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La historia "La razón de mi existencia" está siendo modificada. Estoy corriguiendo faltas ortográficas y argumento. Hay 19 capítulos corregidos. Disculpen las molestias :)

viernes, 15 de octubre de 2010

Capítulo 4: Ojos verdes.

Capítulo 4: Ojos verdes



Pov Bella:



Escuché el timbré y pensé que era alguno de los empleados, me dirigí a abrir a paso tranquilo, le di al botón para que se abriera la puerta y me coloqué detrás del mostrador.
—Hola espero que no sea demasiado tarde. —Escuché una masculina voz.
—Hola. —Saludé sin mirar, pues observaba unos documentos de última hora en el ordenador, a la secretaria se le había olvidado apagarlo y tampoco me había pasado los informes. Se suponía que era eficiente. Suspiré hastiada.
—En un segundo estoy contigo. —Hablé aún concentrada en los documentos del ordenador.
—De acuerdo. —Su voz era sumamente firme y melodiosa.

Mi mundo se detuvo en cuanto mis ojos abandonaron reticentes la pantalla del ordenador.
Mi corazón latió desenfrenadamente queriendo salir de mi pecho y correr huyendo de esa verde mirada.
—¿En qué puedo ayudarte? —Pregunté lo más profesional que pude.
Recuerda Bella, trabajo y vida personal separados, siempre separados.
Me tuve que remarcar varias veces esa frase para que a mi cerebro le quedara claro.

—Quiero una revisión completa para mi perro. —Sonrió ladinamente y yo me sentí desfallecer. Los latidos de mi corazón aumentaron más, la sangre bombeaba tan rápido por mis venas que parecían querer explotar. Me sentí sumamente ridícula por quedarme embobada mirándolo.
—¿Ehh? —Un ridículo sonido abandonó mis labios, mis neuronas habían abandonado mi cerebro llevándose con ella mi capacidad de creación de frases con sentido. Mi conocido y amplio vocabulario se evaporó como la pólvora.

—¿Hola? —Una sonrisa acompañó a su pregunta. Sus blancos dientes brillaron entre sus labios y un suspiro abandonó los míos.
—Enseguida. —Pude pronunciar entrecortadamente.
Una mirada furtiva de mi parte recorrió su cuerpo, para mostrarme a un hombre increíblemente sexy y hermoso.
Su bien formado cuerpo me llamaba, sentía una fuerte atracción recorrerme. La tentación de correr a su lado fue tan grande que tuve que hacer mi mayor esfuerzo en detenerme.

Su magnetismo me atraía como si de un imán se tratara. Recorrí toda su anatomía y dejé de respirar al encontrarme con su mirada. Se había dado cuenta de mis actos, se había dado cuenta de que lo estaba observando y repentinamente mis mejillas se tornearon a un rojo profundo.
Me sentí irremediablemente atrapada por él, como jamás me había sentido por nadie. Su mirada era intensa, su atracción inevitable y su sonrisa hipnotizante.
Y entonces lo supe, fui conocedora de que él sabía lo que estaba provocando en mí, él sabía claramente que ahora mismo me tenía en la palma de su mano.


Mis alarmas se dispararon, él era la clave fija para conseguir un corazón roto y yo no me podía dejar herir de nuevo. Una fuerte e impenetrable coraza se colocó encima de mí, de mi corazón.
No podía y lo sabía, tenía prohibido volver a sentir nada por ningún hombre.
—Sígueme. —Le dije firmemente mientras me dirigía hacia la sala del final del pasillo. Mis pasos se debilitaron a cada tramo que avanzábamos. Me sentía observa como un objeto de laboratorio, mi nerviosismo se hizo más evidente. Hice de todo esfuerzo para parecer segura.
Prohibido Bella. Me volví a recordar.



Podía, sabía que podía con esta situación, simplemente no tenía que dejarme llevar, mi actitud debía de ser fría con él para dejar las cosas claras.
“No sentimientos de por medio”. Ese era mi lema desde hace muchos años.
Avanzamos lentamente hasta perdernos en el amplio pasillo.
Desde ese momento mi vida puso en marcha el reloj, la cuenta atrás había empezado y no tenía retorno.



—¿Sabes qué edad tiene? —Le pregunté mientras me dirigía hacia los armarios pequeños del fondo de la consulta.
—No… —Desvió la mirada. —Lo encontramos en la calle hace unos días.
—Bueno, lo averiguaremos en unos minutos. —Sonreí sin ser consiente de ello.
—De acuerdo. —Una perfecta sonrisa de dientes blancos deslumbró mis ojos.
—Ven preciosura. —No pude ocultar la debilidad que sentía por los perros. Me acerqué hacia él y le tendí la mano para que me diera la correa. Tardó unos segundos en reaccionar, pero enseguida extendió su brazo para entregarme la correa del perro que no paraba de dar pequeños saltitos. Por un mal movimiento, nuestras manos se rozaron tan solo unos segundos, los cuales fueron más que suficientes para que pudiera sentir su suave piel y la corriente atravesar mi organismo.



Me agaché para coger al pequeño animal y lo coloqué sobre la mesa de metal.
—¿Cómo se llama? —Ladeé mi cabeza para poder ver su bello rostro.
—Bear.
—Hermoso… —Susurré suavemente mientras pasaba una de mis manos por el suave pelaje. Sacudí mi cabeza para regresar al mundo al que tenía que estar y olvidarme de los fantasmas del pasado. Rápidamente me coloqué los guantes de látex y procedí con la revisión.

Observé su dentadura, palpé su cuerpo en busca de algún bulto extraño y corroboré que sus huesos y articulaciones estarán en perfecto estado.
—Por su dentadura te puedo decir que no tiene más de cinco meses.
—Genial. —Sonrió alegre, lo cual hizo que una sonrisa se instalara en mi rostro.
—De momento todo parece estar en perfecto estado. —Miré sus orejas con detenimiento. —Le hará falta una buena limpieza interna.
—¿Qué? —Rascó su cabeza. Sonreí al ver su expresión de duda.

—Tendrás que echarle un espray para limpiar bien sus orejas, pastillas para desparasitarlo y un champú específico para su pelaje. Te lo daré todo ahora.
—Está bien.
—Ven, ayúdame. —Había perdido un poco de la vergüenza que me envolvía al principio y pude actuar más naturalmente.
—Sujeta sus patas. —Coloqué al perro sobre sus patas traseras para poder observar su pecho.



Palpé su vientre y la parte interior del cuello. Elevé mi mirada para informarle de que todo estaba en perfecto estado y mis ojos chocaron con su mirada esmeralda la cual observaba todo con sumo detenimiento. Desvié mi rostro y sentí el nerviosismo atacarme nuevamente. Sabía de sobra que podía perderme en sus ojos, los cuales parecían un mar sin final.
—Li…Listo… —Tartamudeé vergonzosamente.



Colocó al perro correctamente sobre la mesa metálica y se apartó unos centímetros de mi lado. Hasta que no se movió no pude percatarme de que había estado demasiado pegado a mi cuerpo, trasmitiéndome un calor reconfortante.
—Bueno no sé si lo sabías pero su raza es West Highland White Terrier.
—No lo sabía. —Sonó avergonzado.
—No tiene mucha importancia, simplemente hay que tener mucho cuidado con su pelaje y su piel. Debes cepillarlo a diario y no bañarlo más de una vez al mes. Cuida mucho de sus orejas. —Una sonrisa burlona se expandió por su rostro.



—¿Qué? —Pregunté juguetonamente.
—Haré caso de todo lo que me digas. —Llevó una mano a su frente e hizo el típico saludo militar.
—Si no atente a mi furia. —Reí dejándome llevar por el espíritu infantil. Escuché su melodiosa risa y negué con mi cabeza. No podía tener un acercamiento más allá de lo específico con nadie. Él solo era un cliente más.
Bajé con cuidado al animal de la mesa y le tendí la correa.



—Hemos terminado. —Le informé y esta vez aunque su mano se rozó con la mía no aparecieron las sensaciones debido a los guantes.
—Bien. —Caminó detrás de mí hacia el mostrador.
—Espérame aquí. —Fui hacia el almacén para coger todos los productos que le había informado con anterioridad.
—Esto es para las orejas, tan solo es una muestra, en cuanto se te acabe necesitarás comprar más. —Deposité el espray sobre el mostrador.
Enumeré el resto de productos.



—¿Es tu primera consulta aquí?
—Sí. —Suspiré. No hacía falta ni que me lo confirmara, un hombre así no podía haber venido antes sin que yo lo supiera.
—Te haré una cartilla de registro.
—De acuerdo.
—Necesito tu nombre, apellidos, algún documento de identidad y algunos datos sobre el perro.
—Ok. —Apoyó los antebrazos sobre el mostrador, lo cual provocó que mis dedos se paralizaran segundos sobre las teclas.



—Dime tu nombre y apellidos. —Mi voz sonó demasiado demandante, más de lo que me hubiera gustado.
—Edward… Cullen. — Sonreí para mis adentros y mordí mis labios para que la sonrisa no se hiciera externa. Sabía su nombre y ese dato me gustó más de lo debido.
—Un teléfono de contacto. —Elevé mis ojos para preguntar y me di cuenta de que su mirada estaba fijaba en mis labios. Me sonrojé.



—[…]* —Contestó rápidamente mientras mis dedos se movían sobre el teclado del ordenador.
Seguí con las preguntas y pude obtener más datos suyos de los imaginados. El hecho de poseer esos datos me gustaba más de lo que hubiera deseado. Demasiado pronto acabé de hacerle la cartilla. Le pedí ciertos datos sobre el perro y otros que añadí yo con la conclusión que obtuve de su revisión. Estaba completamente sano y  era muy juguetón, me encariñé con él enseguida. Siempre me pasaba eso con las mascotas que pasaban por aquí, que no eran pocas, pero tenía cierta debilidad por los perros, ya que me había criado rodeada de ellos hasta que tuve diez años y ellos cambiaron totalmente.



Moví la cabeza varias veces para disipar los recuerdos tristes que me estaban embargando, no quería recordarlos porque eso solo me hacía mal. Necesitaba sacarlos de mi cabeza y aunque me costara demasiado lo intentaba cada día, por mi bien y por el de mi cordura. Tenía a mi nana y a mis amigos y con ellos era completamente feliz o por lo menos intentaba serlo.


—Hemos terminado. —Le informé.
—Quiero que le coloques el microchip. —Dijo rápidamente después de haberse quedado unos segundos pensativo.
—De acuerdo. —Sonreí mientras me dirigía hacia el interior para coger todo lo necesario.
—Será un minuto. —Comenté acercándome hacia el perro. Lo subí sobre la mesa de metal que se situaba en un lado izquierdo de la entrada, la cual estaba para alguna utilidad inesperada, y en un rápido movimiento para intentar causarle el menor daño posible le coloqué el microchip que llevaba los datos registrados en su cartilla.



—Listo.
—Vaya, eso ha sido rápido. —Habló.
—Es un proceso rápido e indoloro. —Mi voz sonó profesional.
—Se ve. —Dijo divertido.
—¿Necesitas algo más? —Mi voz sonó demasiado sugerente.
—No de momento.
—De acuerdo. —Me dirigí detrás del mostrador para cobrarle.



—Muchas gracias por todo. —Le dije sonriendo después de que me entregara el dinero.
—A ti. —Me miró dudoso.
—Umm… Espera te daré algunos catálogos por si te interesa algo. —Le tendí unos cuantos folletos.
—Genial. —Su alegría me contagiaba.
—Eso es todo. —Terminé de decir algo triste.
—Gracias… Adiós. —¿Era mi parecer o le costaba más de la cuenta despedirse?
—Adiós. —Mi voz fue casi un susurro.
Sonrió por última vez y se dio la vuelta para salir. Iba a apagar el ordenador pero su voz interrumpió mi tarea.



—¿Está aún en adopción? —Preguntó enigmáticamente.
—¿Ehh?
—Rosi. —Señaló el cartel que había en una de las paredes cerca de la puerta principal. Observé lo que me señalaba y me di cuenta de lo que hablaba.
—Ahh… Emm… Sí… —Ni siquiera había recordado quitar el cartel
. Como nadie llamaba había decidido quedarme con Rosi y ahora no sabía que  hacer ante su pregunta.
—Me interesa. —Se acercó a mí.



No supe que decirle, no supe que hacer. Rosi era prácticamente mía. Había pasado varias semanas en mi casa y la idea de darla en adopción ya había sido descartada por mí por lo que estaba hecha un lío. Había acordado, sobre todo con Alice, que si nadie llamaba me la quedaría. De eso ya hace una semana, por lo tanto había decidido que se quedaría en casa, pero debido a lo olvidadiza que era no quité el cartel en el cual informaba sobre su adopción. ¿Qué le decía?


—Bu… Bueno… Llevaba mucho intentado darla en adopción pero…
—¿Ya no lo está? —Cortó mis palabras.
—No, no es eso. En realidad, como nadie preguntaba por ella, había decidido quedármela yo. —Me autoculpé por decirle eso. Lo que yo quería desde un principio era dar en adopción a Rosi, ¿por qué me negaba ahora?
—Entonces…
—Olvídalo, te daré información sobre ella.
—Pero si tú habías dicho que…
—Es igual, la idea inicial era darla en adopción.



Era cierto que le había cogido mucho cariño y que me encantaba además de que se llevaba muy bien con Mojito, pero lo mejor era buscarle un hogar mejor. Yo pasaba poco tiempo en casa y era mejor que estuviera con alguien que la pudiera atender mejor y si esa persona era Edward pues sería genial.


—La verdad soy un poco estricta en estos temas y me gusta asegurarme de que los animales que salen de aquí estén en buenas manos.
—Lo comprendo.
—Entonces si quieres verla y que quedemos en algún acuerdo puedes pasarte esta tarde por mi casa.
—Sí, la verdad siempre he querido un perro de su raza y ahora tengo sitio para tenerla.
—Eso es genial, entonces te espero esta tarde.
—Sí. —En sus labios se extendió una sonrisa enorme que me encantó.



Le apunté mi dirección en un post-it y al entregárselo mi mano tembló más de lo debido.
—Bien, nos vemos. —Se despidió con su mano derecha y caminó hacia la salida con paso grácil. Me encantó ver sus movimientos, ligueros y graciosos. Su andar era firme y potente.
Me había quedado embobada mirando el lugar, ahora vacío, por el que se había dirigido. Una tonta sonrisa se extendía por mi rostro y las ganas de saltar de alegría al saber que no sería la última vez que lo vería me embargaron tan fuertemente que no pude evitar reír como loca en la soledad de la clínica.



No era lo correcto tener ese tipo de sensaciones. No comprendía por qué las sentía y que pasaba por mi cabeza para dejarme embargar por los tontos sentimientos de la felicidad que me atravesaban en este momento. No quería sentirlo, no por una persona ajena a las que ya conocía. No debería porque no era algo que me tocara vivir. Yo misma me lo prometí hace varios años, no podía volver a enamorarme de nadie.


En realidad sabía que me estaba anticipando demasiado a los acontecimientos. Edward era un hombre realmente atractivo y con un carácter que te trasmitía felicidad, pero todo debería quedar ahí, en que me gustara su claramente hermoso rostro y su contagiosa alegría, no había nada de malo en eso. El problema estaba en que por la clínica pasaban cientos de personas de todo tipo y, aunque menos, también chicos de aproximadamente la edad de Edward y con un aspecto físico atractivo, pero nunca me había sentido así. Con una sensación de felicidad y nerviosismo atravesar mis venas.


Solo lo había visto una vez y estaba segura de que solo me había impresionado al verlo. Él era realmente atractivo y poseía un aura a su alrededor que parecía llamarme, aunque sabía que solo eran ideas mías. Tendría que dejar fluir el tiempo. Lo vería esta tarde y, adoptara o no a Rosi, no lo volvería a ver, por lo que eso serviría para que se disiparan las tontas ideas que me atravesaban.


No necesitaba un boleto hacia el desastre. Ya había cometido demasiados errores a lo largo de mi vida y no podía dejarme influenciar por las hormonas que parecían alteradas dentro de mí. Había aprendido a controlar mis emociones y a dedicarme solo a mi trabajo y a mis amigos. Me había costado demasiado reponerme de todo lo malo que había ocasionado su presencia en mi juventud y aunque sabía que aún me quedaban ciertas secuelas que nunca desaparecerían yo misma me había negado la posibilidad de amar. Simplemente no era algo factible para mí.


Mi vida sería mucho más sencilla si seguía tal y como estaba. No necesitaba nada ni nadie que la alterase, porque ya no sabía si sabría recuperarme de otra caída. Solo necesitaba paz y nadie que interrumpiera en mi camino y aunque me costara admitir que Edward, en tan solo unos largos minutos, se había quedado gravado en mi mente yo me encargaría de borrarlo. No había posibilidad de entablar la más mínima amistad con él.


Hello People! :)
Bueno ya saben que ando editando los capítulos, así que aquí les dejo este.
Espero que lo disfruten :)
Ya se sabrán muchas cosas sobre Bella y por qué tiene ese carácter, pesimista y enigmático, que la envuelve. Han pasado muchos acontecimientos malos en su juventud, los cuales serán dichos en su debido tiempo, que la marcaron para siempre. Ya lo comprenderán todo, solo sean pacientes.
Kisses.
By: Crazy Cullen.

4 comentarios:

  1. Hay por fin aparecio mi Edward, vaya!!!!! que guapo como siempre y que bien habla y que porte, y que....
    (la Irene Hiperventilando) jajajajajajaj
    uuuffff, es que no lo puedo remediar, es oir hablar de el y pierdo el control del todo, ajajajajaj
    un beso mi reina que espero el siguiente capi urgente
    Irene

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  2. WOOH!!! Estoy super segura de que si edward apareciera delante mia tartamudearía tanto como ella xD
    Adoro este capítulo!!! Por fin llegó el dios que yo queriaa!!
    Besos :)

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  3. Una nueva dosis de mi “desconocido entre vías” espero te guste, un beso

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  4. xfin mi edward en accion ,ya tenia ganas q apareciera sobre todo para ver como lo describias q x supuesto lo has hecho genial.gracias

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