quedado completamente estática y sin siquiera poder parpadear.
—Que sorpresa más agradable —dijo sonriendo con suspicacia—, pero si es Isabella Swan, nada más y nada menos que la mosquita muerta Swan.
Su mirada mostraba desprecio y sus pasos eran firmes y seguros, contrarios a los míos. Cuando finalmente pude moverme empecé a retroceder a la par que ella avanzaba.
—No te acerques… —pronuncié.
—¿Tienes miedo Isabella?, ¿dónde quedó toda tu valentía?
No le contesté, lo único que quería era alejarme de ella lo más pronto posible, porque sabía que su presencia no traería nada bueno.
—Aléjate.
—Eres patética.
Se rio con fuerza cuando yo ya no pude seguir retrocediendo al haber chocado contra una pared.

—Me alegra que me muestres tanto respeto. —Se detuvo a una distancia prudente y me miró con desdén.
—Tú ni siquiera mereces eso —dije entre dientes después de haber tomado una profunda bocanada de aire.
Necesitaba enfrentarla y no dejarla amedrentarme tan fácilmente. Una vez la dejé ganar, una sola vez logró acabar conmigo y derrotarme hasta convertirme en mísero polvo. Esta vez no, esta vez tenía que luchar por mi integridad.
—¿Quién dice que no lo merezco?
—¿Ya se te olvidó todo lo que hiciste, de lo que fuiste capaz? Eres una persona ruin y destructora que no merece nada. —La miré con asco y rabia, sintiéndome furiosa al recordar sus canalladas.
—No lo he olvidado, ¿pretendes que olvide algo tan divertido?
—¿Divertido? Estás completamente loca. —Le lancé una fría mirada llena de rencor.
—Créeme Isabella, pudimos hacerte más, pero nos diste pena.

Por un momento pude percibir en su mirada alguna especie de remordimiento, pero desapareció tan rápido que pude asegurar que habían sido imaginaciones mías.
—¿Quisieron hacerme más?
—Oh sí, mucho más, pero ya fue bastante contigo. Fuiste una presa muy fácil y manejable.
—Eres una maldita zorra. —Espeté. La sangre hirvió dentro de mi cuerpo. 
—¡Cállate! —su mirada se alzó y mostró superioridad.
—No pienso callar las verdades nunca más —mi voz nunca había sonado tan decidida—. Tal vez antes fui una estúpida que se dejó manipular por ustedes, que no supo defenderse por ser demasiado benevolente con quien no lo merecía. Pero escúchame bien, nunca más me dejaré manipular, y mucho menos por una persona rastrera como tú.
—¿Quieres que te aplauda mosquita muerta?, ¿a quién intentas engañar con este discursito? Sé perfectamente cuanto te afectó, y sé que todavía no has sido capaz de superarlo. Tan sólo te convertirse en un saco lleno de inseguridades.

La miré perpleja, no comprendiendo como es que sabía que realmente era así. No la había visto en años, no había tenido ningún contacto con ella, por lo que era incomprensible que supiera tanto de mí y muchos menos de mi personalidad.
—Tú no sabes nada de mí —dije entre dientes—. Tampoco te creas un ser tan superior. Olvidé lo que me hicieron y logré salir adelante.
—Sigue engañándote mosquita muerta.
—Deja de llamarme así.
—¿Y cómo prefieres que te llame?, ¿frígida?, ¿santurrona?, ¿mogijata?
—¡Cállate la puta boca! —le grité desesperada.
—¿Te duelen las verdades?, ¿te duele que te recuerde que todo te pasó por ser una niña tonta que no supo complacer a su hombre, que no fue capaz de mantenerlo a su lado por ser demasiado puritana, o mucho peor, inútil e inservible?
—No te creas que por eso vas a tener algún derecho sobre mí, o que vas poder controlarme nuevamente. Los años han pasado y yo no permitiré que me pisotees otra vez.

Antes siempre callaba todas mis opiniones, siempre aceptaba las cosas tal y como venían. Pero ahora ya no, el tiempo me había ayudado a madurar y a fortalecerme. Tenía mis complejos y mis propios monstruos interiores, y eso me hacía dar un paso hacia atrás, pero no me dejaría vencer, no nuevamente. Me había hecho una promesa sentenciadora a mí misma. Me juré derrotar a esas dos personas que arruinaron mi juventud, que destruyeron pedazo a pedazo todo lo que yo era y que pisotearon mi autoestima. No ganarían, esta vez sería yo la vencedora, costase lo que costase.
—Sólo te estoy diciendo la verdad. Estás rota, dañada, no hay nada bueno en ti y nunca lograrás ser una persona íntegra. Tienes un pasado y te perseguirá por siempre.
—Yo no hice nada malo.
—Eres merecedora de todo lo que te hicimos. Deberías de estar agradecida, al menos espero que te sirviera de lección y que hayas aprendido un poco, por lo menos en la práctica, porque físicamente eres repugnante.

Cerré los ojos con fuerza cuando sus palabras dieron de lleno en mis recuerdos, en todo lo que me habían gritado, en todas las veces que me lo habían repetido hasta el cansancio, hasta hacer que me lo creyera y que no pudiera encontrar algo bueno en mí.
—Tus palabras ya no significan nada.
—¿Te has visto acaso? Estás temblando como una pequeña y asustadiza niña pequeña. Te jodimos Isabella, te dejamos tan increíblemente jodida que nunca podrás ser quien eras, nunca podrás ser una persona normal.
—Di lo que quieras, repítelo cuantas veces te haga falta si eso se te hace feliz. No me lo creeré y no lograrás vencerme. Ya no me afectas, ni tú ni él. Sois parte del pasado, y os quedaréis ahí para siempre.
—Eres tan mala mentirosa… Me das pena.
—Tus palabras no son más que el desgaste de tus fuerzas.
—Anhelas destruirnos Isabella, estás ansiosa por vencernos, por vernos derrotados y tan destruidos como tú quedaste, pero créeme una cosa, eso nunca sucederá, no eres lo suficiente como para triunfar.

Sus ojos recorrieron todo mi cuerpo con desprecio, como si estara mirando un trozo sin vida de algún objeto sin el mínimo valor.
—No has cambiado nada, sigues siendo un completo desastre.
—Y tú sigues siendo una perra.
—Oh, la gatita saca sus uñas.
—Desaparece de mi vida, lárgate.
—¿Pretendes que acabe tan rápido con la diversión?, ¿qué conseguirás con que desaparezca? Dímelo, explícamelo.
—No te interesa.
—Yo estás dañada, nunca serás una mujer completa, estás llena de defectos y nadie mirará algo bueno en ti. Te usarán y después te desecharán como la basura que eres.
—No soy peor que tú.
—No estás ni de cerca de parecerte a mí.

Sus ojos me recorrieron por segunda vez, reflejando asco y repulsión.
—Odiaría parecerme a ti.
—Aprende a mentir mosquita muerta. Durante toda tu vida deseabas ser como yo, tener mi seguridad y mi belleza, mi buen criterio, mi fortaleza y aunque sea un poco de mi belleza.
—No eres más que una ególatra que no mira más allá de su propia sombra.
—Pero tengo todo lo que deseo. Sólo necesito chasquear los dedos para tener a cualquier hombre que quiera y tenerlo arrodillado a mis pies.
—Puedes tener toda la belleza que te dé la gana, pero sólo sirves para una cosa. Los hombres te utilizan y te dejan a un lado, como un objeto inservible al que no mirarán por segunda vez.
—Tú no sabes nada de mi vida. —Sus dientes rechinaron.
—Es muy predecible. Eres la típica tonta con cuerpo de Barbie que se deja comprar por un par de joyas, dinero o halagos.
No dije nada más, me alejé de ella y empecé a caminar en su dirección contraria, no queriendo perder más tiempo en banalidades.

—Siempre huyendo de todo Isabella —dijo con maldad.
—No huyo de nada, simplemente no le sigo el juego a mujerzuelas como tú.
—La santurrona Isabella siempre quedando bien con sus palabras.
—Sólo se trata de tener un poco más de dignidad y de clase.
—¿Acaso te ha llevado muy lejos eso? —se rio con malicia.
—Tengo todo lo que deseo ahora y ha sido gracias a mi propio esfuerzo.
—Oh sí, no voy a contradecirte en eso. Ya vi al hombre que has logrado embaucar y no sé ni de qué manera, pero no permanecerá a tu lado por mucho tiempo —me desafió—. No estando yo aquí para impedirlo.
—Ni siquiera pienses en acercártel.
—Será mío fácilmente Isabella. Lo tendré en la palma de mi mano en un abrir y cerrar de ojos. Dalo por hecho.  
—¡Eso no pasará nunca! —le grité—. Edward es mi novio, que te quedé eso bien claro. La clase de mujeres como tú no son su estilo.

Se rio estruendosamente.
—¿Y cuál es su estilo?, ¿tú?, ¿la penosa y horrible Isabella?
—No lograrás alejarlo de mi lado. —Mi frase no sonó para nada segura, pues el miedo e inseguridad empezaban a llenar mis venas.  
—Ni siquiera estás segura de eso Isabella. Él caerá pronto ante mis encantos, estoy segura de que está contigo por mera diversión. Son tan opuestos que se ven ridículos.
Ni siquiera supe que pasó por mi mente en ese momento. Sólo fui consciente de que lo vi todo rojo, que la furia nublaba mi mente y mi mirada y que de repente mi mano impactó fuertemente en su mejilla.
Se llevó la palma de su mano a su enrojecida mejilla y la frotó.
—¡No se te ocurra volver a tocarme, puta! —chilló mientras elevaba su mano para intentar devolverme el golpe.
Sujeté su muñeca fuertemente y la miré desafiante.
—Que sea la última vez que te interpones en mi camino, no te quiero volver a ver en mi vida y tampoco cerca de Edward. Desaparece como siempre lo haces.

Solté su muñeca con repulsión y le lancé una mirada llena de ira antes de girarme para regresar junto a Edward.
Intenté convencerme de que ella no podría alejarlo de mí, porque sería el momento más doloroso y destructor que me tocaría vivir.
Sabía que si se lo proponía podría arrebatarme a Edward, y eso no me dejaba para nada tranquila. Confiaba en él, confiaba en su amor hacia mí, pero aunque me costara admitirlo ella era una mujer más hermosa que yo y mejor en todos los aspectos.
—Seguro que a James le interesara saber donde puede encontrarte. —Me giré en el acto.
—No vas a decirle nada. No quiero volver a verlo y menos que sepa donde estoy. Déjame vivir mi vida en paz. Ya bastante dañaron mi juventud. Desaparece y olvídate de mí.
Un escalofrío recorrió mi espalda. Sabía que ante James no podría vencer.

—Tú no eres nadie para prohibirme o exigirme nada. —Me dijo antes de estampar fuertemente su mano en mi mejilla. Mi rostro se giró por la fuerza de su ataque y mi mejilla izquierda ardió como si la quemaran con fuego.
Con toda la rabia contenida, por lo que me había hecho y por estarse involucrando nuevamente, me abalancé hacia ella, logrando tirarla al suelo en un duro golpe. Quedó debajo de mi cuerpo y pude ver ojos desorbitados y llenos de incredulidad, incluso llenos de temor.
Volví a estampar mi mano en su mejilla con toda la fuerza que pude. Vi como su piel se puso roja automáticamente al igual que mi mano.
Nunca quise pegarme de esta forma con ella, estaba totalmente en contra de la violencia, pero en este momento la furia me cegaba, solo quería venganza.

Ella intentaba librase de mi pataleando, moviendo sus brazos con fuerza y su cuerpo con nulos resultados. Estiró su mano para agarrar mi pelo y le dio un fuerte tirón que me hizo detenerme, aunque rápidamente solté su mano.
—Eres una maldita que se ha buscado esto. No has hecho más que arruinarme la vida. Me la destruiste entera y no te dolió nada nuestros tiempos de amistad.
Mis palabras eran gritos mezclados con rabia y dolor. Esta no era yo, era consciente de ello, me estaba dejando dominar por mi parte violenta y llena de rencor y rabia. Tan sólo buscaba venganza por todo lo que me hicieron, por todo el dolor que me infringieron. Era como una forma de escape a todos los malos sentimientos que había guardado y callado por tanto tiempo.
Me destruyeron tan dañinamente que en ese momento no me veía más que como una máquina cuyo único objetivo era acabar con ella, con Victoria.

Mis manos se movieron furiosas contra sus mejillas. Una de ellas tiró de su pelo arrancándole un desgarrador grito de lo más profundo de su garganta.
Logró hacer fuerza con sus piernas a la vez que tiraba de mi pelo, haciendo que mis movimientos se detuvieran y dejándome en una posición débil.
—No me toques —jadeó con rabia a la par que sus uñas atravesaban mi mejilla, arañándola y rasgando mi piel, provocando que pequeñas gotas de sangre brotaran.
El dolor sólo incrementó mi ira y logré darle un jalón a su ropa, provocando que los tirantes de su vestido se rompieran.
—¡Maldita Isabella! —Su mano se estampó en mi nariz y sus uñas rasgaron mi blusa.
Logró hacernos girar y mi cabeza se golpeó en el suelo, arañó mis brazos pero rápidamente volvimos a la posición inicial.

—¡Bella! —el gritó proveniente de esa voz tan conocida para mí invadió mis tímpanos, aunque no me hicieron detenerme. Ni siquiera su presencia logró pararme. Mi cuerpo reaccionaba sin control, como si un botón automático hubiera sido pulsado. Mis manos fueron a su cuello y lo apreté con fuerza, viendo como dejaba de respirar.
Sentí unos fuertes brazos alrededor de mi cintura y dejé de sentir el cuerpo de Victoria bajo el mío. Me vi pataleando sin poder tocar el suelo con mis pies.
—¡Suéltame! —grité mientras me removía insistentemente. —Aún no he terminado con ella. ¡Suéltame! —chillé con todo la energía que pudo emitir mi garganta.
Edward apretó más mi cuerpo con sus brazos y, ante su toque, sentí como la conciencia volvió a mí, deteniéndome.

Mi respiración era errática y entrecortada. Tomaba profundas bocanas de aire.
—¡¿Qué está pasando aquí?! —cuestionó Edward con voz dura.
—Eres una malnacida Isabella. —Contestó la histérica voz de Victoria después de ponerse de pie.
Puede apreciar sus mejillas rojas y su pelo alborotado además de cómo sujetaba su vestido que había quedado inservible.
A pesar de todo, de verla con heridas y con la ropa rota, y de sentir a mi conciencia atacándome por dejarme llevar por la violencia y no por el raciocinio no me arrepentí de nada. Había logrado descargar una parte de la furia que sentía hacia ella y un poco del dolor y frustración que tenía tantos años acumulándose cada vez más dentro de mí.
A lo único a lo que realmente le temía era a la reacción de Edward. 

—Darme una explicación ahora mismo. —Exigió Edward.  
—Deberías vigilar a la gata de tu novia.
—¿Por qué os estabais pegando con tanta violencia? —su voz era firme.
—James será conocedor de todo lo que me has hecho, ten vigilada tu espalda Isabella. —Eso me enfureció más.
Me removí en los brazos de Edward e intenté abalanzarme de nuevo hacia Victoria.
—¡Basta de amenazas! —la furiosa voz de Edward me hizo frenarme en seco—. Estaros quietas las dos ya. Debería de daros vergüenza lo que estabais haciendo.
—Me vengaré por esto maldita. —Gritó Victoria antes de salir corriendo hacia un lugar desconocido.
Después de su huída el silencio reinó entre los dos, mi cuerpo temblaba aún entre sus brazos y su respiración era agitada al igual que la mía.

—¿Me vas a explicar que sucedió aquí? —me giró en un rápido movimiento que me mareó y enfrentó nuestras miradas.
—Ed-Edward yo… —las palabras se negaban a abandonar mi garganta.
—Sí tú, Bella, ¿por qué estabas golpeando a esa mujer? —Su pregunta me dolió más que los golpes de Victoria.
—Ed-Edward… Ehh… yo… —Sentí mis ojos aguarse ante la desesperación de no saber como explicárselo.
—Habla Bella —casi gritó en mi cara removiendo mi cuerpo—. Sólo quiero que me des una explicación razonable para justificar tu comportamiento. No entiendo como fuiste capaz de golpearla de esa forma. ¿Qué pasaba por tu cabeza?, ¿es que no te dabas cuenta de lo que estabas haciendo, de la tremenda barbaridad que provocaste? —Su voz fue filosa.

Mi corazón se iba trisando según avanzaban sus preguntas.
Edward no conocía nada de mi pasado, no sabía nada de mí ni de quien me atormentaba, ni nada por lo que había tenido que atravesar debido a la maldad de James y Victoria, pero aún así la defendía a ella, siempre era ella.
Ni siquiera me había preguntado si yo estaba bien o si ella era la que me había atacado primero, no, lo único que hizo fue atacarme con sus preguntas inquisidoras y no darme un poquito del beneficio de la duda.
De él no me esperaba esto. No me esperaba que primero se preocupara por ella y que me dejara a mí de lado, como pasaba con todo el mundo. Toda la confianza que le tenía y lo que me juró careció de sentido en ese momento.  

—N-no puedo explicártelo… —susurré agachando la mirada. Me sentía dolida y traicionada y no estaba en condiciones de contarle nada de mi pasado. Prefería callar.
—No me empieces de nuevo con tus tonterías, explícate. Aún no puedo creerme que ye haya encontrado de a golpes contra aquella mujer. ¿Qué pasa contigo Bella?, ¿qué problema tienes? —Su furia era tal que no comprendía todo lo que me estaba lastimando.
Mis ojos dejaron escapar las silenciosas lágrimas que se negaban a salir.
Definitivamente Edward no comprendía nada, nunca lo hizo. Me juzgaba como todos lo habían hecho y me corroboró que jamás podría fiarme de nadie. Nunca me comprendería o entendería por todo lo que tuve que pasar. Sus palabras diciéndome que sería paciente y que me amaba perdieron completo valor, y me di cuenta de lo equivocada estaba con respecto a sus sentimientos.

“¿Verdaderamente Victoria tenía razón?, ¿era solo un entretenimiento para él?”
Mi mayor error fue enamorarme e intentar creer que me llegaría a comprender o que al menos lo entendería. Ahora comprendía que nunca me quiso, que su amor era tan falso como sus juramentos.
Mis pensamientos me enfurecieron, su comportamiento me enfureció.
—Estoy esperando —dijo con desdén.
—¡Ella arruinó mi vida, es una de las causantes de mis complejos y de mi baja autoestima, de todo mi dolor. Se encargó de que mi juventud fuera desastrosa y terrible y de que ahora sea una persona insegura y desconfiada, pero ya veo lo poco que te importo o que te interesan mis explicaciones. Yo sólo me estaba defendiendo. Sé que hice mal, pero me dejé llevar por el rencor y sólo pensé en venganza. Pero ya da igual, eres libre de correr detrás de ella para poder consolarla. —Sus ojos se abrieron estupefactos.

—Yo siempre soy la mala de la película, la persona cruel y despiadada, pues genial, olvídate de mí y corre detrás de ella a comprobar que no le haya hecho demasiado daño. Sabía que no podía bajar mis barreras y mucho menos confiar en nadie.
Me solté de su agarre y lo desafié. Sequé mis traicioneras lágrimas y me alejé más de su lado.
La sorpresa e incredulidad se vio reflejada en su rostro. Su mirada expresaba culpa y dolor mas no me afectó, nada lo haría ahora. Otra lágrima surcó mi rostro y junto a ella le acompañaron más. Quise detenerlas pero no pude. El dolor en mi cuerpo era irresistible, y sólo entendí que estaba destinada a aprender de mis errores.



Hello people! :)
Por fin les dejo un nuevo capítulo :P
Sé que me he tardado años en publicar, pero con las clases y toda la rutina me ha sido imposible centrarme. No les quería entregar un capítulo pésimo.
Como recompensa les entrego uno largo y lleno de novedades.

No odien a Edward por esto, recuerden que en el paraíso también se cometen errores, se juzga sin conocer y se daña a la persona amada.
El próximo capítulo lo explicará todo. Se avecinan los problemas y la verdad está a nada de ser descubierta. .
Comenten y cuéntenme que les pareció. 


Kisses.
By: K. Crazy Cullen.

5 comentarios:

  1. Bueno valio la pena esperar x este capitulo estuvo muy bueno y esperare con ansias el siguiente, ojala sea pronto escribes genial, saludos desde Perú

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  2. hola TARISA!!
    GRACIAS X TU COMENT
    ME ALEGRA MUXO K TE HAYA GUSTADO Y K TE HAYA VALIDO LA PENA ESPERAR SE K TARDE MUXO PERO E ANDADO CON PROBLEMILLAS PERO A PARTIR DE AGHORA CREO K NO ME DEMORARE TANTO MUXOS KISSES WAPA GRACIAS X PASARTE Y DEJARTE TU COMENT!!

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  3. Me gusto muchisisismo el capi, pero por mas que lo pienso no comparto una reacción asi de Edward, no creo que este en la situación de juzgarla ni de mirarla "feo" por lo que hizo.
    De igual forma espero que puedan aclarar todo este mal entendido y que Bella no se "hiera" tanto por la actitud de Edward...
    Me encanta la historia, espero el siguiente.

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  4. hola elmi :D
    GRACIAS X TU COMENT ME ALEGRA MUCHO K TE GUSTE EL CAP Y FIJATE K NI YO ENTENDI SU REACCION XD XD ES BROMA
    EN EL PROX CAP TE ENTERAS DE EL XK DE SU REACCION Y XK LA JUZGO DE ESA MANERA
    TRANKI XK BELLA NO VA A SUFRIR TANTO YA SABES K ANTE TODO EDWARD NUNCA ES MALO XD

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  5. Guauuu! me encanta este blogeEER!:D
    Lo seguire sin duda, sigueme tu ami no?:) GRax esta super bn la historieta!

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